sábado, 30 de julio de 2011

"¿Me puedes dar otra oportunidad?" RE Capítulo 25/??

DÍA 478




Ya es hora de levantarse… vamos, hay que comenzar otro día…

No, no quiero despertar… ya me canse de la fría realidad que me rodea, estoy cansado, ¿Qué no puedes entenderme?

Claro que te entiendo, después de todo soy tú… pero… ya es hora de levantarse, no creo que quieras que se cometa un error de igual magnitud que en aquella ocasión… ¿o acaso quieres hacer preocupar a las personas cercanas?... ¿quieres que nos lastimen?

No, no lo quiero… pero déjame ser… necesito un buen descanso, y que mejor descanso que ahora mismo…

Bueno, no digas que no te lo advertí…


“Ta-ta-ta-ta-ta… ¡¡¡Taiyou Kagami!!!”

“¿Eh?, que… Haruka, no grites tan temprano… ¿no ves que estoy descansando a gusto?”

“¡¡Qué bien que descanses, pero nunca, NUNCA me abraces mientras duerma contigo!!”

“Ha-Haruka... no levantes tu brazo… no lo levantes… ¡¡No me golpees, no es mi culpa!!”


Se dejaron llegar las frías y lentas vacaciones de invierno cuando menos no lo esperábamos.
Los deberes de la escuela terminaron, ya no había algún asunto peligroso relacionado a los gemelos, Muerte o a las personas del “sexto sentido”… todo volvió a la normalidad, como así desearía que fuese siempre.

Últimamente me he agarrado la costumbre de levantarme tarde por dos obvias razones:
1.- Ya no tenía que levantarme temprano para ir a la secundaria.
2.- Y las mañana eran muy heladas, por las que prefería la seguridad y el calor de mi cama.

Este último punto se lograba de forma mucha más sencilla, porque desde la llegada a la casa de nuestro primo Yudai… Haruka se quedo a dormir conmigo.

Entiendo que no soporte dormir con mi hiperactiva hermana que solo desea jugar con su prima, pero… ¿por qué debemos dormir en la misma cama? Bueno… esto se respondería porque ella busca los mismos puntos que yo: levantarse tarde y calor, y que mejor, que dormir junto a alguien y compartir la calidez corporal por toda la noche y mañana.

No me quejo de esto, en realidad me encanta tenerla a mi lado… la única persona que tuve alguna vez a mi lado para dormir solo fue Ryou y era ella quién más compartía calor a mi frío ser. Ahora las cosas eran distintas, nunca creí que existiera alguien más frío que yo… al fin podía intentar sentir mejor a alguien.
Era inevitable que nuestros cuerpos se cruzaran entre tanto movimiento en la noche, por eso Haruka me despertaba con sus gritos y me tiraba de la cama; debo decir, que besar el duro y frío suelo era un muy buen despertador para mi cuerpo y mente somnolienta.

Aun sigo sin entender esa chica a pesar de dormir juntos, si le molesta que nos juntemos… ¿por qué no solo se cambia de cama o pone alguna barrera para no cruzar la línea?


“Holas Taiyou, veo que esta vez te fue mejor jeje”

“Oh, Hola Yudai… pues sí, no volveré a cometer el error de ignorar a Haruka… esa vez si dolió mucho”, le comentaba a mi primo que me sonreía amablemente mientras se lavaba los dientes en el baño con la puerta abierta.

La estancia de mi primo en la casa era muy normal, otro claro ejemplo más, de que Haruka es solo un estorbo en la familia. Yudai era bueno en las labores domésticas aunque se cansaba muy rápido, pero al menos intentaba hacer algo, no como cierta invitada que con ahora mucha más razón, no sale del cuarto por el frío.

“Oye Taiyou… ¿No te gustaría salir un rato a dar una vuelta?”, preguntaba mi primo ya listo en la sala.

“¿Tan temprano?”, cuestione observando el reloj y ver que eran las 11 AM. “Ahorita mismo todo está cerrado y hace un frío tremendo…”  

“Jajaja Taiyou miedica… el frío se puede quitar fácilmente abrigándote… lo malo es el calor, que aun quitándote la ropa, sigue pegado a ti”, explicaba mi primo feliz.

Por varios minutos me rogo porque saliéramos, la verdad no tenía ganas, quería descansar lo más que pudiera en casa en donde estaba caliente. Pero… no dure tanto al usar la mirada fija especial de Ryou… él era capaz de doblegarme con su mirada clavada en mi persona… y si mal no recordaba, era él mismo quién se la había enseñado a mi hermana.

