DÍA 1038
“Cuídate mucho Ryou”
“Lo sé, no tienes por qué repetírmelo mucho”
“Lo hago porque te quiero”
“Y agradezco eso…”
Sigo el pasar de los días sin una respuesta clara de lo que estoy haciendo.
Se está volviendo tedioso el que no tenga contacto con los imperfectos, tal vez en realidad, debería intentar aquello de ponerme en peligro en espera de que vengan a rescatarme.
Ya no estoy tan seguro de que las cosas vayan por un camino natural, la preocupación me invade, y por si no fuera poco, creo que me estoy comenzando a contagiar por la gripe de Ryou.
Es en serio, no sabría descifrar el estado en el que me encontraba, y porque sentía esto… como si fuera un mal sueño.
De pronto, escucho como suena el tono de mi celular, no lo tengo en la mano y no recuerdo donde lo había dejado, así que me pongo a intentar captar en donde se hace más fuerte la música. Le encuentro fácilmente, debajo de uno de los cojines del sillón.
El número de quién me marca es el de Bura, me sorprendo, pero sin esperar más, presiono el botón verde y coloco el celular en uno de mis oídos para responder antes de que se pierda la llamada.
“Soy Taiyou, estoy ocupado en estos momentos, así que puede dejar el mensaje después del bleeeeep…”
“JAJAJA que graciosito, ¿eh?”, me dijo por la otra línea aquella chica de manera sarcástica. “Ya siendo seria… me preocupa que así de tan frío sea la grabación de tu correo de voz… dijiste exactamente lo mismo de cómo lo tienes en realidad”
“Jajaja, ¿por qué crees que lo hice?”, no era por burla, sino para lograr distraerme a mí y hablar naturalmente con ella. “Bueno, yendo a lo importante… hola”
“¡¡¿Cuál ``hola´´?!! Por lo que veo se te olvido que día es hoy, ¿no?”, preguntó decepcionada.
“Lo que sí sé, es que hoy no es un día de cita…”, respondí sinceramente; alcancé a escuchar por la bocina como ella raspaba sus dientes en muestra de que no le había gustado lo que acababa de decir.
“Taiyou, hoy es la junta para el curso propedéutico.”
Me llevé la mano a la frente, golpeándome consecutivamente. Estaba dormido, no cabía duda de que lo estaba, ¿Cómo pude haber olvidado la fecha del curso de inducción de la preparatoria?
Voltee hacia el reloj, quedaba una hora para el comienzo, lo que me daba suficiente tiempo para cambiarme y prepararme para salir, pero no sin antes, despedirme de Bura mientras corría al segundo piso.
“Ok, te espero en mi casa”, respondió ella antes de colgar, aun malhumorada.
Ocupé veinte minutos en prepararme, en lo que lo hacía, calculaba el tiempo exacto que tendría para cumplir los siguientes objetivos: quedaban ya solo 40 minutos, 10 de esos minutos eran para llegar a casa de Bura, 20 minutos para llegar a la preparatoria y los últimos 10 para ubicarnos en nuestro salón correspondiente.
Sé que ningún plan sale como quiere, pero esperaba que el margen de error fuera lo más bajo de todo.
Salí de casa y caminé deprisa para llegar a mi primera parada.
“Hola… perdona por ser tan despistado…”
“Al menos aún hay tiempo, me alegra que no te tardaste”, me respondió ella, que se perdió de mi vista por entrar a su casa unos segundos a despedirse de su madre.
“Hoy…”
“No me vengas con tus cumplidos para intentar alegrarme.”, me interrumpió ella, sonriéndome mientras ponía una de sus suaves manos en mi boca al salir de su casa. “¿Crees que no me he olvidado del ``aquel´´ cumplido?”
“¿Sigues recordándolo? Ya te dije que Sumiya me prometió que funcionaría”, le intenté explicar con la verdad, pero se negaba a ceder.
“Es Sumiya, ¡recuérdalo!... ``Uuuh… tú con estas curvas y yo sin frenos´´ ¿Qué no tienes cerebro para pensar que era más frase de ligue que un cumplido? Jajajaja bueno, al menos me dio risa”, decía ella en tono burlón.
“Perdona en serio… te digo que…”
Una vez más, fui interrumpido, pero ahora no por alguno de sus dedos. Sujeté su rostro con mis manos, rozando con mis dedos sus mejillas junto a sus cabellos lacios mientras nuestros labios seguían en contacto.
¿Hace cuánto hacía… desde que no le había besado? Sí, poco después de entrar de vacaciones. No sólo había olvidado el curso de la preparatoria, sino también, que ella y yo habíamos cruzado la primera línea del espacio personal.
“Avancemos, que si no, no llegamos”, le digo, después de separarnos un poco, y poder observar aquel brillo que se reflejaba en sus hermosos ojos ámbar.
