DÍA 290-291
“¡¡Levántense todos!!... ¡¡ya es hora de despertar para comenzar la caminata!!”
“¿Ya tan temprano, Mama?”
“Sí, es mejor que escuchemos al abuelo y no lo hagamos enojar, vamos, así podremos tomarnos más fotos con la familia”
“¡¡¡Síiiii!!!”
Entre los gritos de mi abuelo, los gritos de emoción de mi hermana y madre, y los gritos de molestia de nuestros demás parientes… eran suficiente prueba para mi padre y a mí, de que el día ya comenzaba mal. En estos días, era cuando más sentía en que me parecía a mi padre.
Preparándonos, nos cambiamos de ropa a algo que nos protegiera el frío y bajamos al primer piso con una mochila para llenarla de provisiones para la salida.
Eran las 6 AM, si mis cálculos no salían mal…. A más tardar a las 10, estaríamos de regreso.
Todos esperamos un momento en la entrada a la casa, las miradas de odio entre la familia se hacía notar y más aun se concentraron, al ver a mi abuelo salir con su “nueva hija” (esta vez vistiendo ropas más normales: pantalón de mezclilla oscuro y encima una chamarra algo grande de color café).
“¿Están todos, verdad?, en tal caso que alguien falte, será castigado como es debido jojo”, se burlaba mi abuelo mientras nosotros recordábamos el temible castigo, “Para variar un poco nuestro recorrido, esta vez comenzaremos por el final y terminaremos, valga la redundancia, donde antes era el comienzo”
Era algo fácil de entender, más algunos si llegaban a confundirse. Hasta que mi abuelo dio inicio a donde comenzaríamos la excursión a las montañas, fue que algunos de mis tíos supieron por dónde empezar.
Se podría decir que éramos cuatro familias.
La familia Nobunaga de mi tío Zurit con su esposa Asakura Hashiyama (la tía discriminante), con sus dos hijos varones de 11 y 8 años y un mayordomo que cargaba con las mochilas de sus provisiones.
La familia Fumihiko de mi tío Ahito con su esposa Chihiro Hashiyama (la segunda tía mejor conocida como “la cuñada del mal”) con su hija de 9 años e hijo de 17 años, quién cargaba la mochila.
Las últimas dos, eran la nuestra y la conformada por mi abuelo y aquella chica que se veía muy seria.
Ahora que me ponía a pensar estando junto a toda la familia de mi madre… faltaba una familia… la de mi tío, hermano de mi madre, Kazuma Hashiyama… nuestro único bondadoso tío casado… ellos solían venir por lo general, cada 2 años… aunque la verdad parece una eternidad que me hace ver sus rostros borrosos.
Sin darme cuenta, al dejar de pensar en ello, ya nos encontrábamos en un buen trayecto del camino… me sorprendió ver como ya estábamos dentro del todavía oscuro bosque.
Los grupos de familia se juntaron; la familia Nobunaga y Fumihiko se juntaron ya que tenían una muy buena convivencia, mientras que la nuestra se unía la de nuestro abuelo.
Mis padres se ponían platicar con mi abuelo, que aunque no lo quisiera admitir, ya se veía cansado, su edad ya era un peso muy grande.
Ryou en cambio, se acercó a la tímida chica que a cada pregunta que le hacía mi hermana, volteaba a otras partes y dudaba en contestarle. Pero mi hermana no se rindió, más bien lo vio como un reto entablar una amistad con ella… cosa que la otra chica parecía no querer mucho.
“¡¡Holas!!... has cambiado mucho en este año… primero no me saludas el primer día, ¿ y ahora gustas de acosar a las chicas?”
A mi lado, un joven muchacho sonriente se acerco a mi nivel para poder mantener mejor la plática. Le devolví la mirada y le di mi mano, como acto seguido, el tomo la mía y la estrujamos con fuerza.
“No te había visto el primer día, perdona… tenía la mente en otra parte”
“No te preocupes, Taiyou… ya veo que le has puesto un ojo a ella jeje”, se burlaba ese joven, señalándome a la chica a lado de Ryou.
“Oye… ¿tú sabes algo de ella?”, le pregunte con interés a mi primo.
Su nombre es Yudai Fumihiko, el único primo que vale la pena saludar. Algunas veces es mal portado y muy burlón, pero en ocasiones, era un buen acompañante y buen informante.