“Ok, ok… demos una vuelta…”

“¡¡Yeah!! Ese es mi primo, vamos rápido que necesito que me ayudes en algo…”

“¿Qué te ayude en algo?”, pregunte interesado.



“¿Por qué tengo que ayudarte a buscar a esa persona?”

“Esa chica me gusto mucho Taiyou, fue como amor a primera vista… ya se acercan épocas navideñas, así que quiero encontrármele o al menos saber donde vive para darle un regalo”

“Yudai… ¿ella no lo tomaría como acoso?... después de todo ni siquiera ella te vio, no puedes andártele declarando a una persona que apenas conoces”, le digo a mi primo, quién segundos atrás dejó la sonrisa, por una expresión de decisión y madurez.

“Lo sé, Taiyou… pero se debe arriesgar para conseguir algo, ¿no?... ciertamente, yo prefiero hacer eso que tomar como base una buena amistad… es mucho más doloroso el pensar que si llegas a fallar, su relación iría en picada o que si después de tiempo en que dejaron de ser parejas, puedan volver a ser amigos como antes… no importa que pase, los cambios siempre van a estar allí… al igual si me confieso ahora, es tal vez un 90 a 10 de que me rechacen… pero ahí puedo establecer una relación, que desde un principio, ella me tome en cuenta como un posible pretendiente o que sepa que me gusta jejeje y así, algún día puede que llegue a aceptarme”

Yudai siempre fue una persona habladora y de mente algo abierta; cada vez que alguien cuestionaba sus creencias, el entraba en un modo defensivo con el que comenzaba a explicar y proteger su forma de pensar… cada mente es un mundo dicen, ¿quién no querría proteger su mundo, siendo tú el líder que lo hace mover?... las ideas siempre chocan alguna vez, pero por cada idea que tú creas mala, la otra persona tendrá sus motivos.
Las bases que uso Yudai, al menos a mí, me parecían factibles.

Le sonreía y estaba decidido en decirle algo como apoyo, pero viendo como una chica de cabello castaño corto, de suéter beige que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas, debajo una mayas negras con botas y una bufanda roja envolviendo su cuello; corría velozmente saludándome desde la esquina del parque, guarde mis palabras y decidí devolverle el saludo a mi amiga.

“¡Hola!... qué bien que te encuentro por aquí Taiyou je… jeje…”

“Hola, Sumiya… ¿ibas para la casa?”, le pregunte a ella, que se tomó su tiempo para inhalar lo necesario y responderme.

“Tenía pensado llamarte por teléfono, pero ya van días que no nos vemos y la verdad quería verte jeje”, me decía ella feliz y animada, escondiendo el cansancio de su corrida. “Vine a avisarte que pasado mañana haré una pequeña fiesta navideña para mis amigos en mi casa jeje”

“Ok…”

“Mmm… ese ``Ok´´… no me gusto mucho”, me dijo ella observándome directamente molesta y cruzando sus brazos.

Voltee con Yudai para salvarme de la situación, pero para cuando le vi, ya estaba de espaldas mientras silbaba observando el cielo… ahí se fue mi escudo.
Me gire con Sumiya, pero su humor seguía igual.

“Vamos Taiyou… casi no sales que no sea de casa, vamos, vamos…”, me insistía ella tomándome del brazo. “Van a venir Shidou y su hermana, recuerda que ella quiere conocerte… también Bura, tenía pensado en que te llevaras a tus primos… ¡¡ y así seríamos muchos y más regalos!!”

“Entonces solo quieres más personas para más regalos, ¿no?”, le pregunte arqueando la ceja.

Eso hizo enojarla aun más como para hacerme caer al suelo mientras ella me pegaba continuamente con sus manos. Yudai por fin interviniendo, agarró a Sumiya para dejarme levantar y sobarme los golpes.

“Me gustaría ir pero… cada vez que voy a un lugar fuera, siento que soy un aguafiestas…”, le contesté con sinceridad.

“Vamos Taiyou… vamos a ir Haruka, yo y tus amigos, al menos no tienes que perder… no hay desconocidos en caso… ¿verdad?”, pregunto Yudai observando sonriente a Sumiya.

“Es cierto, mis padres con Matsuda se irán a casa de otros parientes, es por eso que quise aprovechar esa oportunidad para que todos estuviéramos juntos, ¿Qué te parece?”, contestó ella, ofreciéndome su mano. “Aparte… puede servir para que me dejes conocer a Haruka, a como me la has descrito, ha de ser una dulzura”

“Jajajajajaja ok, acepto ir… ¿tú qué dices Yudai?”, dije mientras tomaba la mano de Sumiya.

