lunes, 21 de noviembre de 2011

"¿Me puedes dar otra oportunidad?" RE capítulo 42/47


DÍA 1020



“Hmmm… es el décimo día en que permaneces tan atento a este lugar después de tanto tiempo que no lo visitabas”, platicaba conmigo aquella sombra, como Dios mandaba, en el mundo de mis sueños. “Se dice que la tercera es la vencida… pero ya la pasaste siete veces atrás, ¿por qué no mejor asumes que Suimin sigue ocupado?”

“No me queda de otra, tengo que esperar a verle para mantener una charla con él… y aparte, si tan ocupado está, ¿por qué él dio caza a…?”

“Espera, alguien se acerca”, me interrumpió apresurado aquella sombra que no dudó en desvanecerse.

¿Mis plegarias por fin habían sido escuchadas?... no, al menos, no exactamente…

“Jajajaja, cuánto tiempo sin vernos”

Era un sueño, era un sueño solamente… ¿pero por qué tenía que aparecer él? Su estadía solo enfriaba las cosas, la parte oscura del mundo se crecía, devorando la poca luz y dejando como única fuente, al gran sol que por alguna razón, no esparcía las sombras que le rodeaban.

“Jejeje… por fin te tengo frente a mí, por fin puedo vengarme por haberme sellado”, era Hollow, no… a juzgar por su voz, se trataba de Mantan.

Estaba igual que aquella vez en donde le habían sellado. Era permanente según Luis, ¿entonces por qué estaba aquí? ¿Cómo había escapado?... lo que me haría, ya me imaginaba lo que buscaría de mí.

“Taiyou… ¿Qué te parece un intercambio?”, preguntó ese tipo frente a mí. No le contesté por el miedo que me dominaba, pero aun así, él sólo me ignoró y siguió hablando de la propuesta. “Tú tienes algo que yo quiero y yo tengo algo que tú quieres… ¿hacemos un intercambio?”

“¿Qu-que clase de in-intercambio? ¡¿Qué tienes que yo quiero?!”

“Algo que tanto ansías desde el momento de que despertaste de tu supuesto coma… la muerte, jejeje ¡¡JAJAJAJAJA!!”, reía como lunático Mantan.

Había olvidado por completo como se sentía estar frente a él, su voz te traspasaba, te doblegaba, y los sentimientos más negros que poseas, comienzan a tomar posesión de tu mente hasta corromperla…
Ahora no había alguien que pudiese ayudarme, me encontraba desprotegido, vulnerable… un blanco demasiado fácil…

Pero no quería, no quería ceder tan fácilmente… no quería morir tan estupefactamente, sin conocer las respuestas a varias de mis preguntas.

“¡¡No, no quiero!!...”


Era una pesadilla, solamente eso; cuando abrí los ojos, ya me encontraba en mi cuarto poco iluminado por el sol.
Mi corazón aun latía con fuerza mientras que las imágenes seguían vivas en mi mente. Sí que me había ocasionado un gran susto; pensando mejor, desde que había despertado de aquella coma… ya no tenía acceso más a aquél mundo… ¿otro de los valores del precio por la recuperación de recuerdos? Podría ser, podría ser…


Primer acto: Los primeros serán los últimos.



“¡¡Taiyou, por favor acompaña a Ryou a la tienda!!”

“OK”, le contesté a mi madre que por alguna razón me gritaba aun cuando estaba yo a su lado, recogiendo en la cocina.

Salí junto a mi hermana, quién al parecer hablaba con una amiga por el celular que se había ganado por sus altas calificaciones.
Reía, hacía varias expresiones faciales, y en otras bajaba la voz; que extraño me parecía eso, nunca me había detenido como para ver la vida diaria de mi pequeña hermana, a lo mejor, ya comenzábamos a entrar en las etapas donde ni un hermano podría brindar ayuda alguna.

“Cof cof… aaay demonios…”, se quejaba ella tosiendo.

“Te dije que te pusieras al menos una bufanda”, le regañaba por repetirle varias veces aún en casa, sobre lo de cuidar su salud.

“Pero vamos Taiyou…. Estamos a mitad del verano, me voy a morir de calor”

“Bueno, no siempre está soleado en verano, algunas veces llueve mucho…”

“Pero cuando se secan los charcos hacen mucho más calor.”, me replicó ella.

Era cierto, mi poder e influencia sobre ella, habían bajado considerablemente, pero no me dejaría vencer, después de todo soy su hermano mayor y me preocupo mucho por ella.

“…”

“Taiyou, entremos a la tienda”, me decía mi hermana, preocupada al verme como no dejaba de contemplar el parque que estaba delante de nosotros.

