“Que bien sienta estar de vuelta”, son las primeras
palabras que suelto al bajar del automóvil con mis maletas en mano frente a una
elegante y cuidada casa construida de madera, en mitad de un tranquilo bosque
alejado de las ciudades grandes.
Prueba de ello, es el silencio natural del ambiente,
únicamente siendo capaz de escucharse el canto de las aves que habitan el
bosque, así como el del viento fresco chocando contra las hojas de los árboles.
Este tipo de lugar es muy bueno para relajarse durante
estas temporadas de verano donde el terrible calor y el ruido de los vecinos
(que también están de vacaciones) te agobian días tras días hasta entrando
Septiembre; y aunque pude haber gastado mis días en casa visitando a mis
amigos, sentí que hacía falta un tiempo en el cual uno pueda descansar bien a
solas. Y también de paso, visitar a otra persona que no ves muy a menudo.
“¡Hey Taiyou, llegas temprano!”, me grita alguien con
alegría, proveniente del segundo piso de aquella casa. Al voltear hacia arriba,
no evito sonreír y saludar alegremente al muchacho alto y cuatro-ojos que me
recibe con energías… pero no con las suficientes como para bajar a ayudarme con
las maletas.
“¡Hola Yudai!... si no te molestaría, ¿podrías al menos
bajar para abrirme la puerta?”, él se ríe por un momento, antes de desaparecer
de la ventana y tras unos segundos, apareciendo detrás de la puerta principal.
“¿Te ayudo con tus maletas?”, le observo fija y
seriamente por su pregunta. “Ok, déjame te ayudo.”
Sentí un gran peso menos cuando mi primo me quitó una de
las maletas que tenía; él mismo se sorprendió por el peso al cargarlo,
preguntándome curioso por el contenido dado que generalmente siempre suelo
llevar pocas cosas conmigo cuando estoy fuera de casa.
“Libros para estudiar… muchos, muchos, libros para
estudiar”, le respondí con una pequeña sonrisa.
“Oh, cierto… que ya pronto se acercan los exámenes de
ingreso a la universidad”, comentó más para sí mismo, llevándose una mano a su
barbilla.
Tal como dice, todo el material de estudio que traigo en
las maletas, son para repasar mis conocimientos en los temas que están por
venir en el infame y algo complicado,
examen de admisión de la universidad por la que opté estudiar. Si bien estas
semanas de vacaciones he venido a visitar la casa del abuelo, también lo hice
para aprovechar las cero distracciones para estudiar.
“¿Te han dicho alguna vez que eres fome?”
“¿Fome?”, pregunto confundido por desconocer que
significa esa palabra. Tras Yudai señalarme a mí y los libros dentro de mi
maleta, más o menos puedo darme una idea de a que quería llegar. “Quiero
aprovechar mi tiempo para esto que es muy importante… y aunque pueda ser
aburrido, no puedo confiarme para esa prueba, tú mejor que nadie lo sabe.”
Yudai me sonríe forzado porque entendió perfectamente mis
palabras.
“Tienes razón. Tú concéntrate en estudiar”, respondió
alegre de vuelta. “Aunque no creo que puedas con ella estando aquí.”
Para llegar al segundo piso, donde las habitaciones de
huéspedes se encuentran, no hay forma de ir hasta allá sin tener que pasar por
el largo corredor repleto de las fotos familiares del abuelo.
Ver cada retrato me trae tanto buenos como malos momentos
que experimenté en esta casa, lo que me trae a la memoria que por un largo rato
pensé que el peor momento sería cuando mi abuela falleció a sus 61 años; pero
más triste fue, cuando el abuelo pasó a mejor vida un día antes de su
cumpleaños número 70, exactamente hace dos años.
A diferencia de esa última vez que visité esta casa, en
este momento estaba vacía; varios de los muebles fueron quitados, así como
pertenencias que algunas familiares heredaron y no dudaron en llevarse… y
aunque tanto los odie, al menos todos llegamos al acuerdo de dejar esta casa
sin un dueño en particular, convirtiéndola en un “hogar de verano” para todo
aquél que quisiera pasar un tiempo en ella durante días libres.