“Puedes incluirme… espero no hacer mala compañía jeje”

“No te preocupes, los primos buenos de Taiyou… también son nuestros buenos primos”, animó Sumiya devolviéndole la sonrisa al primo que se puso aun más feliz. “Entonces te encargo a Haruka, ¿vale?”

“Intentaré decírselo… aunque va a ser difícil hacer que acepte… la conozco muy bien y sé que se negara como 50 veces antes de que se canse y acepte ir”


“Me parece bien… si puedo, sí quiero ir…”

“Yudai… ¡¡se pego en la cabeza, trae el botiquín y llama a la cruz roja!!”

“¡¡¿Cómo que me golpee en la cabeza? ¿Es raro que haya dicho que sí? ¿Qué al menos no puedo aceptar una invitación por estas épocas?!!”

“Es tarde Yudai… me encargaré yo mismo de traerla de vuelta, estoy seguro que con otro golpe volverá a la normalidad…”

“¡¡¡Taiyou!!!”

“Jajajajajajajajajajaja, ambos son unas ternuras, Taiyou, Ruka…”, se burlaba a volumen alto nuestro primo.

Era verdad… me había tomado por sorpresa la elección de Haruka, y es que en serio no me la esperaba después de tantas veces que le hice una invitación de salir a la chica. Tarde unos segundos en digerir bien la respuesta de mi molesta e inesperable prima… de estar molesto por engañarme, pase a una felicidad interna por ver interés en salir a la calle sin que le tuviera que obligar por ello… ¿pero por que sentía esa felicidad?... ¿por qué ese sentimiento tomaba voluntad de mi cuerpo y quería fuertemente expresárselo?

“Chicos… ahora que veo las cosas… solo nos falta resolver una cosilla”

Las palabras de Yudai, robaron la atención de Haruka y mía. Se le veía pensativo, hasta que al parecer se le prendió el foco y sonrió de gran forma.

“Taiyou, nos hacen falta los regalos… mañana será el día en que ocuparemos todo el día para arreglar la casa, así que hoy debemos ir a comprar los regalos”, explicaba mi primo con algo de prisa. “Desafortunadamente me tengo que quedar aquí para cuidar de Ryou, así que será cosa tuya y de Ruka de ir a por ellos…”

“¿Eeehhh??... pe, pero yo…”

“Vamos, Haruka… tomemos esta salida como nuestra primera cita, ¿vale?”, mis palabras no tuvieron el efecto que esperaba, ya que mi prima se cubría la cara con las cobijas que tenía de lado… pero al menos, había guardado silencio.

“Muy bien, ustedes dos vayan por los regalos… si mal no recuerdo, una vez viniste platicándonos de una tienda a la que visitaban con frecuencia Sumiya y Shidou ¿no?”, pregunto Yudai con curiosidad.

“¡Es cierto!... me habían contado de la tienda de dulces caseros favorita para ellos, será un buen lugar para conseguir los regalos de todos… esta algo lejos de aquí, pero al menos sé que valdrá la pena el viaje…”   



“No vale la pena el viaje…”

“¿Cómo que no Haruka?, nunca has estado aquí antes… y no me digas que no está bonito el lugar”

“No… el lugar no es el problema, el problema es la gente…”


Ya es tarde, nos encontramos Haruka y yo en el gran centro de la ciudad tras un viaje en camión de por casi una hora.
Es adorable ver a Haruka tan tímida frente a las personas, la hacía fastidiar aprovechando que no podía pegarme por la vergüenza que le daba y también jugaba con ella, diciéndole que los chicos que le veían con interés por el camino, se morían de envidia al ver que yo le acompañaba. Siendo sincero, me sentía orgulloso de estar al lado de una chica tan bonita como ella, no había porque dejarme afectar por las miradas de los celosos.


“Hay muchas cosas por aquí… lástima que no tenga dinero”, se expresaba de forma curiosa mi prima, viendo los grandes edificios o puestos que habían por las calles. De vez en cuando soltaba una mirada de sospecha a las personas que pasaban a su frente, pero aun en el fondo, sabía que a ella le gustaba ver a muchas personas reunidas… en estas fechas donde da una felicidad ver las cosas así. “¿Ese es el centro comercial al que vamos?”

“Sí, ahí entraremos en ese gran lugar”, le conteste a ella que me jalaba con prisa para ir dentro.

