sábado, 9 de julio de 2011

"¿Me puedes dar otra oportunidad?" RE Capítulo 14/??


DÍA 413-414



“Taiyou… ¿estás listo para el examen?”, me preguntaba una dulce voz detrás de mi butaca.

“Claro… es pan comido, no sé quién puede batallar con las matemáticas…”

“Muchas personas… muchas personas…”, decía esa chica con un tono sarcástico.

De más atrás de nosotros, un chico alto de pelo oscuro y de ojos cafés apareció con una gran sonrisa, mientras nos tomaba de los hombros.

“Oigan chicos les deseo suerte… Taiyou, voy a sacar más calificación que tú, ¿entendido?”, me decía ese chico con una mirada retadora.

"Je, eso lo quiero ver…”, le dije devolviéndole esa mirada.

“Ay chicos… ustedes no van a cambiar…”

Muchas cosas han cambiado en este ya avanzado segundo año de secundaria. Mi estancia aquí ha sido provechosa al estar con mis dos mejores amigos, la confiable Sumiya y el nuevo chico de nuestro grupo.


“Mi nombre es Shidou Hideyoshi, será un gusto poder pertenecer a este grupo”

Aun recuerdo su seca presentación aquél primer día, se veía muy confiado en que encajaría en el nuevo grupo que se había formado.

Es algo interesante de nuestra secundaria, cada año, se hacía una elección al azar entre los estudiantes para formar nuevos grupos… esto con el objetivo de irnos acostumbrando a personas diferentes y experimentar los diferentes ambientes que se formaban con cada grupo.

Junto a ese chico nuevo y Sumiya, quedamos en el salón B… otras personas eran conocidas y otras que nunca antes habíamos visto en nuestro primer año, más, en demostración de las primeras clases, seguí siendo el número uno para los maestros. Cosa que al parecer cayó mal a aquel chico que me dedicaba miradas serias cada vez que le veía.

Mala suerte o coincidencias… durante varios días, nuestras miradas serias chocaban… Sumiya se metía como intermediaria para distraerme de ello, pero aun con sus esfuerzos, tendíamos a mirarnos más, ese chico era un cambio más en el pasado, no podía evitarlo así como así… hasta que llego ese día…

“Oye, Taiyou Kagami… ¿te crees muy bueno, verdad? Siempre sintiéndote grande…”

“Sé muchas cosas y me puedo adaptar a varias cosas… más si ustedes me ven como alguien que es superior, es por su propio criterio jeje…”, le dije sonriendo a ese chico que no me soporto y amenazó con darme un puñetazo en la cara.

Era educación física, dos clases seguidas en específico… teníamos un acuerdo en que la primera hora nos encargaríamos de seguir los ejercicios impuestos por el maestro y en segunda clase, la hora libre para jugar a un deporte como quisiéramos. El fútbol no se haría esperar por nuestros compañeros.

Participe esa única vez solo para que el maestro, que nos vigilaba que jugáramos en la cancha por 15 minutos, me pusiera “participación en la clase”. Dentro de esos minutos, me toco defender mi arco… pero hubo una ocasión especial, donde le quite el balón a un chico de pelo oscuro y por si fuera más, le clave un túnel inesperado. Esto hizo que los demás le comenzaran a abuchear y burlarse de que un novato le haya ridiculizado de esa forma.

Cuando el profesor se retiró, aquella persona que había burlado empezó a atacar con más fuerza, específicamente a mí, que no me permitía dejar el juego interponiéndose en mi camino.

“Deja de joder, es tú culpa por descuidarte con un novato”

Cubriéndome, pude reconocer el rostro serio y la altura de aquella persona que se coloco a un lado mío.

“No lo defiendas…”

“Perdooona, pero es la verdad… que lo veas como una persona grande en toda la extensión de la palabra, es muy tu bronca… para mí, él es solo bueno en algunas cosas, y aun así, se puede superar con esfuerzo… ¿verdad, Taiyou?”

La expresión seria con la que me miraba siempre, cambió a una contraria en aquel momento. Sentí calidez, verdad… pero más que nada, confianza en la gran sonrisa que cargaba.
Fue lo suficiente… como para ver qué tipo de persona era realmente.


Ese joven que comenzó como rival mío este año, poco a poco fue convirtiéndose en uno más del grupo conmigo y Sumiya. Se acostumbro mucho a ser uno más de los desterrados del grupo… más el que se juntara con nosotros, no quitaba el espíritu de competencia que tenía conmigo… así que respetando su decisión, decidí seguir rivalizándolo.

No he vuelto a decaer desde esa última vez, mi vida ha ido con un transcurso normal y sin problemas. Ahora mismo vivo mi vida tal y como desee que hubiera sido y sin mirar al terrible pasado que me seguía.

Algunas veces que me pongo a pensar, ¿este cuerpo no habrá sido reemplazada por un alma ajena?, pero los sentimientos que me hacen sentir mi familia, Sumiya y Shidou me despiertan de ese pensamiento.
Mi personalidad orgullosa tal vez no ha sido borrada totalmente, pero he logrado grandes cambios que estoy seguro que a una persona en especial le gustarían.