“Mmm… se me hace raro que no la recuerdas, después de todo es nuestra prima…”
“La recuerdo como prima, pero ¿Cómo se convirtió en la hija de mi abuelo?”
“Mi abuelo la adopto… ya que ella perdió a sus padres”, explicaba Yudai en tono serio, “Esa chica es la única sobreviviente de la catástrofe… Su nombre no lo recuerdo, pero claro, es hija de nuestro tío difunto Kazuma Hashiyama”
Las respuestas comenzaban a procesarse en mi mente, el comportamiento de aquella chica el día anterior ya me era más visible. Más, me daba pesar… que parte de mi familia hubiera fallecido…y ni uno de mis padres o siquiera de mi familia, antes lo había mencionado.
“Fue un extraño incendio… no saben cómo se origino, ni como termino… solo se supo que arraso con toda la casa, y entre los escombros, la encontraron a ella refugiada debajo de una mesa que resistió muy buen la caída del techo… algo curioso, ¿no crees? Jajaja”
Mierda… ¡¡¿Por qué ninguno me lo dijo?!!... no entiendo, no entiendo…
Quería explotar en ese momento, pero me resistí a las consecuencias que esto pudiera traer, no por mí, sino por mi familia y aquella chica.
“¿Cuándo sucedió?”, pregunte calmado.
“Mmm… creo que hace una semana… no estoy seguro, pero fue dentro de este mes…”, me respondía algo dudoso.
Le agradecí por la información y me concentré en seguir avanzando. Es lo que podía hacer por ahora, me sentía mal por ella… pero la pérdida de sus padres, no era por mi culpa… pero, pero… no era cierto…
Aquella vez, le recuerdo muy bien… a pesar de ser malcriada y mal hablada, se le veía normal, sin pérdidas… nunca fue la hija adoptiva de mi abuelo… no lo fue…
¿O será que….?
Pasaron una hora y media muy largas en el camino, llegamos hasta el principio de la montaña pero nos detuvimos en algunas de las rocas por un rato a descansar y a alimentarnos para recobrar las energías perdidas.
“Disculpen, ¿me puedo sentar a almorzar con ustedes?”
“Claro, hermano… nos viene bien compañía, ¿verdad?”
Mi hermana le sonreía mucho a pesar de que esa chica no se interesara mucho en almorzar juntos. Le vi a los ojos y aun pasando varias horas, podía notarle como tenía un poco rojos los ojos… tal vez por llorar mucho desde aquella vez. Le sonreí, cosa que la incomodo más, ignorando mi mirada me señalo en donde me podía sentar y me dijo:
“No hay problema…”
Nos sentamos a almorzar, mi hermana y yo comíamos algo simple que había preparado mi madre con anterioridad, unos sencillos sándwiches con un termo con café con leche tibio que nos servimos en tres vasos pequeños desechables.
Le di el tercero a la chica, dudando, lo tomó rápido e intento sonreír como agradecimiento, pero se notaba que no tenía ganas de hacerlo.
“¿Qué vas a comer tú?”, le pregunte a ella.
Sin contestarme, abrió una caja de almuerzo que tenía en sus piernas. Eran fideos, con algunos panecillos a lado rellenos de algún guisado que no pude identificar.
Ella por un momento volteo hacia atrás para observar a nuestros padres y al abuelo almorzando juntos. Soltó una pequeña sonrisa sincera esta vez y feliz se puso a almorzar, no sin antes molestarse al ver que le veía fijamente.
“Demonios… ¿Por qué me ves mucho?”, pregunto esa joven sin verme a la cara.
“Perdona… pero es que no se tu nombre, si mal no recuerdo, me ignoraste esa vez”, le dije de forma tranquila.
“¿Taiyou, verdad?...”, pregunto, volteando a verme un poco, “Ha-Hashiyama Ru-ruka… puedes decirme así…”
“Ok”, le dije sonriendo, “Es un gusto en conocerte Ruruka”
“Jajajajajajajajaja”
Mi hermana soltó una risotada, casi que caía al suelo mientras que mi prima infló las mejillas y comenzó a ponerse colorada.
“¡¡No soy Ruruka!!”, me grito enojada.
“Perdona, perdona… ¿¿Shiruka??”
“¡¡No, tampoco!!”
