DÍA 1043
“Por favor Taiyou… cálmate… me pones de nervios…”
“Ja… no puedo… si pudiera, habría encarado a mis padres…”
“Por favor no te presiones Taiyou…”
“¡¡¡¿Qué no me presione?!!! ¡¡Me gustaría hacerlo jajajajajaja!!... jajaja… snif… csf… ¿Cómo podría?... ¿Cómo podría Ruka?... Nadie me entiende…”
Segundo acto: Consecuencias.
Era tarde, tal vez los sucesos eran diferentes, pero ya era tarde… no había salido para la situación que teníamos Ryou y yo.
Ese mismo día que habían empezado las discusiones entre mis padres, fueron una vez más por Ryou, que se había desmayado en la secundaria en pleno acto de honores a la bandera.
No era gripe lo que tenía esos días, sino que se desarrollaba la enfermedad que Ryou guardaba desde pequeña.
“Es el mismo caso que aquella chica… no podemos hacer algo más que tratarla…”, fueron las palabras del doctor, en cuanto Ryou fue trasladada ahí, junto a mi madre que era la que había llegado a socorrer a mi hermana.
Ryou se recuperó y fue junto a mi madre de vuelta a casa, teniendo en cuenta las citas de tratamiento para Ryou, pero hacía falta el coraje en mi madre para decirle la verdad a Ryou, a mi padre y a mí.
Esa fue la acción que ocasionó la reacción.
Mi padre no pudo asimilar la verdad, aunque no lo pareciera, él era de las personas que no conocían la paciencia, razón por la cual no podía relacionarse con mis tíos (por obvias razones).
Su coraje estalló en la primera salida hacia mi madre al usar palabras que fueron malinterpretadas. La arrinconó hasta su habitación para discutir, pero conforme las ideas se iban reuniendo entre ellos, también lo hacía la exasperación.
No me perdono, y nunca me perdonaré, era justificable que tuviera miedo… pero sabía que tenía que moverme, ni siquiera por mis figuras paternas, ¡tenía que hacerlo por mi hermana!... pero tardé en reaccionar, tardé mucho, para cuando había llegado al cuarto de Ryou, ella se encontraba en su cama, tapando lo que más pudiera el ruido con sus almohadas. No fui fuerte, y mucho menos inspiraré apoyo a quién me importa.
Eso fue el primer día, los que siguieron fueron incluso peores, empezando desde las mañanas en que Ryou se levantaba para asistir a la secundaria. Era cuando debía actuar, era el momento justo para intentar dialogar, pero… pero yo mismo no me comprendía… el miedo de mi pasado se había acrecentado en todos estos tres años, no quería salir del cuarto, tanto por ellos, como para volver a ser la persona fría que una vez fui.
El ambiente en casa no le hacía bien a Ryou, de eso me daba cuenta cada vez que llegaba y miraba a la cara a mis padres en sus momentos de “descanso”. Ahora recordaba, la Ryou de mi otra vida también comenzó a odiar a mis padres por mi debilidad.
Fue una nada de mi parte pero, un momento que estuve a solas con ella, platique lo más que pude sobre lo que podría pasar y que no se dejara llevar por sus sentimientos. Ya no era una niña que podría engañar con la frase: “los que se pelean, es porque se quieren”… tenía que convencerla con la verdad, y con rutas de acción a tomar. Así quedamos de acuerdo, en que yo comenzaría a dormir junto a ella todos los días hasta que las peleas cesaran.
“Taiyou… ¿por qué nosotros?... ¿Por qué tuve que tener esta enfermedad?... ¿Así habrá estado Nanara?”, preguntaba mucho mi hermana, con una seriedad con toques de tristeza.
¿Por qué ella o Nanara, habiendo miles de personas que no valen la pena? Excelente pregunta que nunca tendría respuesta.
Nos quedábamos nosotros dos solos, no queríamos involucrar a alguien más, sólo esperando que las discusiones, el alboroto parara, y se dieran cuenta de lo que en verdad valía la pena… aun con mi hermana, seguía siendo un cobarde que no quería afrontar la realidad.
Mis sueños o la preparatoria a la que recién había entrado, eran mis únicas horas en la que podía sentirme más tranquilo.
“Taiyou, te quiero mucho… quiero mucho a mis padres… me gustaría hacérselos recordar para que pararan de pelearse”, me comentó ella en una larga y oscura noche en nuestras camas. “Préstame tu apoyo para poder hacerlo.”
