domingo, 2 de noviembre de 2014

"¿MPDOO?: Memorias de una vida pasada" Parte 1/6



“Que bien sienta estar de vuelta”, son las primeras palabras que suelto al bajar del automóvil con mis maletas en mano frente a una elegante y cuidada casa construida de madera, en mitad de un tranquilo bosque alejado de las ciudades grandes.

Prueba de ello, es el silencio natural del ambiente, únicamente siendo capaz de escucharse el canto de las aves que habitan el bosque, así como el del viento fresco chocando contra las hojas de los árboles.
Este tipo de lugar es muy bueno para relajarse durante estas temporadas de verano donde el terrible calor y el ruido de los vecinos (que también están de vacaciones) te agobian días tras días hasta entrando Septiembre; y aunque pude haber gastado mis días en casa visitando a mis amigos, sentí que hacía falta un tiempo en el cual uno pueda descansar bien a solas. Y también de paso, visitar a otra persona que no ves muy a menudo.

“¡Hey Taiyou, llegas temprano!”, me grita alguien con alegría, proveniente del segundo piso de aquella casa. Al voltear hacia arriba, no evito sonreír y saludar alegremente al muchacho alto y cuatro-ojos que me recibe con energías… pero no con las suficientes como para bajar a ayudarme con las maletas.

“¡Hola Yudai!... si no te molestaría, ¿podrías al menos bajar para abrirme la puerta?”, él se ríe por un momento, antes de desaparecer de la ventana y tras unos segundos, apareciendo detrás de la puerta principal.

“¿Te ayudo con tus maletas?”, le observo fija y seriamente por su pregunta. “Ok, déjame te ayudo.”

Sentí un gran peso menos cuando mi primo me quitó una de las maletas que tenía; él mismo se sorprendió por el peso al cargarlo, preguntándome curioso por el contenido dado que generalmente siempre suelo llevar pocas cosas conmigo cuando estoy fuera de casa.

“Libros para estudiar… muchos, muchos, libros para estudiar”, le respondí con una pequeña sonrisa.

“Oh, cierto… que ya pronto se acercan los exámenes de ingreso a la universidad”, comentó más para sí mismo, llevándose una mano a su barbilla.

Tal como dice, todo el material de estudio que traigo en las maletas, son para repasar mis conocimientos en los temas que están por venir en el infame y  algo complicado, examen de admisión de la universidad por la que opté estudiar. Si bien estas semanas de vacaciones he venido a visitar la casa del abuelo, también lo hice para aprovechar las cero distracciones para estudiar.

“¿Te han dicho alguna vez que eres fome?”

“¿Fome?”, pregunto confundido por desconocer que significa esa palabra. Tras Yudai señalarme a mí y los libros dentro de mi maleta, más o menos puedo darme una idea de a que quería llegar. “Quiero aprovechar mi tiempo para esto que es muy importante… y aunque pueda ser aburrido, no puedo confiarme para esa prueba, tú mejor que nadie lo sabe.”

Yudai me sonríe forzado porque entendió perfectamente mis palabras.

“Tienes razón. Tú concéntrate en estudiar”, respondió alegre de vuelta. “Aunque no creo que puedas con ella estando aquí.”

Para llegar al segundo piso, donde las habitaciones de huéspedes se encuentran, no hay forma de ir hasta allá sin tener que pasar por el largo corredor repleto de las fotos familiares del abuelo.
Ver cada retrato me trae tanto buenos como malos momentos que experimenté en esta casa, lo que me trae a la memoria que por un largo rato pensé que el peor momento sería cuando mi abuela falleció a sus 61 años; pero más triste fue, cuando el abuelo pasó a mejor vida un día antes de su cumpleaños número 70, exactamente hace dos años.

A diferencia de esa última vez que visité esta casa, en este momento estaba vacía; varios de los muebles fueron quitados, así como pertenencias que algunas familiares heredaron y no dudaron en llevarse… y aunque tanto los odie, al menos todos llegamos al acuerdo de dejar esta casa sin un dueño en particular, convirtiéndola en un “hogar de verano” para todo aquél que quisiera pasar un tiempo en ella durante días libres.
Mis padres no decidieron poner un pie de vuelta aquí por respeto al abuelo, es por eso que esta vez viajé sin ellos y sin mi hermana, por tener encuentros con sus amigos de la casa. Normalmente no vendría a aquí, no como Yudai que la visita cada vez que puede, pero aprovechando que las otras partes de la familia salieron a pasar su verano en las playas, opté por esta buena ocasión para relajarme.