Le tomé de la mano, y retomando el camino, también lo hicimos con una conversación natural.
Aun sentía, aun quería más, continuar besándola, probando lo que tanto me había gustado mientras tenía su cuerpo en mis manos… pero no podía, no después de recordarla, no por aunque fuera una milésima de segundo, culpar a Nana de hacerme olvidar mis sentimientos recuperados por Bura.
Llegamos a la gran preparatoria de color carmesí a la que entraríamos Bura y yo, se notaban algunas personas de por nuestra edad, ingresando o saliendo de la institución, saludando a otros conocidos o charlando con algunos de los maestros que pasaban por allí.
Ella y yo decidimos entrar, pasando por delante del vigilante adulto, chaparro y moreno con cara de pocos amigos; nuestro salón sería el 205, y si mi cálculo no salía mal, los salones dependían del número del edificio del que se tratara; sería el edificio número 2 en nuestro caso.
“201… 202… 203… 204… ¿eh, y el 205?”, preguntó Bura, que igual que yo, quedó desconcertada por la falta de nuestro salón. “Tal vez esté en el segundo piso”
“A lo mejor, déjame revisar”
Troté hacia las escaleras, para subir al ya mencionado piso y empezar mi búsqueda por el salón.
Laboratorios, talleres, la biblioteca, los baños… ah, y al último del pasillo, ahí estaba nuestro salón. Cerca de ese extremo estaban las otras escaleras, que si llegara a saber desde un principio, las hubiera tomado para no dar recorrido de más.
Bajé, para darle una señal a la chica que me esperaba y así subir juntos al salón para esperar de una vez al tutor de nuestro curso.
Dentro del salón observamos a otros chicos esperando, para Bura y para mí, ninguno de los que se encontraba ahí, eran conocidos.
Pasaron unos cuantos minutos hasta que llegó el profesor, lo que hizo que los estudiantes que estuvieran fuera de sus asientos, guardaran silencio y se sentaran ante la explicación del amable profesor que nos daba la bienvenida.
Era joven, tal vez entre 25 a 30 años, vistiendo elegantemente su traje oscuro y una camisa rosa por debajo, su cabello era corto, en punta oscuro, y era portador de lentes que se los movía constantemente mientras caminaba en una línea imaginaria y explicaba los puntos importantes de la reunión que nos habían hecho.
Información básica, datos que ya había escuchado con atención antes pero que le prestaba de nuevo para darme una retroalimentación. No se hacían faltar los compañeros que platicaban en voz baja y con los que el profesor les miraba con molestia cuando los atrapaba, así como también, las personas que no podían disimular el aburrimiento y se sentaban en sus lugares… ¿Cuál sería la palabra?... Demasiado “relajados”…
Los minutos pasaban largos mientras el profesor hablaba y hablaba, no podía evitar a ver los rostros de los que desde ahora serían mis compañeros, y aún menos, podía despegarlos de aquellos que volteaban mucho con Bura. Je, ¿ahora también soy celoso?
El profesor nos pidió estar en equipos para salir a dar un recorrido por el plantel; serían 7 equipos de 6, a Bura y a mí nos faltaba integrarnos a un equipo, pero viendo como uno tenía cuatro miembros, decidimos unirnos. Cada equipo se movía por distintas partes, con el objetivo de recopilar información la cual presentaríamos a la clase en cuanto llegáramos de nuevo al salón.
Tomé las riendas del equipo, haciéndome pasar por alguien que conocía perfectamente la preparatoria por visitas que hacía a un primo. Tal vez esa fue una mala elección, porque en lo que yo reunía información con otras dos personas, al voltear a ver a los otros tres miembros del equipo, observe como dos chicos se pegaban a Bura, conversando de manera divertida.
Así fue nuestro recorrido, volteaba constantemente para vigilar que no se propasaran, y puedo jurar que en una de esas miradas, Bura al verme a los ojos, se carcajeo.
Ella estaba jugando conmigo… me imaginaba que por lo molesta que la había puesto más temprano. Pero era injusto.
“’Muy bien, ya terminamos, volvamos al salón, vamos Bura”, dije a los demás integrantes del equipo, tomando fuerte del brazo a la mencionada para avanzar juntos.
“¿Qué pasó?”, preguntó ella, sin disimular su interés.
“Nada, ¿Qué no puedo estar al lado de mi novia?”, pregunté sonriéndole. “¿Qué acaso es malo que quiera llegar pronto al salón para besarla?”
“Jajajaja sí es malo, cuando lo haces por celoso”, me respondió ella, burlándose con su lengua de fuera.
Nuestro regreso al salón fue de nuevo normal, sin más indirectas ahora que ya estábamos en tregua. Al volver los demás equipos, un representante de cada uno se paró frente a todos y explicó la información que habían adquirido en los variados salones, talleres u oficinas a las que habíamos ido.