Mis padres no decidieron poner un pie de vuelta aquí por
respeto al abuelo, es por eso que esta vez viajé sin ellos y sin mi hermana,
por tener encuentros con sus amigos de la casa. Normalmente no vendría a aquí,
no como Yudai que la visita cada vez que puede, pero aprovechando que las otras
partes de la familia salieron a pasar su verano en las playas, opté por esta
buena ocasión para relajarme.
Aunque por palabras de Yudai, fácilmente puedo decir la
identidad de la otra persona que también pensó quedarse a dormir en esta casa
al mismo tiempo.
“Esta será tu habitación”, me señala Yudai, dejando caer
la maleta cerca de la primera puerta al llegar al segundo piso.
No sé si realmente es coincidencia, pero cada vez que me
he quedado a dormir aquí, siempre me ha tocado la misma habitación. No es como
si me quejara por algo en específico, pero realmente prende mi interés si Yudai
es capaz de recordar pequeños detalles como estos.
“Ella está en la habitación de al final”, comenta
enseguida, intentando regresar a ese tema, muy interesado en mi respuesta.
“Yudai… ¿qué esperas escuchar de mí?”, solté molesto. Él
alza su sonrisa a cambio.
“Han pasado dos años desde que no se ven.”
“¿Acaso ella muestra interés por verme?”, cuestioné
señalando la puerta cerrada donde se suponía ella estaba. “Si no me comuniqué
con ella, ni siquiera por teléfono, durante estos dos años… comprendo que no me
quiera dar una bienvenida.”
“Pero siempre puedes disculparte”, contesta abrumado por
mis palabras.
“Lo mejor es que estemos así. Tal vez distanciarnos es lo mejor para
nosotros, no es la primera vez que le fallo.”
Sin dar tiempo a alargar más el tema, ingreso a mi
habitación para empezar a desempacar mis posesiones en su lugar. Yudai se me quedó observando
desde la puerta por unos minutos en silencio, pero al final terminó
desapareciendo no sin antes avisarme de la hora de la cena.
Maldigo a mi primo en silencio por meter el pensamiento
de nuestra prima en mi cabeza y sin señales de salir pronto.
Miento diciendo que no me apetece saludarla y ver que
tanto ha cambiado, pero aunque mi última respuesta hacia Yudai fue totalmente
improvisada, muy por dentro sentía que realmente se trataban de mis verdaderos
pensamientos sobre ella.
Suelto un largo suspiro por cada uno de los buenos
recuerdos de mi prima que llegan a mi mente mientras acomodo de forma
automática mi ropa en los cajones de un mueble. Me siento mal al no poder
escuchar sus quejas cuando la molestaba en juego, y me avergüenza y entristece recordar
que alguna vez les solté las palabras: “yo siempre estaré a tu lado”.
Acabando de acomodar, chequé mi reloj de mano y me di
cuenta de que aún era temprano: 4:30; la cena empezaba a las 8, tenía mucho
tiempo, que aproveché para tumbarme en la cama e intentar dormir. Primer día y
ya estaba agotado física y mentalmente, estas vacaciones sí que resultarían ser
largas.
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“Hermano… ¿quién es esa persona?”
Abro lentamente mis ojos para observar aquello que señala
mi hermana menor con interés. En la parte más alta de un tobogán, se encontraba
una chica sentada, abrazada fuertemente de sus piernas y al parecer, sin ganas
de usar el tobogán para su verdadera función. Por su posición me es incapaz
verle el rostro, pero muy dentro de mí, un sentimiento me dice que es alguien
quién conozco muy bien, y que en estos momentos parece estar sufriendo por
algo.
“Oye…”, suelto para llamar su atención. Sin embargo ella
ni se inmuta, no importa que tanto intente llamar su atención con mis palabras,
ella sencillamente me ignora.
Intento ignorarla también, llevando a mi hermana a jugar
con los columpios del mismo sitio, pero otra vez mi interior se siente
inquieto, como advirtiéndome que algo que estoy haciendo está mal. Pero aunque
esté así, mi hermana es primero, y motivo suficiente por el cual sólo
concentrarme en ella y no en el problema de otros.
El ambiente lentamente comienza a tornarse lento y
pesado, el color de mi alrededor se vuelve extrañamente más y más opaco, hasta
que el escenario deja de ser visible.
