domingo, 30 de octubre de 2011

"¿Me puedes dar otra oportunidad?" RE capítulo 36/??

DÍA 907



“Perdona… ¿pero qué significa eso Haruka?”

“¡Ya te lo dije! Quieren que me vaya de esta casa… me separe de la familia para estar con mi nueva… familia.”

“¿Por qué?... Es lo que pregunto… ¿Qué ha pasado?...”

“…”

¿Cuándo fue que tomaste esa decisión, Ruka?...



Habían pasado cuatro buenos días desde que había llegado a casa para descansar. Fueron días normales, comunes, tranquilos los que vivía… tal vez un tanto complicados a la hora de levantarme de la cama y moverme a hacer algo.

Me daba nostalgia, poder ver a Haruka y Ryou con sus respectivos uniformes escolares y asistir sin problemas a la secundaria en la que se supondría debería de estar yo, extrañaba estar entre amigos conversando, almorzando y estudiando… ¿harían eso mismo mi hermana y mi prima?
Algo me decía que al menos, Haruka no disfrutaba…

Según mis padres, Haruka llegaba temprano a casa los primeros días, pero en mi estancia, llegaba más tarde, no tenía apetito y se encerraba en su cuarto... ¿acaso volvió a sus inicios? Yo pensando que había cambiado…

Fue hasta que ese niño se apareció, que comencé a obtener respuestas sobre el comportamiento de mi prima…



“¿Eres amigo de Haruka?”

“Se podría decir, pero no vengo por ella, vengo a platicar contigo Taiyou y familia”, respondió ese niño de 11 años, de pelo castaño, ojos cafés y piel blanca.

Era tal vez erróneo… pero tenía cierto parecido a una persona de mi pasado, lo malo es que no podía recordar de quién se trataba.

“¡¡¡Farith, ¿Qué haces aquí?!!!”, gritó Haruka, que bajaba del segundo piso hasta donde el chiquillo y yo. “Te dije que nunca vinieras aquí…”

“Bueno prima, sí tú no te atrevías a hacer el primer movimiento, yo te tenía que dar una mano”, respondió el niño mirándola fijamente.

Tenía un mal presentimiento, buscaba los ojos de Haruka para intentar ver qué era lo que pasaba, pero evitaba mi mirada con el fleco de su cabello. Era algo malo, ella no me deja verle sus ojos cuando le pasa algo así.

“Si no te vas tú, ¡¡me voy yo!!”

Haruka empujó al chiquillo para abrir paso y salir de la casa corriendo, Farith gritó, pero no fue escuchado por la molesta chica que se alejaba cada vez más de nosotros.

“No vaya a ser la de malas… quédate aquí, yo voy por Haruka”, le ordené al “primo” de mi prima, para después salir de la casa y seguir el camino que ella había tomado.

Lo había olvidado, había olvidado que no podía… fue mi error, me di cuenta hasta que caí al suelo de la acera. No podía correr, muy apenas y podía caminar a paso lento, solo lograría lastimarme más si forzaba mis piernas.

“Mierda… ¡¡nunca soy útil para cuando se me necesita!!”, me dije internamente, buscando rápido algo que me ayudaría a alcanzar a Haruka.

“Hey… toma prestado mi patín eléctrico”, dijo Farith, que señalaba a un lado de la puerta principal de mi casa, ahí como decía, se encontraba un mediano patín rojo con motor eléctrico. “Úsalo, pero no lo pierdas o lastimes.”

Caminé lentamente para recogerlo, lo puse firme y subí mis pies en ella para después presionar un botón y escuchar como el motor prendía. Moví el acelerador un poco, ya se notaba el movimiento lento pero constante de la máquina; pasando unos cuantos metros, ganaba una velocidad normal, perfecta para no perder el equilibrio pero no yendo más lento que ir caminando.

“¡¡Tcchh!! Por aquí…”

Observe un poste frente a mí, escondida detrás, se encontraba Haruka que me llamaba la atención para que me aproximara a ella. Como iba sobre la marcha en lo que intentaba comprender la situación, pase de largo en donde estaba ella y mejor di vuelta en una calle, esperando que ella supiera la razón de porque lo hacía.