“Vamos… no es tan ``gran´´… conozco un centro comercial mucho más grande cerca de mi antigua ca… sa…”

Sentí lo que ella en el momento… ambos paramos un segundo, me acerque a ella y le tome de la mano, acariciándosela con mi dedo pulgar. Ella me miró a los ojos, y acto seguido me sonrió para jalarme con fuerza a la puerta principal del centro comercial mientras reía.
Ahora que me lo pensaba mejor… nunca he tenido con ella una plática sobre su pasado: ¿Qué le gustaba hacer? ¿Qué odiaba? ¿Qué hacía con sus padres? ¿Qué es lo que sentía?...
Sí, perder a tu familia es un gran golpe… yo lo he vivido… y es por eso, que me gustaría escucharlo de ella como ha llegado a tener esa carga, para poder aligerarle el peso y hacerle saber que no está sola.

Entramos por las puertas automáticas, se notaba el gran cambio de temperatura de normal a uno más cálido. Varias personas, como era de esperar por estas fechas, rondaban de tienda en tienda que este lugar tenía: de ropa, calzado, comida, postres, videojuegos, electrónicos, etc…
Los regalos de navidad era la razón de que en cada establecimiento se pudieran observar ofertas o remates y una multitud de personas peleando por conseguirlos; para nuestra suerte, al lugar al que nos dirigíamos, estaba lejano de lo que para mí, era lo más abarrotado de personas.

Se encontraba en el segundo piso, otra consecuencia de mucho cliente, es que para mayo rapidez, se desactivaran las escaleras eléctricas y subirlas como las simples escaleras de varios edificios.
Cruzamos entre gente al no haber otra salida, ponía Haruka frente a mí, y le abrazaba con fuerza para no perderla entre la ida y venida de personas… No quería que se repitiera lo que Ryou y yo de niños en el festival del muerto.

“Uff Taiyou… te puedo jurar que vi a unas personas aprovechándose de la aglomeración haciendo que…”

“Sí, entiendo lo que dices”, le respondí interrumpiéndola. “No temas, si alguien se atreve a hacerte algo… va a regresar a casa con un ``bonito regalo´´ de navidad…”

No era mi intención, pero ella se carcajeo por mi “chiste-amenaza”, al menos la tranquilice más y pudimos continuar sin complicaciones a la tienda de dulces.

Me equivoque, la tienda de las últimas del centro comercial que era la de la dulcería, llegue a pensar que estaría sola por lo mismo de que estaba lejos… pero me daba alegría ver como una cantidad considerable de personas llegaban a comprar allí.

“¿Eh?... ¡¡Mamá, el hermano de Suzumiya ya llego!!”

Acercándome y dejándome con las palabras en la boca, un niño de 8 años que estaba fuera de la tienda, al observarme me miro con sorpresa para después irse corriendo dentro y gritarle a su madre.
Suponía que con “Suzumiya” se refería a Sumiya… ¿pero por qué hermano y como supo de que tenía relación con ella?

Entramos con cuidado, había varias canastas llenas de dulces de diferentes tipos que comenzaban a hipnotizar a mi acompañante.
En una caja registradora, se encontraba el niño hablándole a la madre que al vernos, nos saludo feliz y por ende, nosotros le devolvimos con cortesía.

“Supongo que tú eres el amigo de Sumiya, ¿verdad?”, pregunto la señora de unos cuarenta y tantos de edad.

“Sí… perdone por preguntar… ¿pero como supo de eso?”

“Jajajajajaa oh perdona mijo… es que Sumiya me aviso por teléfono hoy que vendría un joven de su edad, y tú eres el primero que ha llegado… así que ya no estaré esperando más jeje”

Esa Sumiya… ya sabría que vendría aquí desde el principio y no dudo en que asistiera a su fiesta… pero ventaja de esto, es que si ella sabía que iba a comprar dulces para todos, ella no repetiría el regalo y haría lo posible por hacer que los otros hicieran lo mismo. Sumiya tenía madera de líder y manipuladora después de todo.

Yendo al grano, observe con detenimiento cada una de las canastas, como cortesía, la señora me dejo probar uno de cada tipo de dulce.
Había de todo, y de diferentes sabores: piruetas, los dulces simples, paletas, con azúcar glas, galletas y mis favoritos los chocolates, de sabores muy dulces, ácidos, y unos muy a mi gusto, de demasiado azúcar. Como a mi acompañante también se les antojo probar, los mordía para darle la mitad a mi prima que los comía sin problemas ni llegar a empalagarse.

“Oye… ¿ella es tu novia?”

“Jajajajaja no no niño, ella es mi prima”, le contesté lo más rápido al chico que pregunto con curiosidad antes de que lo atacará Haruka, que mas bien, solo ignoro nuestras miradas. “Ella es mi panchita o ¡la encarnación de la pereza!”