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La Luz del sol que entra por la ventana me alcanza a
despertar. Intento mover mi cuerpo, sin embargo este se siente cansado, como
sin ganas de obedecerme a pesar de haber descansado. Cumplo con el capricho de
mi cuerpo y me quedo ahí tirado en la cama, únicamente siendo capaz de mover mi
cabeza, aunque de poco sirve ya que me quedo observando fijamente el techo
blanco de la habitación.
Para entretenerme intento recordar el sueño que acabé de
tener, pero sin éxito. Mi memoria a corto plazo nunca ha sido buena, pero no
esperaba que me traicionara con tan sólo unos minutos de diferencia… aunque
tampoco me dejaba concentrar el molesto brillo del sol que entraba por la
ventana sin cortinas. Maldije mi mala
memoria, así como también al astro que extrañamente empezaba a llenar de más
luz mi cuarto cuando debía de ser lo contrario.
A estas alturas deberían de ser las 7:30 pm, al voltear
rápidamente la reloj me di cuenta que estaba en la razón… o en parte,
equivocado solamente en qué mitad del día era.
No podía creer que había dormido poco más de 12 horas.
“Sí que llegaste cansado”, me dice Yudai burlón a la hora
del almuerzo en el comedor. “Pensaba en si despertarte o no… pero parecías
dormir tan bien.”
“Ignoraré el hecho de que entraste a mi habitación sin mi
permiso y mientras estaba dormido”, mi primo soltó una risotada por el
comentario a pesar de que yo iba en serio.
“No fui yo quien fue a echarte un ojo”, su respuesta me
quitó la seriedad.
Centré mi atención en el plato lleno de cereal frente a
mí y comencé a darle bajón en silencio para evitar tener que hacer una pregunta
obligada. Esperaba que Yudai me insistiera por ello, pero me sorprendió que
también empezara a devorar su desayuno en total calma.
No continuamos conversando, lo cual nos dejó terminar de
comer rápidamente para cada uno pasar a realizar sus actividades preferidas. En
todo ese rato, ni de reojo se apareció nuestra prima, lo cual sinceramente me
extrañó. ¿Realmente estaba así de enfadada, cómo para no querer verme mientras
esté fuera de mi habitación?
“Eres tan transparente, Taiyou”
“Tú cállate Yudai”, espeté antes de retirarme de la sala
hacia mi cuarto.
Si así serían las cosas, mis planes debían cambiar de
relajarme un rato en casa, a estar encerrado estudiando o salir al bosque a
respirar un poco de aire fresco. No tenía ganas de lo primero, así que sin
dudar me incliné por lo segundo, por lo cual vestí un par de tenis para el
largo recorrido que daría antes de volver a casa.
Tracé mentalmente un recorrido por el cual pasear, siendo
la primera parada en el viejo parque escondido a mitad del bosque. Aquél parque
era mi respuesta para alejarme de todo aquello que me molestaba, casi nadie
sabía llegar ahí, por eso en nuestras viejas reuniones familiares, mi hermana y
yo solíamos escaparnos allí para no tener que tolerar a nuestros molestos
primos.
Ya estaba grande para siquiera pensar en subirme en el
tobogán, así que no me quedaba de otra más que subirme a los columpios, rezando
porque todavía estuvieran en buen estado, lo cual era pedir mucho.
“Tienes que estar bromeando”, solté a mitad de la
sorpresa de encontrarme con que tres de los cuatro columpios ya estaban
partidos a la mitad, y el que quedaba, ya parecía quedarle poco tiempo de
utilidad.
Si mal no recordaba, el abuelo se encargaba de darle un
poco de mantenimiento a este sitio, su ausencia claramente se ve reflejada, lo
cual me entristece y me alegra en parte porque Ryou no esté para ver cómo quedó
su viejo juego preferido.
Ya lo he dicho muchas veces antes y parece que nunca
dejaré de repetirlo: odio los cambios generados por el paso del tiempo.
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“Tengo frío…”, me saca de pensamientos las palabras de mi
compañera, quién se frota con regularidad sus manos mientras descansamos en lo
alto del cerro cerca de la casa del abuelo.
A pesar de ser verano, a estas horas de la mañana, el
frío se concentra en las alturas de este sitio; por eso la mayoría de la
familia que salimos a dar el paseo rutinal del abuelo, cargamos con ropas
aunque algo pesadas, pero cálidas para soportar fácilmente este clima. Sólo una
persona en especial, no se le ocurrió venir bien preparada para este reto que
es subir y bajar la colina; aunque bien no la puedo culpar, nuestra prima vino
más aquí por obligación que otra cosa y no tuvo tiempo de prepararse bien.