“¡¡Idiota, ¿por qué no te detuviste?!!”

Al parecer no…

“Tú eres la idiota, si me detenía en donde tú estabas, Farith te hubiera visto, ¡¡ya que no estamos muy lejos de su vista!!”, le grité, aun conduciendo el patín. “Primero alejémonos un poco, después… quiero una explicación…”

Haruka asintió, y tomando rápidamente lugar detrás de mí en el patín a la vez que me sujetaba del estómago, avanzamos hacia un buen lugar en donde no nos encontraran por un rato.

Quitando toda la situación que estaba de por medio, me entretenía manejar el patín del diablo, nunca antes me había subido uno, y menos eléctrico, por lo que no podía evitar poner una sonrisa de aprender a hacer algo nuevo.

“Pareces niño menor”, dijo Haruka burlona, más solo la ignore.

Llegamos unas cuadras más lejos, llegando a la zona de la colonia en donde pasaban más camiones de transporte; ahí, nos sentamos en una de las bancas de cemento de espera.
Dejé a un lado mío el patín de Farith, y me senté junto a Haruka, para verle seriamente y hacerle explicar todo.

“Estoy nerviosa… esta semana he estado muy nerviosa Taiyou”

“¿Por?”, pregunté. “¿Se debe a ese niño?”

“Sí, en gran parte se debe a él”, respondió ella bajando su tono de voz. “¿Sabes? No me creerás, pero… mientras estuve en tu casa, comencé a olvidar los momentos con mi familia original.”

“Eso es algo malo”, le dije, tratando de confortarla.

“No, Taiyou, no lo es… la verdad, sé que mis padres me querían mucho (no por nada ponían cámaras de vigilancia en la casa cuanto estaba la niñera… que era una tía) pero casi siempre salían por negocios, así que realmente son pocos los buenos momentos que aún conservo… muy diferentes a lo que tuve con tu familia”, me decía Haruka, mucho más animada. “Salí a unas cuantas fiestas, salí a centros comerciales, a dar paseos por la calle e incluso encerrarme por varios días en el cuarto… pude decidir qué hacer por mi cuenta, recibí regaños, adulaciones y nunca estaba sola… pero…”

“Vamos, yo escucho sin problemas”

Puse mi mano sobre la suya para brindarle más confianza, me vio por unos segundos a los ojos y después los evitó, soltando una pequeña sonrisa leve en lo que seguía con su explicación.

“Farith, ese niño es mi primo, lo que para ti sería un primo político; él llegó unos pocos días antes de que tú despertaras, para proponerme algo que nuestro abuelo estaba de acuerdo”, dijo ella pausando de repente. “Quieren que me quede a vivir por siempre en la casa del hermano de mi madre.”

El cabo suelto que tenía de aquel chico por fin lo había reconocido. Sus rasgos físicos, eran iguales a los de la difunta madre de Haruka (con quién también tiene parentesco), ese niño entonces sería: Farith Kamiya.

“Perdona… ¿pero qué significa eso Haruka?”, pregunte incrédulo.

“¡Ya te lo dije! Quieren que me vaya de esta casa… me separe de la familia para estar con mi nueva… familia.”, me respondió molesta, agachando lentamente su cabeza.

“¿Por qué?... Es lo que pregunto… ¿Qué ha pasado?...”

“La familia Kamiya era quién me cuidaba mientras mis padres se encontraban de viajes… ellos son los verdaderos tutores míos…”

“¡¡¡¿Entonces por qué te rechazaron cuando perdiste todo?!!!”, pregunté, justamente enojado de que las personas que una vez rechazaron el cuidado de mi prima, ahora la reclamaran.

Logró tranquilizarme, con un beso en la mejilla que me dejó muy confundido… algo había, que no le molestaba esa decisión de la familia Kamiya… sino estaría seguro que se escondería o trataría de escapar, eso haría la Haruka que conocía en un momento así… pero me olvidaba de algo muy importante: el tiempo y la madurez van de la mano.