Aunque por palabras de Yudai, fácilmente puedo decir la identidad de la otra persona que también pensó quedarse a dormir en esta casa al mismo tiempo.

“Esta será tu habitación”, me señala Yudai, dejando caer la maleta cerca de la primera puerta al llegar al segundo piso.

No sé si realmente es coincidencia, pero cada vez que me he quedado a dormir aquí, siempre me ha tocado la misma habitación. No es como si me quejara por algo en específico, pero realmente prende mi interés si Yudai es capaz de recordar pequeños detalles como estos.

“Ella está en la habitación de al final”, comenta enseguida, intentando regresar a ese tema, muy interesado en mi respuesta.

“Yudai… ¿qué esperas escuchar de mí?”, solté molesto. Él alza su sonrisa a cambio.

“Han pasado dos años desde que no se ven.”

“¿Acaso ella muestra interés por verme?”, cuestioné señalando la puerta cerrada donde se suponía ella estaba. “Si no me comuniqué con ella, ni siquiera por teléfono, durante estos dos años… comprendo que no me quiera dar una bienvenida.”

“Pero siempre puedes disculparte”, contesta abrumado por mis palabras.

“Lo mejor es que estemos así.  Tal vez distanciarnos es lo mejor para nosotros, no es la primera vez que le fallo.”

Sin dar tiempo a alargar más el tema, ingreso a mi habitación para empezar a desempacar mis posesiones  en su lugar. Yudai se me quedó observando desde la puerta por unos minutos en silencio, pero al final terminó desapareciendo no sin antes avisarme de la hora de la cena.

Maldigo a mi primo en silencio por meter el pensamiento de nuestra prima en mi cabeza y sin señales de salir pronto.
Miento diciendo que no me apetece saludarla y ver que tanto ha cambiado, pero aunque mi última respuesta hacia Yudai fue totalmente improvisada, muy por dentro sentía que realmente se trataban de mis verdaderos pensamientos sobre ella.
Suelto un largo suspiro por cada uno de los buenos recuerdos de mi prima que llegan a mi mente mientras acomodo de forma automática mi ropa en los cajones de un mueble. Me siento mal al no poder escuchar sus quejas cuando la molestaba en juego, y me avergüenza y entristece recordar que alguna vez les solté las palabras: “yo siempre estaré a tu lado”.

Acabando de acomodar, chequé mi reloj de mano y me di cuenta de que aún era temprano: 4:30; la cena empezaba a las 8, tenía mucho tiempo, que aproveché para tumbarme en la cama e intentar dormir. Primer día y ya estaba agotado física y mentalmente, estas vacaciones sí que resultarían ser largas.


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“Hermano… ¿quién es esa persona?”

Abro lentamente mis ojos para observar aquello que señala mi hermana menor con interés. En la parte más alta de un tobogán, se encontraba una chica sentada, abrazada fuertemente de sus piernas y al parecer, sin ganas de usar el tobogán para su verdadera función. Por su posición me es incapaz verle el rostro, pero muy dentro de mí, un sentimiento me dice que es alguien quién conozco muy bien, y que en estos momentos parece estar sufriendo por algo.

“Oye…”, suelto para llamar su atención. Sin embargo ella ni se inmuta, no importa que tanto intente llamar su atención con mis palabras, ella sencillamente me ignora.

Intento ignorarla también, llevando a mi hermana a jugar con los columpios del mismo sitio, pero otra vez mi interior se siente inquieto, como advirtiéndome que algo que estoy haciendo está mal. Pero aunque esté así, mi hermana es primero, y motivo suficiente por el cual sólo concentrarme en ella y no en el problema de otros.

El ambiente lentamente comienza a tornarse lento y pesado, el color de mi alrededor se vuelve extrañamente más y más opaco, hasta que el escenario deja de ser visible.