Terminando esa actividad, de nuevo se llegó otra explicación, ahora sobre las materias a llevar y reglas a cumplir.
Proseguimos con el formulario de talleres obligatorios, también con una breve explicación de cada uno de ellos por parte de los maestros encargados de esas actividades.
Ya por último, tras recibir nuestras hojas con los horarios, nos dejaron salir libres a nuestros hogares. 2 horas de preparación para lo que se venía en dos semanas.
“Será bueno, por lo que vi, tendremos buenos compañeros”
“Eso lo dices tú por los chicos que te hablaron, ya diré yo cuando entremos, no quiero juzgar antes al menos.”
“¿Lo harás por mí?”, preguntó ella, atravesándose en mi camino y logrando bloquearme. Se veía muy feliz haciendo eso, GOZABA de verme rendido ante ella.
“Por cierto, vamos a comer algo, ¿no? Tengo mucha hambre”
“Claro, yo también… ¡¡oye, no cambies el tema!!”
“Jajajaja perdona, pero no dejaré de hacerlo hasta que te hartes.”, le dije sonriente, jugando como lo hacía conmigo.
Andar y andar, así seguimos hasta transitar de nuevo nuestra colonia e ir a un pequeño establecimiento de comida para almorzar. Me sentía muy bien a solas con Bura, esperaba que así fueran todos los días desde que entráramos a la preparatoria… pero eso sólo lo haría monótono y se formaría costumbre… una muy mala costumbre sería.
“A quién sabe esperar, su recompensa le ha de llegar…”
Pasó alrededor de dos horas, para que pudiera volver a mi casa. Sabía que al llegar, mis padres me preguntarían por cómo me habrá ido en la preparatoria y si me sentía cómodo en un ambiente así, mientras que Ryou me cuestionaría por las cosas que había hecho con Bura. Ya estaba preparado, ya sabía que decirles exactamente.
“Todo lo que sube tiene que bajar…”
“¡¡Oye, espera…!!”, grito, al escuchar la voz madura de ``Muerte´´ a mis espaldas.
Por un fragmento de segundo, alcanzo a percatarme de su presencia y veo su cabello azul, pero desaparece tan pronto como volteo completamente.
¿Habría sido mi imaginación?, el vidrio espejo que estaba a mi lado… ¿por qué no me di cuenta antes para ver más rápido? No tenía caso, lo mejor era tranquilizarme y seguir avanzando.
Me apoyé en la pared de mi derecha, tambaleo como muñeco, sintiendo como si alguien me moviera el piso. El dolor a mi cabeza no tarda en llegar, y recuerdo, que antes de salir no me había tomado alguna pastilla, en realidad no pensaba que la gripa fuera a cambiarse por un fuerte dolor de cabeza.
Me recuperé, así que sin dudarlo continué con mi recorrido del cual no faltaba mucho para llegar a mi casa, ahí llegaría, saludaría y me iría directo a mi cuarto a descansar.
Toco la puerta de la casa, para sorprenderme de que al poner fuerza, ésta se abre. No habían cerrado bien.
“¡¡¡MUEVETE!!!”
Tiemblo de miedo ante aquél furioso grito, no era porque fuera alguien tratando de sorprenderme, no fue porque se trataba de una persona desconocida… lo que me hizo temblar fue mi padre, un grito cargado de enojo seguido de un fuerte golpe a la pared.
Mi cuerpo se había petrificado al poco entrar a la casa, tenía miedo de adentrarme más a pesar de ser mi casa. Mi corazón casi explota.
Fuertes y constantes alaridos de mi padre y más y más golpes a una pared. Me dolía la cabeza y la espalda.
También escuché replicas, pero ahora eran de mi madre, que aun así sin verla, podía sentir el miedo que tenía, a través de sus palabras. Cerré los ojos, intentando escapar sin siquiera saber la razón, me había tomado tan repentinamente.
“¿Qué debo hacer?... quiero ir… pero no… tengo miedo… paren… por favor, paren… no quiero revivir esos momentos…ja ja… no quiero… ja… sucede de nuevo…” decía lamentable, cayendo de rodillas, conteniendo lo más que pudiera, cualquier muestra de enojo, arrepentimiento o locura. “Ja…jaja… Ryou… no me digas que Ryou…”
¿Cuánto faltaba para que aquellos días tranquilos con los amigos que tenía, cesarán de facto?...
El nacimiento de la primavera, los buenos momentos y malos del verano, habían acabado… ahora, cambiando tan naturalmente, las hojas de los enormes y varios árboles, dieron el aviso de un cambio de estación, un cambio de ambiente…
… las hojas secas empezaban a tocar el suelo, mientras eran trituradas por los pies de quienes pasaban sobre ellas…
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