“Ellos nunca me rechazaron Taiyou…”, comentó ella, recargando su cabeza en mi hombro. “No los culpo… mis tíos eran muy cercanos a mis padres, a pesar de ser familia, se puede decir que eran muy muy amigos… la muerte de mis padres les hizo mucho daño… en realidad hubo un día en que me quedé con ellos, pero yo al verlos como ellos al verme, nos causábamos malos recuerdos… por eso nuestro abuelo intervino y me dejó vivir con él.”

“¿Y qué pasó para que cambiara de opinión?”

“El tiempo Taiyou… así como cuando estuve con tu familia… el tiempo sanó las heridas”, me respondió, mirándome fijamente.

“Ahora por favor, solo respóndeme una última pregunta…”

Respire fondo antes de soltar mis palabras, el silencio que tenía hizo que Haruka se separara de mi hombro y me viera en espera de la pregunta, de forma ansiosa.

“¿Te vas a ir con ellos?”

Era difícil que el silencio no ganara control en nuestra conversación, ni uno de los dos apartaba más su mirada por la del otro, fijos estábamos, esperando a que uno tuviera algo que decir… pero de forma cuidadosa, una palabra equivocada podría traer algo malo.
Esperaba con ganas que sus palabras fueran negativas… pero si dudaba en contestarme… sería todo lo contrario a lo que esperaba.

“Yo… decidí irme”, por fin soltó las palabras Haruka, mostrando seriedad y firmeza. “Estoy muy agradecida por todo lo que me han dado, pero no he sido más que una carga en todos los aspectos por eso yo…”

“No eres un carga Haruka, aunque lo haya dicho muchas veces, nunca fuiste una carga… solo floja, solo eso jajaja”, le contesté, haciéndola molestar para que me soltara un golpe el brazo. “Haruka… no tienes que decirme más, yo confío plenamente en tu decisión, y vaya, me enorgullezco de lo tanto que has madurado como para no temerme en estos momentos.”

“JAJA, ¿temerte?... ¿Por qué debería de temer a la persona que me dio mucho?”, preguntó ella, juguetona.

“Pregunto algo similar, ¿por qué sería una carga, la persona que me gusta?”

La verdad, esas últimas palabras salieron por impulso, me avergoncé de ello, pero me calme al ver como se apenaba mucho más Haruka: buscando ver otra cosa y cambiando de tema, intentando no mostrar sus mejillas ruborizadas de un suave color rojo.

“Ok Ruka, te sigo el juego”, pensé, al sentir como presionaba con fuerza mi mano con la suya y ver como frente a nosotros llegó el auto de mi padre, algo alterado por nuestra desaparición.

Subimos al auto, no sin antes tomar y también meter el patín de Farith; mi padre no dijo nada, al parecer daba sospechas de que ya sabía sobre el motivo de Haruka, haciendo temblar un poco a mi prima, la cual todavía me tomaba de la mano… por puro contacto físico que manteníamos, me enteraba de lo que sentía ella.

Llegamos a casa, donde Farith, mi madre y Ryou nos esperaban en la sala. El chico evitaba nuestras miradas mientras que Ryou se abalanzaba con Haruka para abrazarla… con eso ya era seguro, ya sabían lo principal.

“Taiyou, gracias… pero por favor, ¿me puedes esperar en el segundo piso?”, me pidió mi prima, soltándome de la mano y mirándome temblorosa.

“¿Qué pasa, te molesto?”

“No es eso Taiyou”, dijo ella con voz quebradiza. “Es que me da pena explicar todo frente a ti, ya que me recuerdas lo último que me dijiste.”

Me contuve la risa, ella me escuchó e infló sus mejillas, enojada. Le frote el cabello mientras le sonreía, le desee suerte y me fui caminando a las escaleras para subir… confiando en que Haruka se las arreglaría sola.


“Taiyou… por favor ayúdame a explicar, quédate a mi lado, ¿sí?”