“Oye, oye… ¿quieres ir por la paleta especial?”

“¿Paleta especial?”

“Sí, es una paleta conocida como ``Dream Icelet´´, es súper deliciosa…” 

En la salida después de clases, como ya era costumbre, acompañábamos Sumiya y yo a Shidou a su casa. Concordamos que nos acompañaríamos cada día a la casa de alguien que le tocaba por turno, esta vez, era el turno de acompañarlo a él.

Ese día era muy diferente al del año pasado, hacía un calor tremendo por las calles y fue así como llego la conversación de la famosa Dream Icelet.

“¿Tu quieres una, Taiyou?”, dijo Sumiya con felicidad, cosa que hizo despertarme del profundo pensamiento que tenía.

“Claro, nunca caen mal las Dream Icelet”, le conteste con una sonrisa.

Shidou, quién llevaba tiempo mirándonos juntos, comenzaba a hacer ese típico ruido que identifica a una persona entrometida en la relación de alguien, ese ruido que señalaba el gusto de alguien por otro.

“Mírense ustedes dos… quién lo imaginaría…”

Sumiya se le acerco y le dio un gran zape a la vez que le sacaba la lengua, y Shidou intentaba excusarse; en lo que ellos hacían eso, yo me divertía viéndolos pelear y solté una carcajeada.

Después de comprar y comer tranquilamente la paleta, llegamos a la lujosa casa de Shidou, quién se despidió de nosotros y corría con velocidad para entrar a su casa.
Caminando un poco, llegué al departamento de Sumiya y esta se despidió de forma normal con una sonrisa en su rostro, y camino sin prisa a la puerta de su hogar.

Ese era el típico recorrido de todos los días, acompañar a la casa de cada uno, algunas veces habían pequeños cambios o imprevistos, pero eso no dejaba que llegásemos a nuestro destino.

“uuff… otro día más…”

Un poco cansado por lo pasado en el día, llegué al parque de la esquina a sentarme debajo de un árbol a descansar del mundo un muy buen rato. Todos lo días después de hacer el recorrido, me detenía a este parque a descansar, ya que como la mayoría del tiempo estaba solo, ese ambiente me distraía del mundo que me rodeaba.

Permanecía allí cerca de una hora, después de eso, una llamada por mi celular de una persona, marcaba que la cena ya estaba lista y que debía estar pronto en la casa.

“Hermano, ¡¡Bienvenido!!”

“Hola Ryou”

Al llegar a mi casa, mi hermana me esperaba con ansias, pero esto no era por lo feliz que era el verme… sino porque quería que le ayudase a acomodar la mesa para comer.

Estos últimos días, Ryou quería que nos esforzáramos mucho en mantener nuestra casa limpia y recogida, todo esto por la estancia de una persona en especial.

Después de acabar de acomodar lo requerido para la mesa y la comida en hacerse, me sentaba para reposar un rato en la silla.

“Hijo, ya esta lista la cena, ve a tu cuarto y dile a Haruka que baje, porque si no, la pereza que carga evitará que baje hasta que se de otra siesta.”, me dijo mi madre con la felicidad de tener a una huésped nueva en la familia.

“OK, yo me encargo”

Ciertamente, todos los días me tocaba hacer lo mismo, ya que esa persona era en su totalidad floja y le gustaba hacer enfadar a la gente… no, corrección… le gusta hacerme enfadar. Yo ya estaba harto de que Haruka no ayudara en la casa, ya que quién no hace algo de provecho para esta, no tiene el derecho de vivir aquí… pero aun así, a mi familia le cae muy bien su presencia, y más aún a mi hermana.

Subí las escaleras con paso normal y toque la puerta que estaba cerca para verificar que ella tomara atención a lo que tenía que decir.

“Ya es hora de comer, lávate las manos y a la mesa rápido”

“Nadie me dice que hacer, menos una persona como tú, ¡¡vete de mi cuarto!!”, me contestó una voz femenina con tono de irritación.

“¿Tu cuarto?... ¡¡estás viviendo en mi cuarto, y para acabarla, ni siquiera estoy dentro!!... sal de una vez o me obligarás a entrar…”

“Atrévete, si puedes…”

El enojo de recibir esa respuesta día tras día tras día… y que inocentemente caía, con mi mente convenciéndome de que cambiaría… me arremangue las mangas de mi uniforme, y empujé la puerta con fuerza para abrirla; esto lo hacía por una experiencia pasada que tuve con ella que recordé antes de actuar por instinto. Al abrirse fuertemente la puerta, observé a una figura femenina recostada en la que iba ser MI cama.

“Oh… creo que esta vez no caíste…”, se lamentaba Haruka sin dejar de presionar botones en el PSP.

“Je… ¿pensabas que iba a caer de nuevo en la trampa de la perilla caliente?... solo sales para eso del cuarto, sino es para ir al baño… es para buscar cosas para defenderte de mí”

“je… tendré que cambiar de estrategia…”

“Esta vez, la oveja no fue más astuta que el lobo…”


Pensé que con eso se daría cuenta de que no tenía sentido ir poniéndome trampas… más sabía que estaba lejos de terminar, cuando escuchaba en la noche como alguien salía de un cuarto, bajaba las escaleras y después de otro rato, volvía a subir… ¿Qué tenía planeado?