Nuestros gritos llamaron la atención de nuestros compañeros, tanto que el abuelo tomo eso como un aviso de que ya teníamos energías para continuar. Y gracias a ello, el porcentaje de odio de nuestros parientes… aumentó más.
Subimos la montaña como siguiente desafío, el desafío que más me pesaba del recorrido. La caminata la podía resistir sin problemas, pero el subirla me costaba y más aun, del miedo que tenía de que Ryou se tropezase o se agarrara mal.
Continuamente volteaba a echarle un ojo a mi hermana, más veía que estaba en buenas manos, ya que esa chica no platicaba con interés con Ryou, pero vaya que sí le ayudaba a remontar algunas rocas.
En una de esas, esa chica se resbaló, pero por fortuna mi hermana y Ryou la alcanzamos a agarrar antes de que cayera.
Sí, la subida era un tormento… pero lo que seguía después de estar a la mitad de la silenciosa y helada montaña, era la bajada. De niño esa era mi salvación, ya que me decían que dando la bajada todo sería más tranquilo.
“Estas rocas están resbaladizas…”
“¿Primera vez aquí?”, pregunte.
“Sí… ¿no decían que la bajada era más fácil?”, se quejaba esa chica mientras bajaba con cuidado por el sendero de la montaña.
“Eso me decían igual… pero no, la bajada es mucho peor que la subida”, le explicaba a esa chica que miraba con miedo abajo, y la posible larga caída que recibiría si se resbala o pisaba mal.
Comprendía muy bien ese miedo… un pequeño error y todo se te podía ir sin retorno… su caso más bien, parecía metáfora de mi vida…
¿Ya estaré paranoico que cada cosa que pienso profundamente lo relaciono al contrato de esa mujer?
“Vamos, dame tu mano, así nos aseguraremos de no caernos”, le dije a ella estirándole mi mano.
Otra vez, se notaba la desconfianza que me tenía en sus ojos. Ya sin esperar a pedirle permiso, me acerque a ella para tomarle de la mano y seguir avanzando.
Forcejeo molesta, pero no me importo, no pensaba tardarme más en bajar por ella que tenía miedo a caerse. Pasó un poco de tiempo y ella se fue acostumbrando a tenerme de la mano, cuando dejo de hacerlo… me hizo dar cuenta, de que su mano estaba muy helada, más que el viento fríos que nos llegaba a esas alturas.
“Ok, aquí nos detenemos… ya que…”, dije, sentándome con cuidado en una roca pero sin soltarla. “¡¡Abuelo, en unos momentos los alcanzamos!!”
“Espera… ¿Qué vas a hacer conmigo? ¿no tenías mucha prisa en llegar?”, me preguntaba esa chica confundida.
Pidiéndole que se sentara a mi lado, ella se rehusó en hacerlo… tras unos momentos, lo suficiente como para ver alejarse mucho a nuestras familias, se cansó y se sentó a mi lado.
“Oye… pedí este tiempo fuera para que te tranquilices…”
“¿Cómo que tranquilizarme? ¡¡Yo estaba tranquila!!”, me reñía la chica sin contenerse.
“Vamos… hace unos minutos estabas temblando… la misma mano que estoy sosteniendo ahorita está congelada y temblorosa…”, le explicaba a ella.
“Pues es porque la tengo fuera… quiero aco-costumbrarme con el frío…”
Le mire a los ojos desafiándola, no pudo vencer mi mirada que no le quedo de otra más que mostrar lo que de verdad sentía. Se abrazó ella misma suavemente en busca de calor mientras su cuerpo temblaba, mientras me observaba seria a los ojos.
“¿Feliz?... ahora tengo más frío…”
“Muy bien, te diré algo que te pueda servir para un futuro”, le dije a esa chica mientras le sonreía para cambiar el ambiente. “Es bueno querer resistir las cosas por ti sola… no hay nada de malo en lo que hacías… pero… si cuenta con alguien de confianza, con quién sabes que te ayudara a pasar esa adversidad… será mucho más fácil si abres tu mente y corazón…”
Descuidada, tome su manos con las mías y acerque mi frente hasta que tocará la suya. Cerré los ojos para no incomodarla, sentía como su temperatura corporal empezaba a tornarse más cálida hasta empatar con la mía.
Me sorprendió que no echara algún berrinche o golpe por tomarla tan desprevenida… me alegro escuchar que esos gritos solo fueron suspiros y sentir solo su aliento chocar en mis rostro.