“Después de todo… sí que has madurado”, me dije a mi mismo en voz baja, repasando una y otra vez, que las palabras que desde ahora esperaba de las personas en mi entorno, podrían ser diferentes.



Así fue como se llegó a un punto sin retorno después de una hora de conversación con mis padres, a pesar de estar en el segundo piso, escuchaba perfectamente la conversación. Al próximo día, Haruka se iba de casa; Ryou estaba triste, mi madre intentaba consolarla y mi padre preguntaba varias cosas a Farith, como… ¿Cómo era que había llegado a esta casa él solo, si él vivía en otro estado?...
La respuesta para esa pregunta, fue que él y sus padres se quedaban a hospedarse en un motel de la ciudad, en lo que Haruka optaba por irse con ellos; minutos después, llegaron los padres, a recoger a su hijo e intentar explicar la situación que ya conocían mis padres, terminaron sorprendiéndose de que todo ya había sido contado por su hijo y Haruka, así que no pidieron más que disculpas que les fueron otorgadas.

“¿Por qué no bajaste a saludar?”, me preguntó Haruka, subiendo a mi cuarto poco después de que su nueva familia partiera de casa.

“Bueno, no quería que vieran mi rostro de ``muy bien convencido por el cambio´´ y se pusieran más de nervios”, bromee, recostado en mi casa mirando el techo. “¿No deberías de estar recogiendo tus cosas?”

“Bueno, la verdad no tengo mucho je… y como mañana es sábado, pues al despertar acomodo mis cosas…”

“¿A qué hora te recogen?”, pregunté, sin tono o expresión alguna.

“A las 12”, me respondió en voz baja.

“¿Puedes dormir conmigo hoy?”

“Claro, Taiyou… no hay problema…”



Las horas pasaron increíblemente rápidas, en un abrir y cerrar de ojos, se había llegado el amanecer. Haruka me despertó con cuidado esa mañana, pidiendo que le ayudara a guardar cosas como último favor. No pude negar su petición.

Era cierto que no tenía muchas cosas, guardamos su ropa en una maleta que mi madre le había regalado, su uniforme escolar lo dejó doblado en la cama, para dejársela como repuesto a Ryou por si le hacía falta. Algo que me contaba hablando referente al uniforme, es que su cambio de escuela ya estaba hecho, ya había arreglado los papeleos y se había despedido de varios de sus conocidos y míos. Después me las debía cobrar con Sumiya, Bura y Shidou por ni siquiera darme aviso de lo que hacía Haruka.

“je… creo que te lo regalo”, dijo Haruka, sonriendo torpemente mientras me daba en la mano el videojuego que yo mismo le había regalado. “Toma, estoy segura de que llegaras a superar mi partida je…”

“Vamos… esto es un regalo, los regalos no son para regalarlos, sino para conservarlos”, le dije, devolviéndoselo a su mano. “Espera… también te hará falta esto, más vale que lo cuides.”

En su mano vacía, le otorgue la PSP, ella lo sujetó con fuerzas y se enojó conmigo, dándome la espalda por lo que había hecho.

“¿No que no se podía regalar lo que alguien te había regalado?”, se quejó Haruka.

“Me faltó decir… que sí lo podías hacer, cuando fuera la correcto; ese PSP de mi parte no es un regalo, es un premio, un recuerdo jeje”, respondí, sonriendo lo más que podía y rascándome la cabeza.

No dijimos más, sino solo continuamos recogiendo.

Las 12 se llegaron, con cuatro minutos de retraso, se podía escuchar el claxon del automóvil que recogería a mi prima.
Todos bajamos, ayude a Haruka con su maleta al primer piso y salimos de la casa. Afuera esperándonos con una sonrisa triste, estaban los señores, muy jóvenes, de cabellos castaños y piel blanca; y también Farith que saludaba a Haruka constantemente.

“Nos vemos Haruka… cuídate muy bien y por favor haz caso a tus tíos, no seas floja como siempre”

“Gracias, Taiyou, pero por si no te has dado cuenta ya no soy la misma”, me respondió, sacándome su lengua.

