lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Me puedes dar una respuesta? Spin-off Final

 

“Mmm… que mierda…”

“¿De qué se está quejando señorita Taro?”, preguntó Akai, interesado por encontrarse a su jefa frustrada por algo, en su camerino.

“Akai… tú eres el más comunicativo de los cuatro inútiles azuhara”, decía ella, tomando de los hombros a al chico que había ofendido sin querer. “Tengo una mala noticia y una buena.”

“¿Cuál es la mala?”

“No habrá navidad para el cast de ¿MPDUR?, en otras palabras, no habrá aguinaldo para nosotros los trabajadores”, explicaba decaída.

“Eso es malo… todos merecemos gozar nuestro aguinaldo. ¿Qué ha pasado?”

“Pues uno de nuestro plantilla apostó el aguinaldo neto de la empresa, y lo perdió todo… estaba a punto de apostar la empresa entera, pero Shidou le detuvo de hacerlo”

“Que sorpresa, por un momento pensé que Shidou lo había hecho”, afirmaba Akai.

“Yo pensé lo mismo de que solamente alguien idiota como él lo haría, yo pensé lo mismo…”

Aún muy decaída, Sumiya se levantó y tomó de las manos imprevistamente a Akai. El pelirrojo se avergonzó por unos segundos, pero su expresión cambio cuando observo lo que la chica le había ortorgado.

“¡¡¡¿U-u-una pi-pistola?!!!”

“Sí, Akai… por favor no falles tu tiro, imagina que me he convertido en zombie y tengo una tacha en mi frente”, dijo Sumiya triste, apartando su mechón de pelo con un broche para dejar en descubierto su frente.

“¡¿Estás loca o qué?!”

“Oigan oigan… ¿por qué tanto jaleo…?”, entró al camerino el guardaespaldas número uno de la protagonistas, Shota; que se interpuso en la mira de Akai al observar cómo le apuntaba a su protegida. “¡Ugh! ¡¡¿Qué piensas Akai?!! ¿No habíamos acordado los cuatro que no mataríamos a Sumiya hasta después de recibir nuestros aguinaldos?”

“¡¡Eso no ayuda en mucho hermano!!”, exclamó Akai, forcejeando con su hermano para no cometer un error y dispararle a él en lugar de a Sumiya, pero claro, Shota no entendía los planes de él. “Fue Sumiya quién me lo pidió, ¡¡y no tengo idea de por qué!!”

“Sí, no es su culpa Shota… deja que me pegue un tiro”

Shota analizó la situación, no podía creer que su jefa estuviera diciendo la verdad y que estuviera triste, siempre la había visto feliz, enojada, excitada por el dolor de los demás, excitada por el dolor de él y sus hermanos, enojada mientras causaba dolor a él y sus hermanos… pero nunca triste… bueno, triste de verdad.

“¡¿Por qué quieres morir?!”, interrogó enfadado Shota. “No puedes morir, aún tienes mucho que hacer (como pagarnos el aguinaldo), vamos, es navidad, eso significa felicidad (y aguinaldo), aparte, tienes que pagarnos el aguinaldo… no puedes morir todavía…”

“Mi hermano tiene razón Sumiya, no hay razón para la que mueras, ¡no fuiste tú quién apostó el dinero que se suponía era de nuestro aguinaldo!”

Hubo un silencio incómodo después de las palabras de Akai. Sumiya saltó y su hermano se detuvo de pelear, su mirada se había perdido en el infinito en lo que pensaba detalladamente lo que sucedía.

“¡¡¡¡¡Muere Sumiya!!!!!”, gritó Shota intentando quitarle el arma de las manos a su pequeño hermano sorprendido.




Y así es como comienza el especial de Sumiya de esta ocasión. Por órdenes de los más altos al descubrir lo que había hecho esta chica, fue desterrada de la empresa por siempre, obligándola a vagar aquel día tan frío, por las calles que comenzaban a tener aquel ambiente cálido, pero irónicamente frío, de la navidad.

Se rumoreaba que uno del staff de ¿MPDUR? Cubriría su puesto desde ahora, así que ya no había remordimientos por nuestra chica de volver a la empresa que la había despedido, ahora, tenía que hacer de las suyas para conseguir un nuevo empleo.

“¿Trabajar de maestra? ¿De taxista? ¿Trabajar en la empresa contraria y contar los secretos más vergonzosos de ZeroCG&Co?”, pensaba Sumiya, mientras se abrazaba a sí misma, intentando conseguir calor.

Ella estaba celosa, celosa de quienes tenían pareja, celosa de quienes tuvieran familia, celosa de quienes tuvieran trabajo y casa, celosa de quienes tuviera algo. ¿por qué había llegado este sentimiento a ella,,, la que se denominaba reina del mundo, chica genio o la mejor de todas?...