“Claro Ryou, yo siempre te lo daré, descansa por hoy, será otro largo día mañana.”, le decía, mientras frotaba su cabello para verla sonreír.
“Sí, ya mañana nos ocuparemos.”
No hubo un mañana, nunca pudo existir un día después.
“¡¡¡Dejen de portarse como pareja adolescente!! ¡¡Maduren, por favor!!”
“Perdone… pero no soy igual que los pinches perfectos del otro lado de la familia… ¡¡esta es NUESTRA casa!!”
“Padre, cálmate… y tú también Ryo, no te le dirijas así.”
“¡¡¡Me importa un puto comino!!! Esta no es su casa, no son sus problemas…”
“¡Claro que lo son por Dios! ¡Te metiste con mi hija! ¡Pero no es por eso que vine, llegue aquí a llevarme a Taiyou y a Ryou de este tenso ambiente, quieran o no!”
Ryou y yo pensamos que con la intervención de un tercero, las cosas se calmarían un poco; y bueno, así fueron los primeros cinco minutos, hasta que uno de los tres tuvo que reencender las llamas. Era inevitable.
Mi abuelo hacía frente a mis padres, pero no conseguía tranquilizarlos, tal vez era mal mencionarlo… pero tanto mi padre como mi abuelo, tenían razón en algunas cosas… mi madre ahora pasaba como mediadora, un muy desventajoso puesto.
Al final tuvieron que entrar los nuevos padres de Haruka a estorbarles a mis padres en lo que mi abuelo nos pedía que le acompañáramos por un tiempo a su casa. Mi decisión fue corroborada principalmente por Ryou, así que salimos de la casa con la esperanza de que nuestro distanciamiento fuera para mejor.
Mi padre gritaba, amenazaba y golpeaba, parecía una bestia que reclamaba lo suyo, y era triste, verle en ese estado.
En la camioneta que estaba estacionada afuera, podía observar a Haruka, como nos veía preocupada, sus ojos también reflejaban miedo; era seguro que ella debió de escuchar todo lo que nuestros padres habían expulsado frente a su familia.
En segundos después llegaron nuestros tíos políticos, que subieron junto al abuelo, para dar marcha al recorrido, dejando atrás el conflicto al que se habían metido para intentar “ayudar”.
Ryou se recostó en mí, y Haruka como apoyo lo hizo con ella, abrazándola fuerte; no sabía qué era lo que más me preocupaba: si la furia que tendría mi padre ahora, o que Ryou se mostrara tan seria en el mismo momento.
“Vengan, aquí se van a quedar.”
“Gracias por traernos Haruka, aquí está tu propina.”, le digo a mi prima, dándole un dulce de menta en la mano.
Era de esperar que ella se enojara e intentara pegarme, pero al menos, eso hacía divertir un poco a Ryou, quién era por lo que yo actuaba así.
Uno de los cuartos vacíos del segundo piso sería donde nos hospedaríamos, con la noticia de que también se encontraría Haruka.
“Oigan… ¿quieren comer algo?”, preguntó la mencionada.
“¿Ya sabes cocinar? Que sorpresa.”, decía Ryou muy feliz, al contrario de cómo estaba nuestra prima al escucharla.
“En realidad… iba a sugerir unas sopas instantáneas je je…”
“Bueno, por mí no hay problema.”, le dije a ella, esperando confirmación de Ryou. Ella asintió también.
Este era otro sitio que tampoco no había visitado en un buen rato, me sorprendía que no hubiera algún pequeño detalle en que cambiara, todo seguía igual, ¿sería acaso por preferencia de mi abuelo? Tal vez mantener los recuerdos intactos es lo que buscaba.
A diferencia del día familiar de los Hashiyama, todo se encontraba en completo silencio por la gran casa, ni siquiera se escuchaba la conversación de nuestro abuelo con los padres de Haruka que estaban en la sala.
Era curioso, al voltear a ver cada vez a Haruka, me hacía recordar que aquí mismo, era donde ambos nos conocimos por primera vez. Testaruda, orgullosa, pero tímida y de buen corazón… viéndolo… no había mucho cambio en ella en sus aspectos negativos.
“Ni se te ocurra mencionarlo.”, me amenazaba ella, leyéndome la mente justo antes de quererle decir algo.
“No, nada…”
¿Por qué me daba la impresión de que ella estaba molesta? Nuestro juego de miradas por todo ese día, hacía reír mucho a Ryou, fue hasta la noche, donde me atreví a preguntarle.
“¿Y todavía lo preguntas?”, me respondía ella molesta, acostada en la cama de su cuarto. “No es por nada de hoy… así que no te preocupes, es solamente una molestia, sólo eso.”
“Pues no puedo decir que me agradan mucho esas palabras Haruka.”
“Me ahorro mi comentario”
“¡¡¿Cómo que te lo ahorras?!! Dime que ibas a decir”, exijo a ella, pero obtengo más molestia por su parte, y que me muestre su mano mientras la abría y cerraba, diciéndome bocón. “Muy bien, si me buscas, estaré en el primer piso, hablándole por teléfono a Bura.”
“¡Que te diviertas!”, me grita, levantándose de la cama para llegar conmigo y empujarme hasta dejarme fuera del cuarto.
“Tan predecible, ¿verdad, Haruka?”
“Oh que caray… por fin están ustedes dos, y se tienen que pelear”, me riñaba Yudai el próximo día, que había llegado a la casa del abuelo a visitarnos.
Era día de clases, por lo que Haruka tuvo que asistir a su respectiva institución; Ryou estaría en un ``descanso´´ con el debido permiso a su secundaria, y a mí, bueno… ese detalle no me importaba mucho.
“Mira Taiyou… ¿Por qué no aprovechas esta tarde para ir junto con Haruka y Ryou al cerro? Estoy seguro que es temporada de granadas… y sé cuánto les gusta mucho las guayabas”
“A ver Yudai… ¿son granadas o guayabas?”, pregunté, confundido por lo que había dicho.
“¿Acaso dije algo malo? Jajaja bueno, ya… mejor vayan y punto”, decía él muy despreocupado, sacándome unas risas. “Mira Taiyou… hay un dicho que me gusta mucho recordar… ``al mal tiempo, dale buena cara´´… ¿Qué tienes que perder? ¿Sería lo mismo llorar, que estar llorando con una sonrisa en tu rostro? Pienso que así se disminuiría el dolor dentro de ti.”
“Tal vez… pero fíjate quién me lo dice, la persona que hace meses se quejaba de que sonreía tan falsamente”, le respondí bromeando.
“Bueno, una cosa es sonreír para ocultar tus sentimientos, y la otra es sonreír por tus sentimientos…”, Yudai después de decir eso, se quedó callado, como reflexionando lo que había dicho. Bajo su sonrisa, y me miró por otros segundos, hasta que volvió a reacomodar sus pensamientos. “Taiyou… olvida lo último que dije, hasta yo mismo me confundí jajaja”
Transcurrieron las horas para que llegara mi prima a casa. Como último favor de Yudai, él se encargó de invitarla a la caminata por el cerro, donde Haruka accedió sin problemas al conocer que Yudai y Ryou también estarían a nuestro lado… aunque claro, ya sabía que Yudai se saldría apropósito.
“Perdona hermano, no tengo ganas de salir hoy”, me respondió Ryou a último momento.
“¿Te sientes mal hermana?”, le pregunté, temiendo a que estuviera a punto de enfermar más. Ella recargó su frente sobre la mía mientras sonreía, dándome a entender que se encontraba en condiciones buenas.
“No, es que no tengo ganas, en serio… así podrás estar con Haruka y platicar mejor.”
“Ok, gracias Ryou, aun así, Yudai estará aquí por si lo llegaras a necesitar, ¿ok?”
“OK”, me respondió ella, tan brillante.
Ahora toqué al cuarto de mi prima, que no tardó en salir preparada para la caminata. Al momento le conté lo que había pasado con las decisiones de Yudai y mi hermana, no pudo evitar soltar una expresión de molestia, pero no dijo que no iría.
Así, avanzamos con lo planeado.
“Muy bien, tú dices por cual sendero vamos”
“La última vez que vinimos, escogimos la ruta de la derecha, así que vamos por la izquierda”, respondió ella normal.
“Oh ya, entonces el año que falte tomaron el mismo camino que el antepasado.”
“No… en realidad el año pasado cancelamos el viaje al cerro, por obvias razones familiares”, me platicaba, aun sin expresar alguna emoción. “¿Sabes?, perdona si soy muy franca pero… nuestra familia tiene muy mala suerte.”
“Sé a lo que te refieres”, le respondo, sonriéndole un poco, para que me tomara confianza.
“Parece que estamos destinados a perder algo… estamos como la familia de los Kennedy o la de Bruce Lee.”
“Oye Haruka… dime que es lo que te aflige, con respecto a mí.”
“¿Por qué debería? Lo que yo piense de ti, lo mantendré solo para mí”, me dijo ella, ahora frunciendo el ceño.
Le detuve tomando su brazo, instintivamente ella volteo a verme a los ojos, poco después, se dio cuenta de que no le había tomado del brazo por molestarla, sino que me había resbalado en lo que subíamos aquella colina tan conocida por sus piedras resbaladizas.
“Perdona por tomarte tan fuerte, pero fue mi reacción”, me disculpo con ella, después de acomodar mis piernas mejor.
“No tienes porque… yo hubiera hecho lo mismo.”
“No es cierto, estoy seguro de que tú en este momento preferirías caerte que pedir mi ayuda”, le comentó con sinceridad. “ ``Los amigos están para criticarse en sus caras, y protegerte las espaldas´´…”
Cite otras de las palabras que me había dicho Yudai en la casa, de principio no sabía porque era que me lo había dicho… pero ahora sé, que sabía que llegaría el momento en que se lo mencionaría a Haruka.
Ella se detuvo, se tomó del pelo y comenzó a frotarlo con fuerza y remarcado enojo.
“Eso es lo que me harta aún, que hayamos caído a amigos”, soltó ella sin verme a los ojos. “Es natural que pasara, pero es difícil aceptarlo.”
“Lo sé, y es mi culpa… nunca me disculpe como debería”, le dije con la verdad. “Perdona, perdona por obsequiar tu regalo a Nanara… pero sabía que era lo correcto, yo…”
“¡¡Ya lo sé Taiyou!!”, me interrumpió estallando, sentándose en una roca en donde pedía que también lo hiciera. “Sé que has de tener tus razones para haberlo regalado… pero duele que hayas regalado algo que me era muy importante para mí… siendo Nanara o no.”
“Yo también sentí algo muy familiar a lo tuyo cuando era niña, el collar que llevo conmigo siempre me lo recuerda…”
“Haruka, por favor déjame compensarte, contándote la razón por la que le regale tu collar a ella”, le dije, espere respuesta suya, pero sólo se quedó callada; así que mejor, decidí proseguir. “Nanara vivió en carne propia un incendio en su hogar… no perdió a sus familiares, pero observó la muerte frente suya, con una vecina que quería sobrevivir… ¿sabes cuál fue la razón del incendio? Nadie lo supo… fue un “extraño incendio” como otros que he conocido y perdona que te haga recordar.”
“No… está bien…”, respondió lentamente, mirando directo al vacío.
Su reacción, era la que siempre estuve esperando, aquella que me dijera… si Haruka podría sentirse también identificada. Era aquella expresión de tristeza, nostalgia, pero mezclado también con tranquilidad y comprensión.
“Haruka… como Nanara y yo, ¿te has topado alguna vez con una persona de ojos rojos?”
“… No, Taiyou… la vez en que murieron mis padres… sólo me encontré con este collar.”
Había metido la pata, la había metido completamente; metafóricamente me encontraba yendo muy rápido contra un barranco y el freno no me salvaría de éste.
Me confié demasiado en que las cosas serían las mismas, creía que las posibilidades eran del 100%, pero ya me di cuenta que no era así…
“También recuerda Taiyou… cuando creas entender a una mujer, en ese momento, será donde quedarás muy patético frente a todos…”, debería de hacer más caso a Yudai, algo me dice que cuenta con algún don para ver el futuro, o al menos, conoce a las chicas.
“Dime, ¿Qué se trata eso de los ojos? ¿Qué viste?”, cuestionaba Haruka, muy interesada en las palabras de más que había dicho.
“No, nada… sólo estaba bromeando, quería sacarte información jeje”, mis palabras no surtieron efecto, ella ya se estaba concentrada en ese punto, no dejaría que el tema se terminara ahí. Buscaba que Haruka se animara más conmigo, ¿no? Pues, obtuve lo que quería. “Mira… perdona, pero no me entenderías… únicamente puedo decir que ese collar, Nana lo vio también el día del incendio… he estado pensando, que hay una conexión.”
“¿Y si encuentras una conexión qué?”, dijo ella la pregunta que ya me estaba esperando.
“Me gustaría poder evitar otra tragedia.”
Me observó analíticamente, había dado la mejor respuesta falsa que podría decir, ¿pero sería lo suficiente como para engañar a alguien que ya dudaba de lo que digo?
Me sonrió, para después darme un beso en la mejilla y levantarse de la piedra en la que estábamos reposando.
“Vamos Taiyou… falta mucho para terminar.”
“Lo sé Haruka… lo sé.”, le respondí también incorporándome.
“Entonces hay que buscar esas frutas a las que se refirió Yudai, tengo hambre jeje”
“…”
“Para después decirle al abuelo que caliente un café o canela para poder comer un pan que trajo ayer.”
“…”
“Y también ya está oscureciendo, así que… Taiyou, ¿me estás escu…?”
“Te estoy escuchando, no te preocupes jeje”, le respondo tranquilamente, haciéndola suspirar.
Un pensamiento… fue capaz de hacerme perder el sentido por varios segundos. No era la primera vez que lo tenía, de eso estaba seguro… el deseo de dejar de seguir algo, tan solo desviarte del camino a propósito, hacer que las personas se preocupen por mí… tanto como yo me he preocupado por ellas… ¿sí lo harían?
Dude como si por cualquier decisión que tomara, pudiera ganar algo…
“Oye Taiyou…”, me llamó la atención Haruka. “¿Te puedo contar algo?”
“Claro, ¿Qué es?”, le pregunto, acercándome a su lado.
“No estás solo, si tienes algo que contar… tienes a muchas personas a tu alrededor; yo estaba celosa de eso, yo perdí a mi familia y no tenía con quién escudarme, con quién desahogar mis penas… y no hubo necesidad, tuve al abuelo y después a tu familia… tú tienes muchas personas, sólo no mires el suelo que si no, no las verás…”
“Por favor… es que todas las personas me tendrán que sermonear”, digo molesto a mi compañera, que me da de golpes por mi respuesta hasta que le paro abrazándola. “Pero muchas gracias, gracias Haruka… eso fue lo que no me dejaste terminar.”
Terminamos el recorrido y recogimos la fruta que nos había encargado Yudai, y sí, eran granadas.
Llegamos platicando sobre los videojuegos de Haruka, que me presumía, para la próxima navidad obtener un nuevo PSP, ¿para qué? Bueno, “dos cosas son mejor que una” me respondió ella, y pues, tiene la mitad de la razón.
Ya estaba un poco oscuro el cielo, llegamos a buena hora a la casa para cenar.
La puerta principal estaba abierta, algo extraño ya que mi abuelo es muy precavido, sin dudar Haruka y yo entramos rápido, y ya sabíamos que algo iba mal cuando escuchamos el llanto de alguien.
Era la sala de la derecha donde venía el sonido, era nuestro abuelo, que abrazaba con fuerza, un pequeño marco de foto donde caían sus lágrimas.
Haruka se movió con él, preguntando por lo que había pasado, a la vez que yo, miraba con nervios el marco de sus manos. Sin lugar a dudas, era aquél que mi familia le había regalado, con una foto nuestra como recuerdo para él.
“Ryou”, solté, para correr después al segundo piso.
No podía haber pasado, deseaba que no hubiera pasado, aún era muy temprano, no debía… no debía de perderla. ¡No podía dejarla morir estando sola! ¡No de nuevo!
Mi vista se nublaba, choqué en una pared por la velocidad a la que iba al intentar dar una vuelta, pero no me dolió… ya estaba lastimado, no había dolor físico que me pudiera sacar del sentimiento de pérdida que abordaba mi ser.
Más llantos, provenientes del cuarto de Ryou. Lo peor se venía.
Abrí la puerta empujándola con mi brazo con la fuerza que tenía, sabía que mis manos no podrían hacer girar la perilla, y no tenía tiempo de esperar siquiera un segundo. La puerta también estaba entrecerrada, así que di con la misma proporción de fuerza al suelo, puse mi hombro para amortiguar mi caída, dolía más, pero no importaba… al menos, no hasta que vi a las personas en la cama de mi hermana.
“¡Taiyou!”, gritó Ryou, acercándose a mí, abrazándome duramente.
No era un sueño, no era una ilusión… podía sentir perfectamente los latidos y la respiración de mi hermana; la abrace, confortado de que se encontrara bien… pero no me encontraba la respuesta de porque estaba llorando, así como nuestro primo, del cual no corrían lágrimas de sus ojos, pero expresaba claramente un gran pésame.
“Taiyou… pe-perdona…”
“¿Qué pasa… qué pasa Yudai?”
“¡Nuestros padres!... ¡Nuestros padres!...”, interrumpió Ryou.
Perdí mi noción del tiempo con ello… el dolor seguía dentro de mí…
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