A diferencia de Ryou, que tiene a nuestro padre y madre
para pensar en su bienestar y prestarle alguna prenda en caso de que siguiera
teniendo frío; nuestra prima, Ruka, no tiene padres quienes se preocupen por
ella… siendo únicamente el abuelo quién piensa en su bienestar, aunque en estos
momentos está bastante ocupado atendiendo a la otra parte de la familia.
Estando a lado de Ruka, se siente realmente como una
carga, se puede notar fácilmente el frío que tiene al abrazarse con frecuencia
y moviendo sus piernas de un lado a otro; pero a pesar de que le ofrezco
prestarle alguna de mis prendas, ella se niega a cooperar, alejándose cada vez
más de mí.
Terca tenía que ser, era lo único que compartíamos como
familia, porque de agradarme estaba muy lejos y no me preocupaba por ello dado
que el sentimiento era mutuo.
Vuelve a doler en mi interior, todo por estar pensando
ella, no cabe duda de que sea la fuente del mal sentimiento que he cargado
desde que nos vimos. En cuanto acabe esta caminata, buscaré la mejor forma para
alejarme de ella y no volver a verla.
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Un escalofrío recorre mi cuerpo, una sensación que creía
nunca más volvería a tener.
Espera… ¿cómo sé que me pasaba con regularidad? Intento
acceder a mis memorias pero no doy con la prueba de que mi pensamiento anterior
sea verdadero.
Pero ignorando eso, hay dos cosas que me preocupan… ¿Qué
pasa con el sueño que justo tuve? ¿Cómo fue que me quedé perfectamente dormido
estando sentado en el columpio del parque?
Volteo hacia el cielo, y doy un salto del susto al notar
claramente el brillo de las estrellas y a la luna en lo alto. Otra vez dormí
bastantes horas. Estoy preocupado por ello.
Si Yudai no ha salido a buscarme, lo más seguro es porque
todavía no es tan tarde; pero no quiero preocuparlo en todo caso, así que me
dirijo corriendo de vuelta a la casa del abuelo.
Las luces de la casa no están prendidas y el automóvil de
Yudai que estaba estacionado en la entrada, ya no se encontraba allí. ¿Habría
salido de urgencia? No sería extraño, aunque él se retirara, todavía quedaba
nuestra prima custodiando el hogar. Pero en cuanto toqué la puerta varias veces
y no hubo respuesta alguna, sabía que algo malo pasaba a mi alrededor.
Comencé a golpear la puerta con más fuerza así como a
gritarle y disculparme si la causa de que no me abriera era por la decepción
que causé en ella; pero por ni una de las dos formas, la puerta principal no se
abrió.
Me asomé por una ventana y no pude contener mi sorpresa y
miedo de ver que dentro, la casa no tenía ni un solo mueble o adorno, y sobre
todo, sucia, como si nadie la hubiera habitado por un largo tiempo.
¿Esto también era parte de mi sueño?... ¿Seguiría dormido
tranquilamente en el columpio? ¿O en la cama de mi habitación? ¿O si nada de mi
viaje realmente está pasando?
¡No tengo idea!... y eso me desespera mientras más y más
pienso en ello.
Un fuerte zumbido invade mi cabeza, uno molesto que no
tarda en convertirse en un dolor punzante. Busco y busco la fuente de todo este
caos que se ha convertido mi entorno, pero solamente encuentro incógnitas que
poco a poco nublan mi razonamiento.
Mi mente se llena de memorias falsas, salidas de viejos
sueños recurrentes: 7 seres vigilantes, cambio de almas, una ciudad derrumbada,
así como un mundo cubierto de blanco y un ente supervisor, también sobre un
contrato y una “segunda oportunidad”.
“Parece que necesitas ayuda”, la voz de una persona suena
de repente cerca de mí. Volteo hacia atrás y me encuentro con una chica de
anteojos alta, delgada, de un familiar tono de piel moreno y de cabello largo
lacio, llegando hasta por debajo de su cintura, de un bello color castaño
claro. “¿Te me vas a quedar viendo, o vas a acompañarme al cementerio, Risos?”