Entré a la casa no sin antes alborotarle el cabello a mi prima, caminé hasta llegar a las escaleras y subir a mi cuarto a echarme en la cama. La tristeza me estaba ganando, por eso me había alejado, esperando que no ver la escena de despedida me pusiera peor.

Me imaginaba lo que pasaba, Haruka agradeciendo a mis padres por todo, Ryou abrazándola con fuerza, por su rostro corrían lágrimas; mis padres también le darían su debido abrazo y bendición a la que habían tratado como hija propia, dándoles consejos de vida que Haruka ya sabría, pero que aun así agradecería por cortesía. Estaba llorando ella también, así que entró al automóvil rojo para que no vieran su debilidad, su nueva familia se despediría y disculparía una última vez, ingresaban a sus asientos, y poco a poco el vehículo comenzaría a avanzar.

Se escucho el fuerte motor del vehículo, poco a poco bajando el volumen conforme el tiempo pasaba… los pasos resonando en el extraño silencio de la casa, y los sollozos de una persona tratando de ser calmados por las dulces palabras de otra… suspire, suponiendo que todo había acabado.

Salí de mi cuarto, un pensamiento tardío me había llegado… y si al fin de todo, ¿hubiera dejado el PSP y el juego en su cuarto por terquedad?
Entré al cuarto con solo los muebles, por fin podía ocupar el cuarto que siempre había querido… pero ahora eso no me apetecía.
Busque y busque, pero no encontraba que ella hubiera dejado atrás algo, lo que me tranquilizaba… o sería que…

Levanté la almohada de la cama, no estaba lo que yo buscaba, sino aquel colgante morado, que ella siempre llevaba en su cuello todos los días en que la veía.


“…ese PSP de mi parte no es un regalo, es un premio, un recuerdo…” 


“¡Carajo!… no quería que te fueras… solo fui fuerte por testarudo… fue tan rápido…”

Por lo que quedó del día, me quede en el cuarto, golpeando una vez tras otra la cama, inútilmente para desahogarme… las lágrimas purifican el alma… pero estas frías gotas que salían de mis ojos, no hacían más que autoinfringirme daño… necesitaba a alguien que estuviese a mi lado para borrarlas… lamentablemente en mi estado… yo…


El precio que había pagado era muy grande… creía en las palabras de Suimin y esa mujer…


 ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 Observación 1:


“¿Qué dices?”

“No te hagas el tonto, me molestas cuando te pones en ese modo”

“Oh, por favor perdona, la verdad… es que estoy algo nervioso”

“¿Por qué deberías de estarlo?”

“Bueno… ya es nuestra pri-primera cita desde… bueno, me da vergüenza decirlo… pero ya sabes qué.”

“¿Te avergüenza decirlo? Eso me hace molestar más.”

“¡No, No! No me avergüenza… es solo que da miedo… tengo miedo a que solo por ello, te separes de mi”

“Un día tendremos que hacerlo Taiyou, queriendo o no, todos se separan alguna vez…”


Este es el pequeño fragmento de un recuerdo del camino de un joven chico, ¿por qué escogí un recuerdo de él? Bueno, puede haber muchas respuestas para esta incógnita, y les aseguro, nunca sabrán cual será la verdadera; sería decisión de ustedes, si creerme o no…. Tal y como lo que diré ahora.
Lo importante aquí, no es lo que hace una persona, sino lo que recibe por sus acciones; buenas o malas, han recibido lo que se merece por cada uno de ellos.

Este fragmento lo arrebate como pago, ¿quién soy yo para hacerlo? No tiene sentido decirlo, lo que sí lo debería de tener, es que no formo parte del plano temporal, estoy en medio de lo que se podría considerar astral con lo físico.

Me entretengo mirando varios de los sucesos que ocurren en el mundo en lo que se podrían llamar: “mis tiempos libres”; hay uno en particular que me llegó a la memoria hoy… que es el que analizare, una vez más como siempre he hecho.