“Muy bien, nos alcanzaron rápido, Taiyou”
A ¾ del camino, logramos dar con ellos en menos tiempo del que pensé que nos tomaría, por fortuna, ellos estaban normales… ninguna cosa mala les había sucedido; mi abuelo y padres se alegraron que mi prima y yo llegásemos con ellos sanos y a salvos.
“Y eso que fuimos a paso normal, ¿verdad?”, le dije sonriendo a mi prima, ya cada quién en control de sus manos.
“Eh… sí, caminamos tranquilos je”, respondió ella sonriendo.
“Me alegra ver que ya tengas un buen amigo Ruka”, comentó el abuelo muy feliz observándola a ella.
Mi prima, Ruka, volteo a verme unos segundos, y no te como se avergonzaba un poco de las palabras de nuestro abuelo, pero tomándome del hombro, me sonrió tranquila y dijo.
“Creo que lo he conseguido, pero no es muy confiable que digamos”
Esto último lo dijo sacándome la lengua y dándome un golpecito en el estómago, para después correr a la vez que se carcajeaba.
“¿Por qué no vas a corretearla?... verla así de animada, es algo nuevo para esta semana que solo se la ha pasado callada en la casa”, me pidió mi abuelo con un peculiar brillo de felicidad en sus ojos.
“Hmph... esa chica… aun sigue siendo una cría…”, solté antes de correr tras ella.
No tarde en alcanzarla, corrió unos 100 metros y después se sentó en el pasto del bosque al que ya habíamos entrado para agarrar aire.
“Jajajajaja no duras nada…”, me burle de ella en juego, “Vamos Haruka, a ver quién llega primero a la ca…”
“¿Cómo me dijiste?”
“Haruka…”
“Ese no es mi nombre…”, rechistó ella.
“Ya sé,” repuse, “Te queda más Haruka… es más fácil de recordar y aparte será una forma cariñosa de llamarte jeje…”
El rostro de Haruka se volvió roja con mi comentario, más la típica respuesta de ella, que era ignorarme, no llego… sino esta vez, me miró furiosa con sus ojos esmeraldas en lo que se paraba del lugar. No me dio tiempo de analizar la situación, solo me correteo y claro que yo corrí por instinto.
“¿Desde qué hora, cambiaron nuestro roles? Jajaja”, me decía a mí mismo, burlón.
Bueno, solo por ella está bien que me comporte así… después de todo es inevitable que sienta culpa.
Al menos… esa personalidad suya me gusta más…
Todos al llegar nos fuimos directos a los cuartos a descansar por un buen rato. Fueron hasta las dos de la tarde donde nos levantamos para hacer los preparativos para la comida.
Las madres se encargarían de hacer la comida, los padres traerían lo que se necesitaba y los hijos limpiaríamos el enorme cuarto del comedor.
A pesar de ser muchos “niños”, Yudai y yo fuimos quienes hicimos la mayor parte del trabajo, excusándose los demás primos por “ensuciarse” o “gente como ellos no harían trabajos así”.
Una persona no hizo ni siquiera el mínimo esfuerzo de ayudar, esa persona se encontraba afuera de la casa jugando muy tranquila una consola portátil de videojuegos. No le moleste en que ayudara, ya que cerca de los primos, sería una pelea más por hacerlos callar.
Salí un rato afuera de la casa para ver si Haruka seguía jugando y preguntarle el porqué se había molestado, más ya no estaba ahí, solo una funda negra… al abrirlo, ahí se encontraba la consola PSP, más la guarde para entregárselo después y así que solo me senté a observar el cielo gris que me rodeaba. Poco después, mi madre dio el aviso de que la comida estaba lista.
Regrese a la casa sin más, al asomar mi cabeza por la puerta del comedor, toda la familia me observo con discriminación como si supieran que ya iba a entrar. Entré con pasos rápidos y me acerque casi hasta el fondo de la mesa donde estaba mi madre platicando con mi abuelo.
Me senté a un lado de ellos, pero la mirada de una chica me llamó mucho la atención. Enfrente de mí estaba ahí esa chica mirándome todavía furiosa, en respuesta a eso, la miré de la misma forma.
“Hijo, ya tan pronto y molestas a tu nueva prima”, me dijo mi madre, haciendo reír mucho a mi abuelo.