“¿Perdona?”, suelto confundido, lo que también deja
perpleja a esa persona. “¿Te referías a mí?”
“Claro… ¿acaso alguien más se llama Risoutekina? Sé que
no te gusta el apodo que te hice, pero ahí está lo divertido, aparte de que te
digo así por cariño”, responde esa joven sonriendo avergonzada mientras en
confianza, me da palmadas fuertes en la espalda. Al verme reaccionar a su
saludo, tomando distancia, ella se muestra preocupada. “¿Te sientes bien?... Si
es por lo de Risos… tú muy bien sabes que lo hago por juego, no quiero
molestarte.”
Esas palabras, sé que las he escuchado antes pero con
otra voz.
“¿Quién eres?”, al fin cuestiono por la familiaridad con
la que me trata.
“¿Sigues medio-dormido? Bueno… ¿hasta pereza te da para
intentar recordar mi nombre? ¡Soy R-u-k-a!”, me responde molesta, golpeándome
la frente con la punta de su dedo índice.
Comparo mentalmente rápido y encuentro el parecido tras
procesar poco. Que lleve anteojos y cabello extremadamente largo a comparación
de lo corto que le gustaba tenerlo, hacía parecerla de vista rápida como otra
persona; incluso su voz sonaba más grave, y ni hablar de su personalidad.
“¿Qué fue lo que pasó?”, me pregunto asustado, sentándome
en el suelo y recargando mi espalda contra la puerta principal de la casa.
Desde ahora, no me siento capaz de procesar mis pensamientos sin problemas,
como si algún engrane en mi máquina mental faltara o estuviera roto.
“Si tienes algún problema, sabes que puedes contar
conmigo”, comentó antes de sentarse a mi lado.
“Ese es el problema Ruka… no debería ser así”, ella
malentendió mis palabras y me miró enojada por ello, pero antes de que me
respondiera, continué hablando. “Esto debe ser un sueño, no hay otra
explicación de eso.”
Sentí un apretón en la mejilla, por lo cual me quejé
inmediatamente con ella aunque al final no pude enojarme por verla con una
expresión seria.
“¿Ya despertaste?... Estás actuando más raro de lo común,
¿realmente no quieres hablar de lo que te molesta?”, me preocupaban sus
palabras, porque a pesar de saber perfectamente que ella nunca se mostraba
antes así, puedo notar la sinceridad con que se expresa. “¿Este lugar te ha de
traer malos recuerdos, no?”
“¿Por qué debería?”
“Es malo reprimir tus recuerdos”, me dice seria, sin ser
capaz de notar que yo también lo soy. “Aunque no me lo creas, y espero que no
te moleste, puedo imaginarme muy bien cómo se siente no tener padres, todo lo
que sufriste aquí antes de que te conociera… y de alguna forma, me siento
responsable por ello.”
¿Qué?...
“¿De qué estás hablando?”
“Perdóname en serio, Risoutekina, pero yo…”
“¡¡¡¿DE QUÉ ME HABLAS?!!!”, reclamé entre asustado y
enfadado, lo cual espantó a mi prima y la hizo retroceder un poco. “¡¿Cómo que
no tengo padres? Tú eres quién no los tiene!”
Ruka se asustó por mi comportamiento repentino, pero a
pesar de que la estaba acosando por aquella respuesta, ella no paró de mirarme
a los ojos, armada con algo de valentía aunque sus piernas temblaran de la
sorpresa.
“Risoutekina... por favor, cálmate y recordarás bien;
debes de estar abrumado y me disculpo mucho por lo que dije, yo sólo quería
ayudarte…”
“¡Para de actuar!... ¡Yo… yo me voy a casa, mis padres y
mi hermana me esperan! ¡Fue un error venir aquí desde un principio!”
Me levanté impulsado por la furia que me corroía por
dentro, y empecé a avanzar alejándome de ella y de la casa. El dolor de cabeza
volvió, por cada paso que daba, sentía que la intensidad aumentaba… pero sería
peor para mi salubridad, quedarme más tiempo en aquél lugar junto a ella.
Mi visión se tornó borrosa y mis piernas empezaron a
flaquear, convirtiendo mi paso a uno errático y excesivamente lento.
Tenía que irme de ahí, sino con seguridad me volvería
loco… empezando a caer en la trampa de dudar sobre mi realidad.
Caí al suelo no muchos metros después, alcanzando a meter
las manos para no tenderme en el suelo totalmente; intenté incorporarme, pero
mis brazos y piernas no respondieron, mi respiración se volvió más pesada a la
vez que pequeñas gotas que humedecían mis ojos, recorrían mis mejillas hasta
desprenderse y caer al suelo.
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“¡Taiyou! ¡TAIYOU!”
Salté de mi sitio y abrí de golpe mis ojos por el susto
al escuchar los gritos de una persona bastante preocupada. Frente a mí se
encontraba mi primo Yudai, con una expresión igual de asustada como la que
podía imaginar tenía yo mismo ahora.
“¿Qué pasó?”
“¡¿Cómo que qué pasó?!”, me gritó enfadado sacudiéndome
por los hombros. “Llevas fuera de casa cerca de 6 horas y no volvías, y te
encuentro aquí dormido en el columpio.”
“Perdón… yo sólo, creo que no me sentía muy bien… ¿pero
por qué te preocupaste de mí hasta muy tarde?”, pregunté curioso, cosa que hizo
volver a mi primo a su actual personalidad enérgica.
“En realidad yo nunca me hubiera dado cuenta del tiempo
de no ser por Ruka jeje”, confesó él sin avergonzarse por ello.
El nombre de mi prima resuena por mi cabeza, como si
estuviera relacionada a una idea que sentía era importante, pero no recordaba
de qué trataba. Pero lo que todavía no podía digerir, es que fuera ella quién
advirtiera a Yudai sobre mi salida sin retorno… me alegraba que se preocupara
por mí, tanto como me dolía no tener las fuerzas para acercarme a ella para
agradecerle.
Sin más por hablar volvimos a la casa, por consejo de
Yudai, me dirigí directo a mi habitación a descansar un rato antes de que la
comida estuviera lista. Y así pensé hacerlo en un principio, hasta toparme
subiendo las escaleras a la otra persona que también temporalmente había
empezado a dormir bajo este mismo techo.
“Hola”, saludé normal a la chica parada delante de mí,
quién podía jurar había crecido desde la última vez que nos vimos, sin decir
que su cabello también creció considerablemente llegando hasta poco más debajo
de la altura de sus hombros. Di lo mejor de mí para no flaquear y mostrar la
molestia que me daba por estar junto a ella, pero por la fría indiferencia que
me mostraba, dudé en si era lo mejor.
“Hola”, al fin soltó una palabra Ruka, de manera más
seria que nada, pero ya era un comienzo. “¿Te pasó algo malo? Tardaste en
regresar.”
“Ni siquiera yo sé lo que me pasó. Cuando me di cuenta ya
estaba dormido, sentado en un columpio.”
“¿No será que estás exigiendo mucho a tu mente para entrar
a esa universidad que te obliga leer tremenda cantidad de libros?”, preguntó
cruzada de brazos, para después observarme extrañamente de arriba hacia abajo.
“¿Tengo algo?”, cuestioné curioso, mirando
instintivamente mi cuerpo en busca de alguna anormalidad.
“Tu cuerpo… está igual de descuidado como aquella vez”,
su comentario me dejó perplejo, no porque se quejara de mi anatomía, sino por
compararla con un momento en el pasado que desconocía. “Olvídalo. Y tú decías
que yo era perezosa.”
“¿Perdona?”, reclamé enseguida. “Es cierto que no
practico algún deporte o me ejercito, pero sí he estado haciendo algo
productivo.”
“Pasarte todos los días pegados a tus libros no es
saludable.”
“¿Y quién eres tú para decirme eso? ¡Yo estudio, no estoy
pasando todos mis días en solitario encerrado en una habitación, perdiendo el
tiempo con videojuegos o berrinches de un antisocial!”
¿Qué fue lo que acabé de decir?
Ruka se veía sorprendida por lo que había soltado en un
arrebato de furia, pero más que eso, yo me encontraba más que confundido e
ignorante de saber de dónde se había generado mi respuesta. Lo que más temía,
es que de cierta forma, eso me había calmado muy en mi interior…. como si
hubiera sido capaz de liberar una buena parte de un espacio que hasta hace poco
se encontraba lleno.
Aun así, no podía hacer algo para quitarme el mal sabor
de boca haberle gritado todo eso por un simple comentario inofensivo.
“Ruka, perdona… no quería…”
“No… está bien”, respondió ignorando mi mirada. “Ya no
tengo dudas de que no me quieres cerca.”
Intenté detenerla para explicarle lo que había sucedido,
sin embargo se pasó de largo no sin antes chocar su hombro con el mío, en clara
señal de que se encontraba enfada.
“¡Al menos yo dije lo que pensaba, Ruka, no como tú que
sigues huyendo de los problemas! ¡Me culpas como si no hubiera tenido otras
cosas importantes por hacer!... ¡¿Sabes qué? Lo admito, te fallé con la
promesa!… pero no me salgas con que estás libre de cargos cuando tú también
pudiste visitarnos, y no digo visitarme sólo a mí, sino a TODA mi familia quién
te tuvo como carga por 2 años… ¿Y me guardas rencor por qué no pude comunicarme
contigo?””
“¡¿Y que yo no tuve cosas por hacer? Yo conseguí una
familia de vuelta, una que no quiero perder. Invertí en este tiempo y seguiré
invirtiendo parte de mi tiempo en cosas para agradecerles su hospitalidad!”,
respondió con voz alta, dándome la espalda.
“¡Oh cierto!... ¡Tienes una nueva familia con la cual vivir,
felicidades Prima!... ¡Te aplaudiría de no ser porque sin mí, nunca, NUNCA, la
hubieras tenido!”
El impacto de un golpe resonó en la casa. Mi rostro dolía en demasía, observé a Ruka con
su puño levantado mirándome fija y fríamente con aquella misma expresión con la
que nos habíamos conocido por primera vez. Retrajo su puño y lo cubrió con su
otra mano por lo doloroso que le había costado asestarme tal golpe bien
colocado.
“No te quiero volver a ver, Taiyou”, fue lo último que
escuché de ella antes de desaparecer de mi vista y sin preocuparse por mirar
hacia atrás, mientras yo me quedaba ahí… más dolido por el impacto del momento
que por el de su puño.
Si ella no dudaba en su afirmación, yo tampoco tenía
dudas sobre que lo mejor para nosotros era quedarnos separados. Mejor quedarnos
así, antes de que uno comenzara a hartarse más fácilmente por la presencia del
otro.
Tal vez lo que le dije fue sin pensar, pero siento que no
salieron sin una buena razón, aun cuando la hice enfadar más de lo que ya estaba.
Vaya... me entristece mucho ver a la Ha-ruka así, alejada y herida; Taiyou cometió el error, he de agregar; ¿como la trata así si ya sabe que es sensible por demás? Por otro lado, preocupante el tema de los sueños, me ha gustado bastante el cambio de atmósfera que traían, me recordó un tanto a esa polémica tira cómica de Garfield que asustó a todo el mundo.
ResponderEliminarMe parece una gran entrega, hasta se me hizo corta. Que bien se siente volver a leer sobre personajes que ya uno imaginaba abandonados. También he de decir que has mejorado en narrativa, ¿será que aún practicas o ha sido cosa de leer y tal?
Saludos! Espero estos dos se arreglen, ya sea en esta o en otra vida
Pd: a Ruka le queda bien el papel de chica salvadora.
Me alegra bastante que te haya gustado esta primera parte, como te había mencionado ya la tenía empezada desde hace rato y no sabía exactamente dónde segmentarla, pero viéndolo creo que lo dejé en buena parte (ya hay mucha pelea de Ruka y Taiyou en una sola parte).
EliminarNo me acordaba de esa tira de garfield, y ahora que le vuelvo a dar un ojo ya puedo ver a lo que te refieres, ¿a lo mejor me inspira de algo? jajaja
A decir verdad, Ruka de salvadora me trajo una idea muy similar a "The Genderbending of Haruhi Suzumiya" no sé si hayas visto algo, que a pocas palabras, recuenta la historia de Haruhi pero con los sexos inversos y algunos cambios en la historia que eso contrae jajaja
Muchas gracias por leer y comentar!! Más siendo casi vísperas de nuestros inicios en el subforo. Saludos!!
P.D. Total seguidor de Sugisaki ken!! xP