“¡¡No soy ni una de esas dos!!”, gritó molesta ella, que hizo reír mucho a la dueña de la tienda.

“Ay dios… estos jóvenes de ahora… pero dime, me entro el interés… ¿por qué panchita?”, me pregunto la señora sin disimular.

“Sí, ¿por qué panchita?”, pregunto mi prima igual.

“Por si no lo ha notado… porque hace muchos panchos…”

Tanto la señora como el niño comenzaron a burlarse de mi respuesta, dejando muy humillada a la persona del apodo que se encogió de hombros. Aprovechando que me dio la espalda, me le acerque para abrazarla, y ella no se inmuto por ello, no hasta que después recordó que estábamos en la mira de alguien.


“Muy bien, entonces me llevare diez paquetes de estos dulces y…”

“Sí, queremos tres de cada paquete que él eligió”

“Pero Haru… bueno sí, denos tres de cada paquete que elegí”

No tardo mucho la señora en conseguir las 30 bolsas de los dulces que habíamos elegido y las metió en una bolsa más grande para no batallar al cargar.
Salió un poco más de lo previsto, pero por suerte me había dado mucho dinero extra Yudai.

No habiendo más que hacer, nos despedimos de ambos, sin no antes prometer… que volveríamos de nuevo. Sonreímos y sacudimos nuestras manos a aquella buena señora y aquel niño.

“Haruka, ¿Por qué pediste 20 obsequios más?”

“Bueno, pues como los tres vamos a ir yo…”

“No, Haruka… no te preocupes… invitaré a otras personas para no desperdiciar los regalos… ¿quieres dar una vuelta a la tienda?

Asintiendo su cabeza con alegría, nos concentramos en ver primero las tiendas del segundo piso y terminar con las del primer piso.

Capte tarde, al ver las tiendas de ropa, que Haruka le diera su interés femenino en ver qué cosas habían ahí dentro, pero ella no pareció importarle mucho; vio las ropas en los exhibidores y decía que alguna vez le gustaría vestirse como las maniquíes blancas larguiruchas.
Su obsesión en querer entrar a una tienda, fue cuando pasamos de frente a una tienda de videojuegos, donde me rogó que entráramos para ver si ya había salido el juego que tanto había esperado para la PSP. Haruka me recordaba a los niños pequeños, que a cada cosita bonita que les gustara decían: “¡¡Papá, papá… este es el juguete que he querido desde siempre, ¿me lo compras?!!”

Tuve pensado en llevarla, pero como la mayoría de los clientes eran hombres, me temía que algo le pasara a Haruka, así que termine convenciéndola… en que yo mismo le regalaría ese juego en año nuevo.

Pasamos por tiendas de curiosidades donde me interese en un sarcófago egipcio para meter a Haruka dentro, pero ella ganando interés por una katana, hizo perderme aquellas ganas de adquirirlo.

“Wuaah… tengo hambre Taiyou…”, me decía Haruka, mirando con ojos de cachorro las tiendas de comida y las personas que comían a gusto en ellas. “¿Qué tal si vamos por un helado?”

“¿Estás loca, Haruka?...”, le reclame a la chica que se espanto. “Estamos en invierno… solo a la gente loca se le antojaría comer algo así en esta temporada…”

“¿Y dices a mi ``panchita´´?”, cuestiono molesta. “Creo que desde ahora ya no tengo porque cargar con ese apodo y con el de ``la encarnación de la pereza´´ hmph…”

¿Qué paso conmigo ese día?... ¿por qué a cada gesto que ponía mi prima… me hacía sentir extrañamente feliz y terminaba por querer tenerla cerca de mi y recargar mi cabeza en su cuerpo?...
Dije que no me pondría más límites… pero nunca pensé que llegaría a tal extremo.

“Ta-Taiyou… ¿por… por qué me abrazas mucho hoy?... no veo la necesidad de ya sabes… que me protejas de que me molesten, después de todo estamos lejos de las personas…”

“Lo sé, y perdona mucho… pero me encanta verte molesta, me gustan mucho tus cambios de expresión Ruka…”

“¡¡Es-espera… ¿acaso tú…?!!”

Metí la pata, tarde segundos para darme cuenta de que cometí un error en mis últimas palabras. Para cuando quise, ella ya me regalaba una gran sonrisa mientras me devolvía el abrazo… y me decía en tono victorioso una y otra vez: “Me dijiste Ruka, me llamaste por mi verdadero nombre… menso”

Bueno… no había nada de malo que le dijera así al menos una vez al año… pero… no quería hacerlo de forma que tal vez, se pudiera mal entender.

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