“Oye, cierto… toma, se te cayó esto antes…”, le dije a ella mientras le acercaba la funda negra.
Expresando sorpresa y después enojo, me lo arrebató de las manos y lo escondió rápido en su bolsillo.
“Mira, mira… esa chica rara todavía juega con videojuegos jajaja”, gritaba un chiquillo que estaba al lado de ella.
Chismeando y gritándole a todos, poco a poco todas las miradas que mi familia reunía, se las fue ganando ella. Algunos comenzaban a hablar a sus espaldas, otros se burlaban de ella, y los niños llegaban y le lanzaban cosas.
Mi abuelo enojado intentó detenerlos, más su gastada voz no era lo suficiente como para que llegaran a sus oídos. Mientras yo, veía esa escena y llegaban imágenes a mi cabeza…
Me senté a un lado de ellos, pero la mirada de una chica me llamó mucho la atención. Enfrente de mí estaba ahí esa chica mirándome todavía furiosa, en respuesta a eso, la miré de la misma forma.
“Hijo, ya tan pronto y molestas a tu nueva prima”, me dijo mi madre, haciendo reír mucho a mi abuelo.
“Oye, cierto… toma, se te cayó esto antes…”, le dije a ella mientras le acercaba la funda negra.
Expresando sorpresa y después enojo, me lo arrebató de las manos y lo escondió rápido en su bolsillo.
“Mira, mira… esa chica rara todavía juega con videojuegos jajaja”, gritaba un chiquillo que estaba al lado de ella.
Chismeando y gritándole a todos, poco a poco todas las miradas que mi familia reunía, se las fue ganando ella. Algunos comenzaban a hablar a sus espaldas, otros se burlaban de ella, y los niños llegaban y le lanzaban cosas.
Mi abuelo enojado intentó detenerlos, más su gastada voz no era lo suficiente como para que llegaran a sus oídos. Mientras yo, veía esa escena y llegaban imágenes a mi cabeza…
“Jajaja… mira a esa chica, tiene el pelo muy extraño jajajaj”
“Sí… parece como si se le hubiera pegado dulce a ella…”
“No… no es cierto…”
“Como que no, no digas mentiras chica mal educada…”
“Tú que me ves… “
“Te crees muy grande solo por ser mayor… pero mira, te mojas el pantalón jajaja”
“Déjalo ya… sino va a llamar a su mamá como la otra vez jajaja”
“Cierto jajajaja”
“¡¡Oigan... a mí también me gustan jugar a eso, ¿Qué acaso no se van a burlar de mí?!!”
De pronto, todas las miradas se centraron en mí de nuevo, haciendo caso de lo que hice y sin tener otra cosa que hacer, ellos empezaron a burlarse tal y como lo había previsto.
Apartando esas risas y burlas, salí del comedor y mejor salí de la casa a respirar un poquito. Eso sería más que suficiente para que empezaran a hablar mal de mí y no de ella.
“Así que tú estás igual que yo…”
Detrás de mí, esa chica abrió la puerta y se sentó a un lado de donde yo estaba. No quitaba la expresión de seriedad que tenía en el comedor, pero podía escuchar como su voz denotaba enojo.
“¿No vas a entrar a comer?”, me pregunto dejando a un lado su enojo.
“No, no puedo comer con todas esas hienas… mejor después como cuando ya no esté alguien…”, le dije con una sonrisa.
“¿Por qué me ayudaste?”
“Porque eres mi familiar…”
“Eso no es cierto… ¿cuál es la verdadera razón?”, me preguntó ella un poco temerosa al acercar su rostro al mío.
“OK… en realidad es por un razón que no te contaré…”
Alejando su rostro del mío rápidamente, agacho su cabeza y comenzó a jugar con sus dedos. La miré con curiosidad, y ella al darse cuenta de que lo hacía, se alejo un metro de distancia.
“¿No vas a entrar a comer?”, me pregunto dejando a un lado su enojo.
“No, no puedo comer con todas esas hienas… mejor después como cuando ya no esté alguien…”, le dije con una sonrisa.
“¿Por qué me ayudaste?”
“Porque eres mi familiar…”
“Eso no es cierto… ¿cuál es la verdadera razón?”, me preguntó ella un poco temerosa al acercar su rostro al mío.