Era por la cruel realidad que vivía… ella era así por lo que tenía, no necesariamente era cierto, pero no le importaba, ya que tenía personas con quienes pasarla bien, que la querían por ser ella misma.
Ahora lo más que llegaba a tener era un resfriado que estaba ganando por el frío.

¿Qué haría ahora ella?... todos sus amigos en ese momento deberían de estar maldiciéndola por apostar sus aguinaldos, rompiendo las fotos que tenían de ellas y bailando sobre una fogata con sus pertenencias que había abandonado en el camerino.
¿Por qué no pudo expresar disculpas, que ella solamente quería apostar para ganar más dinero y una mejor recompensa a sus amigos? Sumiya no era mala, siempre tenía una razón para todo; aunque pareciera que estaba molestando a las personas o se enojaba con facilidad, era sólo porque estaba jugando. Aunque es claro que no todas las personas podrán ver debajo de la máscara, por eso ella no los culpaba.

“Me pregunto a quién pondrán en la película de ¿MPDOO? Como yo… estoy muy segura de que será alguien capaz, e incluso, con mejor voz que la mía”, se decía ella, intentando encontrar el positivismo en los más negativos sentimientos que cargaba.

No quería volver, ella se convencía de ello, no quería causar más molestias para los demás según ella… pero la verdad era que tenía miedo de ver a la cara a quiénes decepcionó, no quería ser regañada, tenía miedo.

Sumiya corrió al sentir como lágrimas caían de sus ojos. Empujó a algunas personas, pero no le importó, únicamente quería estar en un sitio donde pudiera desahogarse sin ser molestada. Sabía que si lloraba a mitad de la calle, varias personas la tomarían como un estorbo.

¿Dónde estaban las personas que veían sus programas? Ahora era nada, una desconocida más entre el montón… y eso es la peor pesadillas de cualquier persona sin importar lo que le digan… no poder ser identificada.

Su primera idea era ir a un parque, pero decidió no seguir con ello… ya que en estas temporadas, las parejas o niños se juntaban mucho.
Su casa… no, su casa era el estudio, ahí vivía junto a los demás.

Nuestra chica se frenó despacio, algo había cruzado su mente, algo lo suficientemente capaz de hacerle temer más.

“¿Desde cuándo estaba esta ciudad? ¿Era de verdad? ¿… Sí existo?”

Sumiya gritó de desesperación, verdad o no, su mente ya dudaba, ya no podía decir sin titubear, que su mera existencia era verdadera.
No estaba muerta, pero tampoco viva… ¿Qué era entonces? ¿Un fantasma? ¿La invención de algún ser?

No quería creer que fuera alguien ficticio, ella había pasado por muchas cosas, ella no fue creada para cumplir una misma línea predefinida por alguien. Pero, ¿Dónde se encontraban sus padres? Ella no tenía memorias de siquiera alguna vez, tuvo a personas que pudiera llamar “madre”, “padre” o “abuelo”…
Tenía un hermano, no cabía duda… ¿pero si él también era una invención?

“Mi trabajo, mi empresa… mi casa…”, murmuraba ella a pesar de tener la garganta seca. Un presentimiento le decía que en ese lugar, volvería a la calma, ahí nunca se había preocupado por lo que le esperaba afuera… pero, seguía con miedo.

“Creador… bendito creador… ¿Dónde te encuentras? Necesito tu ayuda, estoy perdida, soy una de tus hijas así que por favor no me abandones cuando más te necesito… te lo imploro, te lo ruego…”

Sus oraciones no fueron más que palabras echadas al viento, desapareciendo con el poco tiempo y sin recibir respuesta alguna.
No tenía ayuda, ya lo sabía, pero la esperanza muere al último… es imposible que no lleguen a la mente los pensamientos de arrepentimiento o de deseo de volver al pasado… pensando que así las cosas serían mejores.

“No Sumiya… tu viviste en aquel mundo… pensar demasiado en el pasado sólo te hace perder en el presente, el efecto mariposa ocurriría en tal caso de que corrigieras una cosa”

Ya está cansada, ha caminado mucho… no, ha vagado mucho en esa desconocida ciudad, y su mente sigue sin lograr tranquilizarse, no da con alguna decisión.

“¡¡¡Aquí tenemos tu respuesta LXfe!!!”, Sumiya alcanza a escuchar en un puesto de comida ambulante que tenía una televisión, la voz de una persona conocida. Se trata de Shiro, específicamente, en el estudio de ¿MPDUR? En el que era su escritorio.