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La Luz del sol que entra por la ventana me alcanza a despertar. Intento mover mi cuerpo, sin embargo este se siente cansado, como sin ganas de obedecerme a pesar de haber descansado. Cumplo con el capricho de mi cuerpo y me quedo ahí tirado en la cama, únicamente siendo capaz de mover mi cabeza, aunque de poco sirve ya que me quedo observando fijamente el techo blanco de la habitación.

Para entretenerme intento recordar el sueño que acabé de tener, pero sin éxito. Mi memoria a corto plazo nunca ha sido buena, pero no esperaba que me traicionara con tan sólo unos minutos de diferencia… aunque tampoco me dejaba concentrar el molesto brillo del sol que entraba por la ventana sin cortinas.  Maldije mi mala memoria, así como también al astro que extrañamente empezaba a llenar de más luz mi cuarto cuando debía de ser lo contrario.
A estas alturas deberían de ser las 7:30 pm, al voltear rápidamente la reloj me di cuenta que estaba en la razón… o en parte, equivocado solamente en qué mitad del día era.

No podía creer que había dormido poco más de 12 horas.



“Sí que llegaste cansado”, me dice Yudai burlón a la hora del almuerzo en el comedor. “Pensaba en si despertarte o no… pero parecías dormir tan bien.”

“Ignoraré el hecho de que entraste a mi habitación sin mi permiso y mientras estaba dormido”, mi primo soltó una risotada por el comentario a pesar de que yo iba en serio.

“No fui yo quien fue a echarte un ojo”, su respuesta me quitó la seriedad.

Centré mi atención en el plato lleno de cereal frente a mí y comencé a darle bajón en silencio para evitar tener que hacer una pregunta obligada. Esperaba que Yudai me insistiera por ello, pero me sorprendió que también empezara a devorar su desayuno en total calma.

No continuamos conversando, lo cual nos dejó terminar de comer rápidamente para cada uno pasar a realizar sus actividades preferidas. En todo ese rato, ni de reojo se apareció nuestra prima, lo cual sinceramente me extrañó. ¿Realmente estaba así de enfadada, cómo para no querer verme mientras esté fuera de mi habitación?

“Eres tan transparente, Taiyou”

“Tú cállate Yudai”, espeté antes de retirarme de la sala hacia mi cuarto.

Si así serían las cosas, mis planes debían cambiar de relajarme un rato en casa, a estar encerrado estudiando o salir al bosque a respirar un poco de aire fresco. No tenía ganas de lo primero, así que sin dudar me incliné por lo segundo, por lo cual vestí un par de tenis para el largo recorrido que daría antes de volver a casa.

Tracé mentalmente un recorrido por el cual pasear, siendo la primera parada en el viejo parque escondido a mitad del bosque. Aquél parque era mi respuesta para alejarme de todo aquello que me molestaba, casi nadie sabía llegar ahí, por eso en nuestras viejas reuniones familiares, mi hermana y yo solíamos escaparnos allí para no tener que tolerar a nuestros molestos primos.
Ya estaba grande para siquiera pensar en subirme en el tobogán, así que no me quedaba de otra más que subirme a los columpios, rezando porque todavía estuvieran en buen estado, lo cual era pedir mucho.

“Tienes que estar bromeando”, solté a mitad de la sorpresa de encontrarme con que tres de los cuatro columpios ya estaban partidos a la mitad, y el que quedaba, ya parecía quedarle poco tiempo de utilidad.

Si mal no recordaba, el abuelo se encargaba de darle un poco de mantenimiento a este sitio, su ausencia claramente se ve reflejada, lo cual me entristece y me alegra en parte porque Ryou no esté para ver cómo quedó su viejo juego preferido.
Ya lo he dicho muchas veces antes y parece que nunca dejaré de repetirlo: odio los cambios generados por el paso del tiempo.

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“Tengo frío…”, me saca de pensamientos las palabras de mi compañera, quién se frota con regularidad sus manos mientras descansamos en lo alto del cerro cerca de la casa del abuelo.