“OK… en realidad es por un razón que no te contaré…”
Alejando su rostro del mío rápidamente, agacho su cabeza y comenzó a jugar con sus dedos. La miré con curiosidad, y ella al darse cuenta de que lo hacía, se alejo un metro de distancia.
“OK… Taiyou… toma esto…”, sacando algo de su bolsillo, acercó su mano a la mía y soltó lo que tenía, después con una sonrisa, me miró fijamente, “Te lo doy…”
“Tu… Tú PSP… ¿me la vas a dar?”, le dije al sacar la consola de su funda.
“No te preocupes… ya me aburrí de jugarlo… dijiste que sabías jugarlo, pero creo que ni siquiera sabes cómo manejarlo… por eso te lo doy y así no les mentiras a tus primos”
“¿Cómo sabes que no lo sé manejar?”, le pregunte retándola.
Ella sonriéndome cálidamente señalo la consola y dijo: “Porque esta al revés…”
Soltamos una carcajada después, no mostraba nerviosismo, falsedad o puro compromiso… sino solo diversión. Acabando de reír, recibí un tutorial de cómo jugarlo bien, y nos quedamos a fuera intentando pasar todos los niveles que pudiéramos.
Terminamos hasta jugar en su cuarto esa misma noche, claro… con el permiso de mis padres y de mi abuelo. Jugamos hasta cansarnos en la cama... yo termine perdiendo la consciencia primero que ella.
Desperté en la madrugada, confundido de donde estaba por un momento… pero luego viendo el rostro de la persona que dormía a mi lado, no evite sonreír tal como ella.
Me gustaba verle, aunque fuera con una pequeña sonrisa… no quería que esa bonita sonrisa se llegara a desperdiciar… y mucho menos por la culpa de los demás.
Pensando mejor las cosas, me levante de la cama y salí del cuarto para averiguar si podía arreglar algunos asuntos con una persona que estaba en la casa…
“¿Qué es lo que dices?... Es una broma, ¿verdad, abuelo?”
“Jajaja, sé que es algo repentino… pero creo que es la mejor opción para ti…”
“Pe-pero…”
“¿Qué pasa, Haruka? ¿No te gusto mi proposición?”
Temprano al próximo día, recibiendo una tacleada sorpresa por parte de ella, quedamos los dos en el suelo girando como locos en el suelo… ella tratando de lastimarme, y yo tratando de que no me diera.
“¿Por qué lo hiciste?... ¿Por qué quieres que vaya a vivir contigo?...”, me preguntaba muy sorprendida.
“Porque quiero que estés a mi lado… no me perdonaría si algo malo te pasase…”
“¡¡Menso… hace falta más que eso para llevarme!!”
“Jajaja, sé que es algo repentino… pero creo que es la mejor opción para ti…”
“Pe-pero…”
“¿Qué pasa, Haruka? ¿No te gusto mi proposición?”
Temprano al próximo día, recibiendo una tacleada sorpresa por parte de ella, quedamos los dos en el suelo girando como locos en el suelo… ella tratando de lastimarme, y yo tratando de que no me diera.
“¿Por qué lo hiciste?... ¿Por qué quieres que vaya a vivir contigo?...”, me preguntaba muy sorprendida.
“Porque quiero que estés a mi lado… no me perdonaría si algo malo te pasase…”
“¡¡Menso… hace falta más que eso para llevarme!!”
“¿Entonces con eso admites que te gustaría que te lleve?”, le pregunte con la ceja arqueada mientras le miraba a los ojos.
“¡¡¡Menso!!!”
Acabando ya las 24 horas en esa casa, formalmente nos despedimos de toda la familia, mi padre era quién más mostraba un sonrisa al despedirse de nuestros parientes.
Haruka, quién acepto quedarse con nosotros, por un tiempo, se despidió de mi abuelo con un gran abrazo y subió al auto con nosotros ignorando al resto de la familia.
Acabando ya las 24 horas en esa casa, formalmente nos despedimos de toda la familia, mi padre era quién más mostraba un sonrisa al despedirse de nuestros parientes.
Haruka, quién acepto quedarse con nosotros, por un tiempo, se despidió de mi abuelo con un gran abrazo y subió al auto con nosotros ignorando al resto de la familia.
“Bienvenida a la familia Kagami, Haruka”
“Menso… ¡¡devuélveme entonces mi PSP!!... he cambiado de parecer…”
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