 "¿Eso va a ser tu almuerzo?”

“Por lo visto… sí…”

¿Han sentido alguna vez un hambre tremenda al comienzo de las clases?, esa hambre que parece no calmarse por nada del mundo y que tú solo esperas al aguantar hasta el recreo… pues ahora es el recreo, ya estoy sentado junto a Sumiya y Shidou con el almuerzo que mi madre hizo.

Según palabras de ella, serían unas deliciosas hamburguesas de pollo frito con papas a lado, un almuerzo perfecto para mi situación.

Mi sorpresa fue grande al ver que al primer mordisco a una de mis amadas hamburguesas… no me supiera para nada a pollo, más específico, solo podía saborear las verduras y condimentos que el pan tenía. Levante la tapa superior y observe que efectivamente, no había un pollo entre los panes… al verificar el otro, me di cuenta que tampoco tenía.

No me alarme tanto porque a lado había una pequeña bolsa donde deberían de estar las papas fritas… sí… donde deberían de estar…

“¿Acaso se te olvido ponerle el pollo y las papas a tu almuerzo?”, me preguntaba Shidou con burla.

“No… en realidad olvide que alguien más habitaba mi casa…”, respondí con unos pocos segundos de espera.

“Vamos, no te decepciones…”, me decía con una gran sonrisa Sumiya mientras mordía apasionadamente uno de sus emparedados.

“Oye, Sumiya… ¿me puedes dar uno de tus emparedados?... estoy muriendo de hambre…”, le pedí con una pequeña sonrisa y con el rugir de mi estomago de vuelta.

Sumiya me miró directo a los ojos, después blandió una sonrisa y me enseño el contenido de sus emparedados.

“Perdona… eres alérgico a la mantequilla, ¿no?”

Una vez en el pasado, con Sumiya, paso algo igual que esto, esa vez mi hambre también era inmensa y preferí probar algo a lo que era alérgico que morir de hambre… muy apenas viví para contarlo…

Dándole las gracias a Sumiya por señas, cambié mi objetivo a la otra persona que nos acompañaba. El con una cara mirando al infinito, comía inconscientemente una gran torta de birria.

Me le acerque un poco para pedirle un pedazo, pero el rápidamente me botó diciendo; “Perdona… necesito energías para algo…”

“Es cierto… hoy te le vas a confesar a la chica que te gusta, ¿no?”, decía Sumiya riéndose de lo que iba a hacer Shidou.

Poco después comenzaron a tener una discusión, de la cual yo estaba excluido porque… mi mente solo pensaba en conseguir algo rápido para comer.

El tiempo de clase pasó relativamente muy muy lento, esas horas de clase me parecían días y esos últimos minutos para salir me parecían siglos, pero sobreviviendo a todo eso, logré salir corriendo de la secundaria directo a mi casa… no sin antes disculparme por no poder acompañar a esa dos personas que estaban conmigo.

A mitad del camino comencé a bajar mi velocidad. Empecé a calcular el tiempo en que la comida estaría hecha y haciendo pequeñas hipótesis de los atrasos tal vez provocados por Haruka… faltaban casi alrededor de 1 a 2 horas y 15 minutos para que la comida estuviera hecha.

Metí mi mano a un bolsillo para verificar si traía alguna moneda, pero todo fue en vano. ¿Qué haré para sobrevivir por casi dos horas y media?

“Eh… ¿acaso no existe otra mujer que me pueda conceder un deseo?... ¿o al menos, invitarme a comer?...”, dije al mismo tiempo en que buscaba a mi alrededor a alguien que respondiera mi inútil y patético pedido.

Caminando lento, me dirigí al parque de siempre a esperar que el tiempo pasase rápido; me senté debajo del mismo árbol y comencé a mirar las nubes.  

“Estúpida Haruka esta vez sí se pasó…”, me quejaba en voz alta, esperando llenarme al menos de enojo en aquel vacío en mi estómago. “Mmm… que raro, está funcionando…”

“¿En serio?... eso es algo bueno…”


Conocía ese sentimiento muy bien… aquel frío cruzando mi columna, el perder el control de mis sentidos y el miedo que nublaba mi juicio. 

¿Habrá pasado un tiempo en el que haya estado cerca de ella que me habré desacostumbrado?... podría ser lógico… pero a menos de que me quiera asustar, ella no tendría aquél tono de voz masculino y ronco.

Voltee a mi derecha, ahí sentado… se encontraba un señor de gabardina café y pantalones oscuros, con un sombreo que hacía juego y de canosos cabellos, su piel ya tenía muchas arrugas y sus ojos reflejaban cansancio tal vez por la edad que tenía. Adivinando, diría que estaría cercano a los 60 años.

Era humano a simple vista… ¿pero porque sentía algo extranormal, estando junto a él?

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