“Lo sé, hay que continuar.”

“Exacto… tú pronto entrarás a clases y debes esforzarte mucho a un nuevo nivel, mientras que yo disfrutaré de mi segundo año en la secundaria.”, me platicaba ella con tanta naturaleza y alegría.

“Que bien, no es que sea emo o algo así, pero debes de aprovecharla, no como yo, que no pude… ya sabes cuál es la razón, así que por favor evítate algún chiste sobre mis emociones.”

“Jajajaja ok, ok…”


No me quedo pensando por el hecho de Nanara, sé correctamente que lo que debo hacer es seguir avanzando, pero… lo que me distrae es que han pasado ya varios días en los que no he podido contactarme con alguno de los imperfectos; si no hubiera sido por esa vez en que Alex me visitó… podría decir que ya había pasado alrededor de dos meses sin verles.

Al principio recuerdo que Ryou preguntaba mucho por esa mujer, varios días la veía en mi habitación, pero en los que no la veía era cuando lo hacía.
“¿Tal vez esté molesta contigo?”, me decía Ryou, como siempre, confundiendo la ya de por sí, extraña relación que nos unía.

¿Acaso es obligatorio que vengan cuando esté en peligro? Entonces en un día libre en la casa procuraré tomar un cuchillo y “accidentalmente” caerme al suelo con él, para ver si con eso me responden. El tiempo sin saber de ellos, solo me hacía preocupar más por Alex.


Llegando a casa, sin apetito para comer por esa tarde, regresé a mi cuarto, a acostarme en mi suave cama e intentar descansar mi perturbada mente. Estaba cansado mentalmente, ni siquiera me di cuenta, cuando era que mis párpados se volvían tan pesados y veía… todo borroso.


“Hola Taiyou Kagami”

Desperté en aquel mundo partido en luz y oscuridad, ese sueño al que recurría varias veces antes cuando dormía. La voz que había escuchado venía cerca de mí, y en efecto, fue lo que me había despertado al prender mi interés.

“¡Alex! Qué bien que te encuentro”, solté aliviado con el chiquillo pelirrojo de gabardina oscura que me sonreía.

“Perdona la tardanza, pero es que quería encontrarte en el momento perfecto.”, me explicaba él sin perder la sonrisa.

“¡¡Oye, oye!!... ¿por qué no me avisaste que Taiyou llegó?”

De alguna forma, detrás de Alex salió una silueta masculina, de la que poco a poco comenzaba a agarrarle apariencia. Ojos azules, cabello corto rubio y cargando una sonrisa prepotente… era el hermano de Sumiya, Matsuda.

Salté de miedo… ¿Cómo era que él había llegado a este mundo? Y aparte, ¿Por qué se le veía tan confiado junto a Alex? ¿Por qué mi instinto me decía que saliera de aquél sueño?

“Kagami, esta vez sí conseguiremos lo que queríamos hace meses…”, decía Alex.

“Pero antes, déjame desquitarme un poco por la humillación, no sabes cuantas ganas he tenido de nuevo de patear tu cara desde aquella vez en la MCAE”, agregaba Matsuda, tronándose los dedos de ambas manos mientras daba pasos hacia mí.


Alcance a cobrar consciencia en el momento perfecto, lo que me trajo de vuelta al mundo real de forma agitada. Una vez más, se trataba de una pesadilla.

Me dolía la cabeza, los mareos  pasaron segundos después de que me tiraba de la cama y ponía mi frente contra el frío suelo con esperanzas de bajar el dolor.

“¿Por qué no lo había pensado antes?”, me pregunté en lo que tomaba bocazas de aire, también, recordando en mi interior. “Aquella vez Alex quería… quería…. ¡bueno!, quería eso…  según los demás y por lo que veía, se había repuesto de su loca idea… ¿o sólo fue un engaño más para esperar el momento perfecto? ¿Pero entonces porque me ayudaría a encontrar a Nanara? ¡¡¡Mierda!!!... ahora salí más confundido…”

Toc toc… la puerta de mi cuarto sonó.
Pidiendo que pasara, controlándome por unos momentos, la puerta se abrió lo suficiente como para que la cabeza de Ryou se asomara.

“¿Te encuentras bien?”

“Sí, gracias Ryou… es que tuve una pesadilla y caí de la cama”, me excusé con lo primero que venía a la mente.

“Muy bien… yo me voy a acostar también un rato en mi cuarto, tengo jaqueca; así que por favor no me asustes de esa manera, ¿sí?”, preguntó ella, sonriéndome.

Asentí como respuesta, haciendo que Ryou se despidiera de mí y cerrara silenciosamente la puerta de mi habitación.

