domingo, 30 de marzo de 2014

31 DÍAS - Fragmento 1





Todo está oscuro. Incluso la misma luz del faro fuera de mi casa no alcanza a iluminar más de 1 metro desde la entrada, dejándome contemplar la completa oscuridad en la que yace mi casa.

La presencia que siempre siento cada vez que vuelvo a casa ahí permanece, por lo que me quedo unos cuantos segundos fuera, examinando que no resalte algo extraño entre la oscuridad.



Con paso cuidadoso y lento entro a mi casa, enciendo las luces y la presencia desaparece como es acostumbrado.

Me muevo directamente al refrigerador para ver que cenar hoy en la noche, por un segundo pienso que veo el emparedado desperdiciado de hace unos días, pero me doy cuenta que no es más que un pedazo de pastel del día anterior. Viendo que no hay nada bueno, saco una botella de refresco que pongo en la mesa y empiezo a llenar un recipiente de metal con agua para poder ponerlo en la estufa a calentar mientras busco una sopa instantánea para cenar.



La puerta suena de repente. Golpe tras golpe alguien me llama del otro lado, y no parece que vaya a parar a menos que abra la puerta para atenderle.

Esta ocasión decido ignorarle, no importa cuánto toque, me concentro en prepararme la cena y distraerme con la televisión en volumen alto. Pasan los minutos y continúan los golpes de sea lo que sea que esté afuera.



toc toc toc… toc toc toc… toc… toc…



El sonido para tan repentinamente que no me doy cuenta de cuando lo hizo.



“¿Se habrá cansado?”, me pregunto sorprendido y a la vez calmado de que se detuviera al fin. Aprovechando, fui a tomarme un baño después para quitarme el sudor provocado por la tensión del momento; la puerta no sonó otra vez mientras estaba dentro del baño.

Tal vez después de todo, sí se trataba de alguien haciéndome una muy mala broma, ahora podía descansar en paz y que la broma de muy mal gusto, se pasara a otra persona.



Después de bañarme, me puse a trabajar un rato en la mesa y enseguida me fui tranquilo a la cama a descansar. No tardé en cerrar los ojos y perder el conocimiento por el sueño, esperando que el próximo día fuera tan bueno como este.





¡Crash!



Un fuerte sonido proveniente de algo estrellándose me despertó asustado. Prendí la luz de mi habitación y observé en el suelo pedazos de vidrio roto esparcidos en el suelo con una roca grande por encima. Alguien la había lanzado contra mi ventana, y no sólo eso, en un pedazo de la ventana que aún estaba en su posición original, el número “27” estaba grabado con rasguños.



Por toda la noche no pude dormir por estar esperando que algo más pasara.

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