A pesar de ser verano, a estas horas de la mañana, el frío se concentra en las alturas de este sitio; por eso la mayoría de la familia que salimos a dar el paseo rutinal del abuelo, cargamos con ropas aunque algo pesadas, pero cálidas para soportar fácilmente este clima. Sólo una persona en especial, no se le ocurrió venir bien preparada para este reto que es subir y bajar la colina; aunque bien no la puedo culpar, nuestra prima vino más aquí por obligación que otra cosa y no tuvo tiempo de prepararse bien.

A diferencia de Ryou, que tiene a nuestro padre y madre para pensar en su bienestar y prestarle alguna prenda en caso de que siguiera teniendo frío; nuestra prima, Ruka, no tiene padres quienes se preocupen por ella… siendo únicamente el abuelo quién piensa en su bienestar, aunque en estos momentos está bastante ocupado atendiendo a la otra parte de la familia.

Estando a lado de Ruka, se siente realmente como una carga, se puede notar fácilmente el frío que tiene al abrazarse con frecuencia y moviendo sus piernas de un lado a otro; pero a pesar de que le ofrezco prestarle alguna de mis prendas, ella se niega a cooperar, alejándose cada vez más de mí.
Terca tenía que ser, era lo único que compartíamos como familia, porque de agradarme estaba muy lejos y no me preocupaba por ello dado que el sentimiento era mutuo.

Vuelve a doler en mi interior, todo por estar pensando ella, no cabe duda de que sea la fuente del mal sentimiento que he cargado desde que nos vimos. En cuanto acabe esta caminata, buscaré la mejor forma para alejarme de ella y no volver a verla.



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Un escalofrío recorre mi cuerpo, una sensación que creía nunca más volvería a tener.

Espera… ¿cómo sé que me pasaba con regularidad? Intento acceder a mis memorias pero no doy con la prueba de que mi pensamiento anterior sea verdadero.
Pero ignorando eso, hay dos cosas que me preocupan… ¿Qué pasa con el sueño que justo tuve? ¿Cómo fue que me quedé perfectamente dormido estando sentado en el columpio del parque?

Volteo hacia el cielo, y doy un salto del susto al notar claramente el brillo de las estrellas y a la luna en lo alto. Otra vez dormí bastantes horas. Estoy preocupado por ello.
Si Yudai no ha salido a buscarme, lo más seguro es porque todavía no es tan tarde; pero no quiero preocuparlo en todo caso, así que me dirijo corriendo de vuelta a la casa del abuelo.

Las luces de la casa no están prendidas y el automóvil de Yudai que estaba estacionado en la entrada, ya no se encontraba allí. ¿Habría salido de urgencia? No sería extraño, aunque él se retirara, todavía quedaba nuestra prima custodiando el hogar. Pero en cuanto toqué la puerta varias veces y no hubo respuesta alguna, sabía que algo malo pasaba a mi alrededor. 

Comencé a golpear la puerta con más fuerza así como a gritarle y disculparme si la causa de que no me abriera era por la decepción que causé en ella; pero por ni una de las dos formas, la puerta principal no se abrió.
Me asomé por una ventana y no pude contener mi sorpresa y miedo de ver que dentro, la casa no tenía ni un solo mueble o adorno, y sobre todo, sucia, como si nadie la hubiera habitado por un largo tiempo.

¿Esto también era parte de mi sueño?... ¿Seguiría dormido tranquilamente en el columpio? ¿O en la cama de mi habitación? ¿O si nada de mi viaje realmente está pasando?
¡No tengo idea!... y eso me desespera mientras más y más pienso en ello.

Un fuerte zumbido invade mi cabeza, uno molesto que no tarda en convertirse en un dolor punzante. Busco y busco la fuente de todo este caos que se ha convertido mi entorno, pero solamente encuentro incógnitas que poco a poco nublan mi razonamiento.
Mi mente se llena de memorias falsas, salidas de viejos sueños recurrentes: 7 seres vigilantes, cambio de almas, una ciudad derrumbada, así como un mundo cubierto de blanco y un ente supervisor, también sobre un contrato y una “segunda oportunidad”.


“Parece que necesitas ayuda”, la voz de una persona suena de repente cerca de mí. Volteo hacia atrás y me encuentro con una chica de anteojos alta, delgada, de un familiar tono de piel moreno y de cabello largo lacio, llegando hasta por debajo de su cintura, de un bello color castaño claro. “¿Te me vas a quedar viendo, o vas a acompañarme al cementerio, Risos?”

“¿Perdona?”, suelto confundido, lo que también deja perpleja a esa persona. “¿Te referías a mí?”

“Claro… ¿acaso alguien más se llama Risoutekina? Sé que no te gusta el apodo que te hice, pero ahí está lo divertido, aparte de que te digo así por cariño”, responde esa joven sonriendo avergonzada mientras en confianza, me da palmadas fuertes en la espalda. Al verme reaccionar a su saludo, tomando distancia, ella se muestra preocupada. “¿Te sientes bien?... Si es por lo de Risos… tú muy bien sabes que lo hago por juego, no quiero molestarte.”

Esas palabras, sé que las he escuchado antes pero con otra voz.

“¿Quién eres?”, al fin cuestiono por la familiaridad con la que me trata.

“¿Sigues medio-dormido? Bueno… ¿hasta pereza te da para intentar recordar mi nombre? ¡Soy R-u-k-a!”, me responde molesta, golpeándome la frente con la punta de su dedo índice.

Comparo mentalmente rápido y encuentro el parecido tras procesar poco. Que lleve anteojos y cabello extremadamente largo a comparación de lo corto que le gustaba tenerlo, hacía parecerla de vista rápida como otra persona; incluso su voz sonaba más grave, y ni hablar de su personalidad.

“¿Qué fue lo que pasó?”, me pregunto asustado, sentándome en el suelo y recargando mi espalda contra la puerta principal de la casa. Desde ahora, no me siento capaz de procesar mis pensamientos sin problemas, como si algún engrane en mi máquina mental faltara o estuviera roto.

“Si tienes algún problema, sabes que puedes contar conmigo”, comentó antes de sentarse a mi lado.

“Ese es el problema Ruka… no debería ser así”, ella malentendió mis palabras y me miró enojada por ello, pero antes de que me respondiera, continué hablando. “Esto debe ser un sueño, no hay otra explicación de eso.”

Sentí un apretón en la mejilla, por lo cual me quejé inmediatamente con ella aunque al final no pude enojarme por verla con una expresión seria.

“¿Ya despertaste?... Estás actuando más raro de lo común, ¿realmente no quieres hablar de lo que te molesta?”, me preocupaban sus palabras, porque a pesar de saber perfectamente que ella nunca se mostraba antes así, puedo notar la sinceridad con que se expresa. “¿Este lugar te ha de traer malos recuerdos, no?”

“¿Por qué debería?”

“Es malo reprimir tus recuerdos”, me dice seria, sin ser capaz de notar que yo también lo soy. “Aunque no me lo creas, y espero que no te moleste, puedo imaginarme muy bien cómo se siente no tener padres, todo lo que sufriste aquí antes de que te conociera… y de alguna forma, me siento responsable por ello.”

¿Qué?...

“¿De qué estás hablando?”

“Perdóname en serio, Risoutekina, pero yo…”

“¡¡¡¿DE QUÉ ME HABLAS?!!!”, reclamé entre asustado y enfadado, lo cual espantó a mi prima y la hizo retroceder un poco. “¡¿Cómo que no tengo padres? Tú eres quién no los tiene!”

Ruka se asustó por mi comportamiento repentino, pero a pesar de que la estaba acosando por aquella respuesta, ella no paró de mirarme a los ojos, armada con algo de valentía aunque sus piernas temblaran de la sorpresa.

“Risoutekina... por favor, cálmate y recordarás bien; debes de estar abrumado y me disculpo mucho por lo que dije, yo sólo quería ayudarte…”

“¡Para de actuar!... ¡Yo… yo me voy a casa, mis padres y mi hermana me esperan! ¡Fue un error venir aquí desde un principio!”

Me levanté impulsado por la furia que me corroía por dentro, y empecé a avanzar alejándome de ella y de la casa. El dolor de cabeza volvió, por cada paso que daba, sentía que la intensidad aumentaba… pero sería peor para mi salubridad, quedarme más tiempo en aquél lugar junto a ella.
Mi visión se tornó borrosa y mis piernas empezaron a flaquear, convirtiendo mi paso a uno errático y excesivamente lento.

Tenía que irme de ahí, sino con seguridad me volvería loco… empezando a caer en la trampa de dudar sobre mi realidad.
Caí al suelo no muchos metros después, alcanzando a meter las manos para no tenderme en el suelo totalmente; intenté incorporarme, pero mis brazos y piernas no respondieron, mi respiración se volvió más pesada a la vez que pequeñas gotas que humedecían mis ojos, recorrían mis mejillas hasta desprenderse y caer al suelo.

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“¡Taiyou! ¡TAIYOU!”

Salté de mi sitio y abrí de golpe mis ojos por el susto al escuchar los gritos de una persona bastante preocupada. Frente a mí se encontraba mi primo Yudai, con una expresión igual de asustada como la que podía imaginar tenía yo mismo ahora.

“¿Qué pasó?”

“¡¿Cómo que qué pasó?!”, me gritó enfadado sacudiéndome por los hombros. “Llevas fuera de casa cerca de 6 horas y no volvías, y te encuentro aquí dormido en el columpio.”

“Perdón… yo sólo, creo que no me sentía muy bien… ¿pero por qué te preocupaste de mí hasta muy tarde?”, pregunté curioso, cosa que hizo volver a mi primo a su actual personalidad enérgica.

“En realidad yo nunca me hubiera dado cuenta del tiempo de no ser por Ruka jeje”, confesó él sin avergonzarse por ello.

El nombre de mi prima resuena por mi cabeza, como si estuviera relacionada a una idea que sentía era importante, pero no recordaba de qué trataba. Pero lo que todavía no podía digerir, es que fuera ella quién advirtiera a Yudai sobre mi salida sin retorno… me alegraba que se preocupara por mí, tanto como me dolía no tener las fuerzas para acercarme a ella para agradecerle.

Sin más por hablar volvimos a la casa, por consejo de Yudai, me dirigí directo a mi habitación a descansar un rato antes de que la comida estuviera lista. Y así pensé hacerlo en un principio, hasta toparme subiendo las escaleras a la otra persona que también temporalmente había empezado a dormir bajo este mismo techo.

“Hola”, saludé normal a la chica parada delante de mí, quién podía jurar había crecido desde la última vez que nos vimos, sin decir que su cabello también creció considerablemente llegando hasta poco más debajo de la altura de sus hombros. Di lo mejor de mí para no flaquear y mostrar la molestia que me daba por estar junto a ella, pero por la fría indiferencia que me mostraba, dudé en si era lo mejor.

“Hola”, al fin soltó una palabra Ruka, de manera más seria que nada, pero ya era un comienzo. “¿Te pasó algo malo? Tardaste en regresar.”

“Ni siquiera yo sé lo que me pasó. Cuando me di cuenta ya estaba dormido, sentado en un columpio.”

“¿No será que estás exigiendo mucho a tu mente para entrar a esa universidad que te obliga leer tremenda cantidad de libros?”, preguntó cruzada de brazos, para después observarme extrañamente de arriba hacia abajo.

“¿Tengo algo?”, cuestioné curioso, mirando instintivamente mi cuerpo en busca de alguna anormalidad.

“Tu cuerpo… está igual de descuidado como aquella vez”, su comentario me dejó perplejo, no porque se quejara de mi anatomía, sino por compararla con un momento en el pasado que desconocía. “Olvídalo. Y tú decías que yo era perezosa.”

“¿Perdona?”, reclamé enseguida. “Es cierto que no practico algún deporte o me ejercito, pero sí he estado haciendo algo productivo.”

“Pasarte todos los días pegados a tus libros no es saludable.”

“¿Y quién eres tú para decirme eso? ¡Yo estudio, no estoy pasando todos mis días en solitario encerrado en una habitación, perdiendo el tiempo con videojuegos o berrinches de un antisocial!”

¿Qué fue lo que acabé de decir?

Ruka se veía sorprendida por lo que había soltado en un arrebato de furia, pero más que eso, yo me encontraba más que confundido e ignorante de saber de dónde se había generado mi respuesta. Lo que más temía, es que de cierta forma, eso me había calmado muy en mi interior…. como si hubiera sido capaz de liberar una buena parte de un espacio que hasta hace poco se encontraba lleno.
Aun así, no podía hacer algo para quitarme el mal sabor de boca haberle gritado todo eso por un simple comentario inofensivo.

“Ruka, perdona… no quería…”

“No… está bien”, respondió ignorando mi mirada. “Ya no tengo dudas de que no me quieres cerca.”

Intenté detenerla para explicarle lo que había sucedido, sin embargo se pasó de largo no sin antes chocar su hombro con el mío, en clara señal de que se encontraba enfada.

“¡Al menos yo dije lo que pensaba, Ruka, no como tú que sigues huyendo de los problemas! ¡Me culpas como si no hubiera tenido otras cosas importantes por hacer!... ¡¿Sabes qué? Lo admito, te fallé con la promesa!… pero no me salgas con que estás libre de cargos cuando tú también pudiste visitarnos, y no digo visitarme sólo a mí, sino a TODA mi familia quién te tuvo como carga por 2 años… ¿Y me guardas rencor por qué no pude comunicarme contigo?””

“¡¿Y que yo no tuve cosas por hacer? Yo conseguí una familia de vuelta, una que no quiero perder. Invertí en este tiempo y seguiré invirtiendo parte de mi tiempo en cosas para agradecerles su hospitalidad!”, respondió con voz alta, dándome la espalda.

“¡Oh cierto!... ¡Tienes una nueva familia con la cual vivir, felicidades Prima!... ¡Te aplaudiría de no ser porque sin mí, nunca, NUNCA, la hubieras tenido!”

El impacto de un golpe resonó en la casa.  Mi rostro dolía en demasía, observé a Ruka con su puño levantado mirándome fija y fríamente con aquella misma expresión con la que nos habíamos conocido por primera vez. Retrajo su puño y lo cubrió con su otra mano por lo doloroso que le había costado asestarme tal golpe bien colocado.

“No te quiero volver a ver, Taiyou”, fue lo último que escuché de ella antes de desaparecer de mi vista y sin preocuparse por mirar hacia atrás, mientras yo me quedaba ahí… más dolido por el impacto del momento que por el de su puño.

Si ella no dudaba en su afirmación, yo tampoco tenía dudas sobre que lo mejor para nosotros era quedarnos separados. Mejor quedarnos así, antes de que uno comenzara a hartarse más fácilmente por la presencia del otro.
Tal vez lo que le dije fue sin pensar, pero siento que no salieron sin una buena razón, aun cuando la hice enfadar más de lo que ya estaba.

2 comentarios:

  1. Vaya... me entristece mucho ver a la Ha-ruka así, alejada y herida; Taiyou cometió el error, he de agregar; ¿como la trata así si ya sabe que es sensible por demás? Por otro lado, preocupante el tema de los sueños, me ha gustado bastante el cambio de atmósfera que traían, me recordó un tanto a esa polémica tira cómica de Garfield que asustó a todo el mundo.

    Me parece una gran entrega, hasta se me hizo corta. Que bien se siente volver a leer sobre personajes que ya uno imaginaba abandonados. También he de decir que has mejorado en narrativa, ¿será que aún practicas o ha sido cosa de leer y tal?

    Saludos! Espero estos dos se arreglen, ya sea en esta o en otra vida

    Pd: a Ruka le queda bien el papel de chica salvadora.

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    1. Me alegra bastante que te haya gustado esta primera parte, como te había mencionado ya la tenía empezada desde hace rato y no sabía exactamente dónde segmentarla, pero viéndolo creo que lo dejé en buena parte (ya hay mucha pelea de Ruka y Taiyou en una sola parte).
      No me acordaba de esa tira de garfield, y ahora que le vuelvo a dar un ojo ya puedo ver a lo que te refieres, ¿a lo mejor me inspira de algo? jajaja

      A decir verdad, Ruka de salvadora me trajo una idea muy similar a "The Genderbending of Haruhi Suzumiya" no sé si hayas visto algo, que a pocas palabras, recuenta la historia de Haruhi pero con los sexos inversos y algunos cambios en la historia que eso contrae jajaja

      Muchas gracias por leer y comentar!! Más siendo casi vísperas de nuestros inicios en el subforo. Saludos!!

      P.D. Total seguidor de Sugisaki ken!! xP

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