Se le ve alegre, animado, así como también lo deduce por el público que grita de emoción. Eso le molesta, le hiere más su corazón y agranda la herida… le dolía que las personas del programa ya se adaptaran fácilmente al cambio… sabía que lo merecía, pero no disminuía eso el dolor de aquellos a quienes llamaba amigos.

Sumiya echó a correr de nuevo, chillando una vez más.

Bien LXfe… la respuesta es que no habrá película… se ha cancelado por la desaparición de nuestra jefa Sumiya… así está la situación hasta que podamos encontrarla; pero no hay que estar tristes, sea en donde sea que esté, nuestra felicidad llegará a ella y la traerá a casa, ¡de eso estoy seguro!”, animaba Shiro en el programa, lamentablemente, Sumiya no vio esa parte y malentendió la actuación del conductor.


“Ni aunque llegara a disculparse, ya no sería necesitada más en la empresa”, pensaba con carencia de ánimos nuestra Sumiya.

¿En serio no había persona que tuviera una imagen buena de ella? ¿Tan bien oculta en su máscara estaba que ni uno solo, se dio cuenta de que llevaba una puesta?

Ya no era culpa de Sumiya, cambiando la expresión facial, ahora podía vérsele odio. Toda la tristeza y soledad que cargaba, se transmutó en rencor.
¿Cómo se le podría llamar “amigo” a una persona que nunca vio las intenciones de ella? Aunque fuera el rango más bajo de amistad, mínimo se daría cuenta de la verdadera esencia de la persona; si no lo hacían, no cabía duda en que nunca les habías interesado desde el principio.

Todo lo bueno que ella intentaba hacer por ellos, nunca sería correspondido. Se estaba engañando ella misma de que tenía lazos, cuando desde el principio, ni compañerismo tenía.

¿Falsos momentos de felicidad? Tal vez, pero ella no quería olvidar, no porque no pudiera, sino porque era lo mejor, guardar esos errores que cometió para nunca volver a caer en ellos y no toparse con personas como las de ZeroCG&Co. Su odiado hogar.

“No… no puedo siquiera hacer eso…” precipitadamente, Sumiya cayó rendida en el pasto de un jardín. Las lágrimas volvieron, pero acompañadas de gemidos de enojo y golpes en el terreno.

Estaba harta de no poder entenderse siquiera a ella misma por tanto pensamiento que la agobiaba, no sabía lo que era correcto… tenía ganas de llorar bien, tenía ganas de golpear a alguien, tenía ganas de olvidar, tenía ganas de desaparecer.

“¿Y tú fuiste quién me reemplazo?”, preguntó una voz tan conocida.

Sumiya levantó la mirada, pudo observar frente a ella, a una chica que le miraba con clemencia. Cabello corto, rubio, ojos azules, y piel blanca… ya sabía porque su voz le era tan familiar, ¿Cómo ella no se daría cuenta que estaba frente a ella misma? La otra Sumiya, la original.

“¿Qué haces aquí?”, dijo Sumiya con miedo.

“¿Qué haces tú aquí?... esa sería mi pregunta”, respondió la otra Sumiya, incándose a la altura de su otra yo.

“Tú me abandonaste… tú eres la causante de esto… ¿por qué no te quedaste? Soy un clon inestable tuyo… ya me cansé de vivir tu vida, comportarme y llamarme como tú”

“Perdona, pero pensé que podrías ocuparte de ello… después de todo, ni siendo de los mismos genes, seremos iguales...”, comentó la original. “¿En serio quieres desaparecer? ¿No hay algo que te lo impida?”

“No, encontrándote, me he dado cuenta que no tengo un objetivo aquí… fácilmente puedes reemplazarme y nadie se dará cuenta de que me fui… ¿Qué de bueno tiene eso?... no hago falta.”

Se había dicho que no intervendría mucho, pero la verdadera Sumiya quedó conmovida por las sinceras palabras d su compañera. Le abrazó, recargando su mentón en el hombro de la otra chica que correspondió sin temor, rodeándola por igual con sus brazos.

“Te equivocas Sumiya, tú sí eres necesaria”

“Es mentira”

“¿Cómo podría mentirme a mí misma?”, cuestionó Sumiya a su igual, observándola fijamente en los zafiros que tenían por ojos. “Estás tan concentrada en la caída, en el miedo y dolor que te dará, que no te has dado cuenta que sólo estabas a un metro de altura… claro, hablando como metáfora… te estás ahogando en un charco de cincuenta centímetros en el que fácilmente puedes salir… incorporándote. Tú vives en este mundo, sientes que es ajeno porque te has quedado pegada a mi papel. Mi error. Yo ya no formo parte de este mundo, tú eres la verdadera, yo sólo soy una ilusión de un antiguo tú”

“Pero…”

“No. ¿Quieres saber porque no eras más reconocida? Porque estás siendo como alguien que quedó en el pasado. Los errores que cometiste, fueron mi culpa, serán los últimos errores que cometeré, porque desde ahora puedes ser la persona que más deseaste ser… claro que, aun te seguirás llamando Sumiya”

Amabas se rieron. Aquella carcajada había caído tan bien después del sentimentalismo en el que llegaron a expresar. Las sonrisas volvieron, y eso confortaba mucho en el interior a Primera (el nombre otorgado desde ahora a la Sumiya original).

“Vuelve al estudio, recibirás una sorpresa cuando llegues”, eso fue lo último que escuchó Sumiya de Primera, porque en un par de pestañeos, la figura de ésta, había desaparecido.

¿Por qué debía de preocuparse por los problemas de los demás? La plática, le hizo razonar mejor, y empeñada en tomar un camino de nuevo, dio marcha atrás por aquel recorrido dado esa helada noche.

“Oye… tú te me haces familiar”, pregunta una señora de edades muy avanzadas, cargando muchos años que se podían observar en su espalda. “¿No eres acaso la chiquilla esa del programa?”

“Eeeh sí…”, respondió Sumiya para no ser grosera. Digo, ¿Cuántas chiquillas no andan programas de televisión? “Muchas gracias por reconocerme.”

“No, no… casi no le reconozco de no ser porque usted no trae fleco”

Sumiya se había dado cuenta de algo con lo que le había dicho la señora. Buscando en su cabello, dio con el broche que se había puesto para sostenerle el mencionado fleco que siempre tenía en cada peinado suyo.
Logrando hacerlo, las personas en la calle comenzaban a reunirse alrededor de ella, murmurando sus sorpresas de encontrar a una importante estrella de la ciudad. Los murmullos pasaron a saludos, y los saludos a aclamaciones, todo el público frente a ella, corrió para poder obtener cariños de ella; primero apretones de manos, después abrazos, besos en las mejillas… pero al quinto intento de querer tocar partes prohibidas, Sumiya salió disparada, huyendo de la multitud.

Que cambios tan extremistas los de nuestra chica, de estar triste, pasar a feliz y decidida para de último tener miedo de lo que podría pasarle física, mental e integralmente si la multitud la alcanzaba.

“¡¡¡Cubran a Sumiya!!!”, gritaban los cuatrillizos mientras le abrían las puertas del estudio, para al pasar esta, estos cuatro se aventaran en sacrificio contra la gente.

Una fuerte explosión se pudo escuchar perfectamente por fuera. Ese fue el último momento en que se supo de los cuatro hermanos guardaespaldas semi-esclavos de Sumiya… al menos, por toda la noche, ya que la explosión fue de bombas anestésicas.

“¡¡Sumiya!!”, gritaban muchos chicos dentro del estudio al observar como entraba ella.

El programa ya había acabado, solamente las luces iluminaban el escenario, en donde se encontraban muchos individuos que corrían para abrazar en grupo a Sumiya.
Haruka, Bura, Yudai, Alex, Luis, Kyra, Ryou, Matsuda, Nanara y hasta el mismo Taiyou que nunca había aparecido en los spin-offs, estaban esperando su regreso.

“¿Por qué huiste?”, preguntó Shidou, que estaba más preocupado que el mismo hermano de ella.

“Perdonen… tuve miedo a mi despedida… pensé que todos estarían enojados en este momento conmigo y ya no me volverían a reconocer…”, se disculpaba, queriendo romper en llanto.

“Vamos Sumiya, ¿creías que te íbamos a despedir?”, preguntó sarcástico Taiyou. “Es cierto que hiciste mal en gastarte el aguinaldo de todos nosotros… pero nunca despediríamos a una de los personajes más importantes de la empresa… no, todos somos importantes, más bien… nunca nos atreveríamos a despedir a alguna carta de nuestra muy bien mantenido castillo de naipes”

“Aparte… nuestro aguinaldo no es tan importante… después de todo podemos ganar lo que al director se le antoje jeje”, explicó Haruka burlona, pero con mucha razón.

“¡¡¡¿Entonces no había problemas desde el principio?!!!”, preguntó sin poder creérselo Sumiya. “¿Entonces qué hacemos aquí? ¡¡Vayamos de parranda, Taiyou invita!!”

“¡¡Oigan, Shidou es el que deben de agarrar de bajada, no a mí!!”

“Tal vez no es tan malo… seguir siendo como tú…”, pensó muy alegre nuestra ya recompuesta e incambiable a pesar del año cumplido... Sumiya Taro.




 "Se olvidaron una vez más de los Azuhara....", se quejaba Shota, que seguía tirado en el piso con sus hermanos y el tumulto de personas.


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