Algo era seguro, no quería dormir de nuevo,  no quería volver a recostarme o sentarme en algo cómodo; el aburrimiento y cansancio eran malos compañeros, debía de encontrar algo que me mantuviera despierto y entretenido hasta la noche. Me llegaron dos posibilidades a la mente, pero tuve que descartar una por las circunstancias, teniendo ahora ya una única cosa por hacer.

Me cambié de ropa, cargué el teléfono y bajé al primer piso para salir de casa, avisando en el camino a mi madre, de que saldría por un largo rato.



“¿Eh? ¿Y ese milagro Taiyou? Yo que pensaba que ya te habías olvidado de que tenías amigos.”

“Perdona por caerte de sorpresa Sumiya, pero es que ustedes salen seguido de casa.”

Sí, mi opción era ir con ella.
Como ya había salido de vacaciones con su familia, ahora le tocaba quedarse un rato a gozar lo que quedaban de días, en su propio hogar.
Esa chica no cambiaba, me tomaba del brazo y me metía con fuerzas a la casa para ir a la sala a platicar mejor sobre lo que me afligía. Hago notar de nuevo, ella sabía perfectamente cuando una persona se encontraba dudosa.

“¿Quieres alguna fruta o galletas?”, me preguntó con tal cortesía que no se parecía a ella; lo que me hizo verle de manera extraña, eso le causó gracia. “Dime Taiyou… ¿Qué tal te ha ido estos días?”

“Pues regular, odio que el tiempo pase taaaan lento… pero igual que pase taaan rápido.”

“El tiempo es relativo… ese Einstein debió de ser un genio”, comentaba Sumiya alegre, quedándose muda por unos segundos hasta darse cuenta de lo que había dicho. “Jajaja pues claro que Einstein sí era un genio.”

“Sumiya… ¿has hablado con Shidou?”

Mi pregunta tensó el ambiente normal que teníamos, sabía que era malo hacer mención de ello, pero un amigo es un amigo, seré lo que sea, pero me preocupo por las personas que me rodean.

“Me he comunicado con él, está muy callado, muy apenas y le hago soltar palabras polisílabas… pero se encuentra bien, poco a poco va aceptando la realidad.”, explicaba ella, volteando a un punto en donde no se cruzaran nuestras miradas.

“Lo comprendo muy bien, es por eso que un día que esté mejor, me gustaría hablar con él… por más que se quiera, no se puede escapar de la realidad.”

“Pero… ¿y si hubiera una manera de arreglar las cosas?”, preguntó curiosa.

“Tal vez pueda ser cierto, aunque se necesitaran sacrificar cosas…”

“No Sumiya… créeme que terminarías cayendo en lo mismo o algo peor…”

No sabía que contestarle, mi razonamiento estaba partido en dos, literalmente. Las segundas oportunidades existen, lo sé mejor que nadie y creo ser el único… pero, si intento determinar si el resultado es bueno o malo… es ahí en donde por qué no puedo responderle a mi amiga.

“Desconozco la respuesta…”

“Lo sé, yo igual”, respondía ella seria. “Es interesante, ¿sabes? Bueno, me imagino que sí… lo que nos separa a los humanos de los animales es realmente nuestra forma de movimiento: los animales se mueven por instinto, escuchando a sus sentidos y dejándose llevar por ellos, en cambio los humanos, nos movemos por la razón, nosotros podemos detenernos a pensar si algo es correcto o no… ambos tienen pros y contras, los animales tienden a caer fácilmente en peligros desconocidos para ellos… y nosotros razonamos demasiado, que nos perdemos y preocupamos en ello… ¿por qué ya sabiendo esto… no lo podemos detener? ¿Naturaleza acaso? ¿Somos las personas incapaces de mejorar o cambiar?”

“Sumiya, por favor…”

Me acerco a ella y le abrazó con fuerza, cubriéndola con mis brazos. Escucho como chilla, como tiembla de la tristeza y como con fuerzas quiere contener sus lágrimas.

No tenía por qué intentar esconder su frustración con aquellas palabras, aunque tampoco pedía que lo dijera tan directo, sólo que no pensara demasiado en ello, que solamente mal trae.

“Jaja… de vez en cuando, debería de repasar las palabras que digo… no sólo tengo que decir, también debo cumplir lo que digo.”, le cuento a Sumiya, para desconcertarla.

“Je… ya tan rápido te perdiste en pensamientos…”, se burla ella, separando mis brazos de ella.

Levanta su rostro y puedo verle sonriente. Esa era la Sumiya a la cual tanto apreciaba: tan fuerte y resistente como una armadura de acero, pero a la vez, tan flexible por su suma empatía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario