-No es lo que parece-
-Mmm… interesante.
-¿En serio? Me parece de lo más normal.
- No, no lo creo… normal sería tener un trabajo por toda la semana, no tener uno por cada día de la semana, y aparte, en domingo… ¿qué demonios es Matt?
-Jajajaja es un simple humano que quiere vivir, Jonh.
Despierto muy tranquilo, la luz del sol que entra por la ventana me da el calor que necesito para levantarme en las mañanas, bostezo y me estiro con energías, también me ayuda mucho el rico olor a carne cocida en la mañana para quitarme lo modorro que ando. Un buen día fue mi amanecer… pero lamentablemente eso me decía que algo estaba mal en la casa; no era Matt el que cocinaba, era nuestra vecina, y al lado mío ya no se encontraban las mantas con las que dormía mi hermanastro. Pasó algo con él.
-Sí, Matt trabaja todos los días.- fue lo que me explicó una muy alegre Nataly.
¿Trabaja todos los días? Era algo anormal que no tuviera descanso.
-Ah no, es que tiene un trabajo diferente cada día.
Esto era aún más anormal… ¿trabajar todos los días… y sin descanso? ¿Qué no era mejor tener un solo trabajo? Bueno… la vida de Matt, es la de Matt… no ganaría algo preocupándome en sus problemas, ¿no? Por eso mejor decidí dejar de pensar en ello. Dejando esto a un lado, el almuerzo que me hizo ella, estuvo muy delicioso, me encantaba volver a probar comida hecha a mano que una elaborada en otra parte.
-Qué bueno que te gustara, estoy segura que la chica que te gusta también te cocinará cuando te le confieses.
-Oye Nataly… ¿Qué tantas cosas te ha dicho Matt sobre mi vida?- le pregunté con miedo, ocasionando un efecto contrario en ella, que soltó una sonora risilla de vergüenza.- No, Sofía no sabe cocinar… bueno, la verdad sí, pero le da una pereza hacerlo… su madre le hace el almuerzo de la escuela.
-Oooh ya, bueno, pero estoy seguro de que un día especial, ella te hará algo de comer en su casa… o en efecto, tal vez tú.- me platicaba naturalmente, sentándose en la silla frente a mí, recargando su cabeza contra le mesa mientras me observaba beber mi café.
-Y dime… ya que tú sabes de Sofía… ¿tienes novio o algo así?
-Mi novio es Matt.
-¡¡¡¡¡pffffffff…!!!!!
-¡Jajajajajaja! Es broma, es broma hombre.- me decía ella burlándose, dándome de golpecitos en la espalda por la tos que me llegó con su broma.
Ya calmándome, le observe a los ojos, estaba más que claro que aquella jugarreta no era de mi gusto, no quería imaginarme que mi único hermano fuera un asaltacunas.
-¿Sabes? Me da algo de vergüenza decirlo, soy un año mayor que tú y no he tenido alguna relación buena, solamente la de aquellos días de secundaria, que ser novios era decirlo nada más.- comentaba ahora sinceramente, lo podía ver en aquellos ojos que no miraban a los míos.
-Ah bueno, perdona por la pregunta.
-No, no te preocupes jeje no es como si me fuera a quedar solterona por siempre jajaja tal vez no tenga alguien que me guste en estos momentos, pero hay miles de personas, ¿no crees?
-Exacto, pero recuerda, mientras más vieja te hagas, menos te querrán.
-Muchas gracias por la indirecta, ¿eh?- me dijo ella, sonriéndome levemente.
-Oh cierto… perdona por la curiosidad… ¿pero cómo le hiciste para entrar aquí en lo que no estaba Matt?
-Es que yo tengo unas copias de las llaves de aquí, ya sabes, para emergencia; aparte, Matt me encargo que te cuidara en lo que él no estaba, no quería que aprovecharas este tiempo para escaparte.
Ya me imaginaba algo así, aun a pesar de llevar un día entero sin escaparme, no me tiene la confianza suficiente. Pero de que me quejo, es mutua la desconfianza.
Un buen rato libre sin hermano fastidioso a cargo… sí… ¿y ahora que hacía?
No puedo salir del departamento, no hay algo con que jugar dentro de él, no tenía algo yo para entretenerme dentro de mi maleta… ¡¿Cómo le haría para pasar las horas?!
Intenté con la televisión, pero era domingo por la mañana, no hay nada bueno los domingos por la mañana y menos en televisión abierta. Pregunté a Nataly si tenía algún reproductor de DVD o consola de videojuegos, pero no tenía ni uno. Busque dentro de las cosas de Matt algún reproductor MP3, pero tampoco.
Un día sin Matt, ¿tendría que ser tan aburrido? Me dolía mucho que sólo pudiera encontrar entretenimiento, cuando estuviera cerca de él. Que cosa tan mala he de haber hecho para recibir tal castigo.
-Oh, espera… un cuchillo… al menos sé a qué jugar…- digo conformado, mientras me siento con en la mesa con el cuchillo que tome.
-¿Qué vas a hacer con eso Jonh?- me pregunta Nataly, que aparece a mi lado sin que me dé cuenta.
-Oh, tú sólo obsérvame, soy un amo en esto.
Pongo mi mano izquierda abierta sobre la mesa, con mi mano derecha tomo el cuchillo, respiro un poco y sin esperar más, comienzo a tocar con la punta del cuchillo sobre los espacios entre mis dedos de manera muy rápida. Un error y el cuchillo queda incrustado en un dedo, o lo peor, llegar a cortármelo, pero había practicado esto antes, así que no era tanto problema, únicamente controlar mis nervios y listo.
-¡¡Idiota!!
-¡¡Agh..!!
Justo cuando ella me ofendió, intentó parar el juego a mitad del aire, pero más que detener mi mano, la empujo como para cortarme en el dedo anular. Fue un rozón para mi fortuna, fue más doloroso el pensar que pudo llegar a darme de lleno que lo que en verdad recibí. Suspiré.
-De verás que estás menso como para jugar esto.- me regañó, apartando el cuchillo lo más lejos que pudiera de mí, cual madre apartándolo de un travieso hijo.
-Oye, ¿acaso no viste? Llevaba tres veces de hacerlo y no me había pasado algo hasta que metiste tu mano, ESO SÍ es peligroso.
-¡¡Yo estoy a cargo y punto!!
He ahí mi alternativa de diversión, opacada por mi encargada.
-Además, si tienes tanto aburrimiento, ¿por qué no haces lo que yo hacía cuando me quedaba a cuidar sola la casa?- cuestionaba, de nuevo mostrándome su alegre sonrisa.
-¿Qué es lo que hacías?...
-Wiiiii~~~ hoooolaaaa~~~~… ¿Qué acaso no es divertido?
¿Por qué no me lo había imaginado… que su entretenimiento era sentarse frente al ventilador a hacer esos ruidos extraños y distorsionarse la voz? Claramente no era una opción para mí, porque digo… ¡¡¡¿Qué acaso soy un escuincle aún?!!!
-Entonces no me dejas alternativa, te prestaré mi laptop.- habló ella, levantándose del piso para caminar directo hacia la puerta.
-Pero oye… ¿no que no tenías algo que prestarme?
-Tú dijiste reproductor de DVD o consola de videojuegos, nunca dijiste computadora o laptop jeje- me respondió, saliendo sin más por la puerta y dejándome con cara de poker.
-No cabe duda, estar frente al ventilador por tanto tiempo te mata neuronas.
No tardó en regresar con la susodicha laptop blanca. No evite sonreír de alivio, aunque fuera entretenerme con los juegos precargados en la memoria, escribir algo, escuchar música instrumental o intentar mejorar mis habilidades en el paint… al menos las cosas irían mucho más rápidas.
Tomé con cuidado de las manos de Nataly la laptop, me senté en el sillón y la recargue sobre mis piernas, levanté la pantalla y presioné el pequeño botón de encendido que venía en la misma pantalla.
-¿Esta chula, verdad? Es lo más preciado que tengo.- conversaba conmigo la legítima dueña que estaba detrás de mí.
-La verdad que está bonita, me gustaría tener una de esta… marca…
No era posible, debía de ser alguna mala broma o una copia china. Me quedé mudo, digo, como no hacerlo teniendo “esto” en las manos. Así como en la sociedad hay niveles, siendo lo más alto los aristócratas o burócratas; la computadora que tenía sobre mis manos era lo máximo en nivel de calidad. Fácilmente tenía $3600 dólares en mis manos, ¡¡¡3600 dólares!!! ¡Tenía un pequeño pero útil auto sobre mis pies (hablando en equivalencias de precio)!
No podía mentir, ahora tenía miedo de usar tal laptop, me daba miedo que algún error mío ocasionara gran pérdida, Nataly no mentía en que era lo más preciado que tenía, ¿pero cómo o con qué lo consiguió?
-Lo siento Nataly… siento que esta computadora no me dejará entrar siquiera al escritorio, ha de tener un letrero que diga “El sistema no ha sido activado por ser usada por un indio”
-Jajajaja vamos, es una computadora común y corriente.- me decía ella, pensando que lo decía en broma.
-No, Nat… la computadora de mi casa, Compak, es una común y corriente… ¡tú tienes una Apple, la reina de las computadoras! Estos están diseñados para gente de alto cache que pueden gastar mucho por una de estas, en lo que nosotros pagaríamos parte de la hipoteca de una casa o el enganche de un automóvil.- le expliqué, con seriedad marcada.
-En serio no pasa nada, sé cuánto vale una de estas, pero también sé que es una de las más seguras; y no eres un niño, ya sabes cómo tratar correctamente una pc, así que no te preocupes en serio.
-Bueno, gracias por confiar… pero me llegó la duda…
-Ah, es que mi padre trabaja en Apple en Gringolandia, me dio esta computadora como regalo de navidad hace dos años cuando nos visitó… ¿creías que me había drogado con mensualidades o que me la había robado, eh?- interrogó, poniendo sus brazos por mi cuello en una especie de candado de lucha.
-No, no… es sólo que se me hace extraño, es raro que veas a alguien con una de estas… así que entonces vives sola con tu madre.
-Exacto.- afirmó, liberándome del movimiento.- Oye, ¿Qué te parece si vamos a visitar a otras personas del edificio? Más específico, a unas amigas del piso de arriba.
-Mmm… no sé, ¿no que Matt te había encargado que no saliéramos de aquí?
-En realidad dijo que no saliéramos del edificio… así que no estaríamos rompiendo las reglas jeje
Nataly me tomó del brazo, en un intento de levantarme del sofá, pero yo tenía mis severas dudas de visitar a gente desconocida para mí, en cierta parte no quería molestarlas y… ¡qué digo!, era flojera…
-Creo que tienen internet inalámbrico en su departamento.
-¿Con qué en el piso de arriba, eh?- pregunté con ánimos.
Era una oportunidad que tal vez no podría repetirse, pero… aun así mi dignidad había bajado tanto, por caer en la trampa de esa chica. Algo debió de aprender de Matt en todo el tiempo que le ha de conocer.
Así salimos (con la lap) al piso de arriba, que si mal no recordaba, estaba aquella señora molesta…
-La doña de las camelias.
-Sí, eso.- contesté, extrañado de que supiera lo que estaba pensando.- ¿Y por qué la llaman así?
-Bueno, su sobrenombre vino de los vestidos, faldas, blusas que siempre usa, ya te imaginarás que tienen.
-Estampados de esa flor.
-Exacto.- me dijo sin perder la vista de enfrente.- Pero Mat, otros vecinos y yo, ponemos apodos a las personas que nos caen muy bien o los que son tediosos, la señora es una tediosa presumida, ahorita verás porque, queriendo o no pasaremos frente a su departamento.
Señalándome a mi izquierda con un gesto de desprecio, podía observar una puerta blanca, teniendo a lados macetas de flores y unos adornos colgando del techo. No encontraba por qué la molestia de todo esto, digo, ella puede poner macetas, ¿no? Le gustan las plantas, no lo hace por presumir.
Pero ahora fijándome bien al frente, unas rejas no nos permitían el paso a la otra mitad del pasillo. Había una puerta, pero si Nataly no la intentaba abrir, era por algo. Del otro lado, habían muchas más macetas.
-Estas rejas las puso la Señora, ¿con que fin? Nomás adueñarse de esa parte del edificio, aun sabiendo que en el último piso está el patio donde se SUPONE los inquilinos podemos lavar nuestras ropas.- explicaba aun molesta, y ahora ya entendía de donde surgía.- Digo, se soluciona con que cada uno tenga copias de las llaves, ¿no? Pero noooo… nos tiene desconfianza de que arruinemos a sus plantas y no nos permite el paso.
-¿Y cómo le hacen para pasar?- pregunté interesado.
-Pues los vecinos del otro lado de la reja, justamente pidieron sus copias de la puerta, ¿Por qué si no como le harían para salir? Mis amigas viven del otro lado, ellas siempre me abren la puerta ya que no se lo podemos pedir a la doña esa, sólo que hay un pequeño problema… ¿tienes buena puntería?...
Sin darme oportunidad de preguntar, Nataly tomo una de mis manos y me dio una moneda de 50 centavos.
-¿A cual puerta le debo dar?
-A la penúltima de la derecha.
No era bueno lanzando, pero tampoco era malo, así que era un 50 de 50 a que le diera bien. Me pegué lo más que pude a las rejas, mi brazo cupo entre uno de los espacios para así que el tiro no fuera mucho más largo; apunte, y tras tres segundos de su duda, lancé la moneda, dando muy bien en la puerta, ocasionando un fuerte golpe.
Celebré por mi tiro.
-¡¡Corre!!- me gritó Nataly, quitándome la lap de las manos y dejándome atrás mientras retrocedía.
-¿Eh, pero si yo…?
- ¡¡¡Mendigos escandalosos!!!
Ese último grito hizo que un escalofrío recorriera mi columna, fue tan potente que incluso hubo eco tardío por el pasillo. Nataly ya no se encontraba a mi vista, y ya sabía porque, una señora gorda, chaparra, con la cara arrugada por los posibles tantas furias que se echa al día, amargada, y mostrándome los diente cual perro como advertencia de que estaba en su territorio; ahí observándome desde la puerta de su departamento, era la doña de las camelias que hacía honor a su nombre con su vestido de camelias rosas como estandarte.
El aroma de su perfume llegó a mi nariz, olía demasiado a señora vieja, como mis abuelas… como si fuera algún tipo de repelente para hombres. O una de dos, estaba así porque era viuda, o nunca en la vida ha sido satisfecha por alguien del sexo opuesto.
-¡¡Oh señora!!... muchas gracias por encontrar a mi pequeño hermanito extraviado.- llegó un muchacho mayor, acercándose lentamente a la señora para saludarle con una sonrisa. Sobraba decir de quién se trataba.
-Oh, joven Matt… no sabía que este era el pequeño hermano que tanto me presumía.-conversaba la mujer, escondiendo fácilmente su enojo con una máscara de aquella amabilidad que distingue a algunas señoras mayores. También, podía observar cierto gusto de ver a mi hermanastro.
-Hasta esta señora me conoce…- pensé.
-Bueno, disculpe Señora Amalia, me tengo que llevar a mi queridísimo hermanito a que lo inyecten contra la rabia; que usted me creerá, pero este niño aun le sigue teniendo miedo a las agujas.- aprovechaba para burlarse sonoramente junto a la ahora tranquila señora. Si no hacía berrinche de algo, era porque me estaba salvando de una buena.
Despidiéndonos de la señora, ambos bajamos por las escaleras al otro piso, donde nos esperaba Nataly nerviosa.
-Muy bien chicos… ¿puedo saber que hacían… ¡¡¡arriba!!!?- interrogó Matt, cambiando la sonrisa falsa que tenía por una mirada de molestia por ambos.- ¡Agradezcan que salí temprano de trabajar, sino Jonh, estarías ahorita mismo dando mantenimiento a cada una de sus plantas! Y tú, Nataly, si eso hubiera pasado, yo te hubiera puesto a ayudarle. Si digo que no salgan, NO SALGAN y menos al piso de arriba.
-Pe-pero… queríamos ir a visitar a Berenice y a Carla.- se hacía explicar Nataly.
-Lo sé, pero te he dicho muchas veces que no lo hagas por ese método, mejor baja con Don pilas y pídele por favor que si te permite hacer una llamada al departamento de las chicas.
-Se me había olvidado…
-¿Y tú, Jonh? Pensé que estarías a cargo de mi hermanita.
-Oye, oye, oye… ¿qué?- pregunté confundido.
-El deber de un hombre es el de cuidar a las chicas, sin importar la edad, tú debías de mantenerla encerrada en el cuarto hasta que volviera. Pero como tú fuiste quién enfrentó a la Doña de las camelias… te dejaré con sólo esta advertencia.- me dijo Matt, pero no puse un solo pero, era lo mejor por ahora.- Como sea, ¿quién quiere ir a jugar un rato a las arcadias?
-¡¡Yo!! ¡Vamos, Jonh!
-Eh sí…
Que forma tan interesante de Matt de castigarnos… primero el regaño y después nos invita a jugar a las arcadias cuando éste mismo se queja por no tener dinero y sé perfectamente que lo hará cuando regresemos a casa… en serio, me falta mucho para entender el pensamiento de estos dos chicos.
-Es un simple humano que quiere vivir, ¿eh?
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