Un dedo puede cambiar las cosas, dependiendo como se use: si se señala, es capaz de discriminar lo que se ve (me imagino que por eso es de malos modales apuntar a las personas), es como suele realizarse por las decisiones a tomar… y es la verdad, siempre en tu vida habrá encrucijadas, la elección es el pan de cada día, tendrás que discriminar la opción que creas mala… y dependiendo de lo hecho, es como se van desarrollando los sucesos, como un sinfín diagrama de árbol.

Yendo a lo importante, los eventos que tanto he esperado han llegado, hago informes de ellos… como he dicho, me entretienen las posibilidades…

Precio 1… compensación de pérdida.

Un año puede llegar a ser algunas veces un tanto extenso… pero se es más así cuando se pierde una meta, el camino por el cual te has dirigido… si simplemente desaparece de tus manos, es natural que te encuentres perdido, buscando una manera de poder volver a la ruta correcta… aunque bueno, esa ruta podría venir siendo una mala.
Perder a alguien importante para ti, muy buen ejemplo para la situación… ser apartada de tu meta, de la persona que perseguías para llegar a superarle de buena forma y celebrar junto a ella…
365 días en soledad, estando en un hogar que te recuerda mucho a aquella persona; estás encerrada, encadenada, esperando un milagro para tomar de nuevo las riendas.

Supongamos que aquella desesperanzada persona se llame “A” y la persona que perdió se llame “B”.
Volvamos a suponer, que B vuelve a la vida de A… B pagó “X” remuneración para proteger y volver con las personas que quería (A, C, D y E por ejemplo)… esa “X” es equivalente a lo que cada miembro importante de su círculo, sufrieron en todo ese año perdido, en teoría, todo lo que sufrieron A, C, D y E en todo ese año.
B solo regresó a la vida para absorber toda la soledad que sus “seres cercanos” habían estado guardando… y él naturalmente no lo sabrá, solo recibirá su merecido poco a poco… cambiando obligatoriamente su sendero…

¡Miren lo que se tenga que pagar!, no siempre el precio solo te afectara a ti… también puede inmiscuir a “otros”… uno está relacionado con lo que le rodea, es un ciclo que se debe de cuidar, sino… bueno, mejor esperaré a decirlo si los eventos siguen tornándose de esta forma.

Una cuenta ya está saldada… ¿Qué pasara ahora?... Bueno, eso es lo entretenido de las posibilidades… veremos una a una cómo es que superara estas adversidades… ¿o no lo hará?

Datos 2X-A…


 ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------



miércoles, 26 de octubre de 2011

"¿Me puedes dar otra oportunidad?" RE Capítulo 35/??


DÍA 903-904




“Ha… no, Ruka… ¿Cómo estás?”

“¿Ta-Taiyou?... ¿En serio… eres tú?”

“NO, en realidad soy Yudai… en unos momentos te pasó a Taiyou”

“¡¡¡Maldito!!!... espera… ¿va a hablar conmigo?”

“Sí, voy a hablar contigo… dime Haruka, ¿Cómo has estado?”

“Ta... um… Hola Taiyou… estuve bien… ¿tú qué tal?”

“Recuerda, estuve en coma… estuve mal”

“¡¡Ya deja eso menso!! Y yo que ando con nervios ahorita…”

“Jajajaja perdona Haruka, en serio perdona… volveré a casa en una semana si me va bien, así que por favor, espero que mi cuarto este justo como lo deje antes de dormirme, porque si no, te voy a dar una buena tunda hasta que esté todo bien”

“Jajajaja ya veremos ya veremos… pero bueno, lo haré para que el viejito de Taiyou no se desmaye de nuevo o le de un infarto al pobre jeje”

“Búrlate, síguete burlando y me voy a echar a dormir otro año”

“¡No!... aunque sea en broma no lo digas, es una fortuna que te hayas despertado… no desperdicies ese milagro”

“Claro que no lo haré Haruka… te prometo que no caeré de nuevo…”


Ha pasado una semana desde mi llamada a casa…

Me encuentro por encima del 60% de recuperación, lo suficiente como para poder volver a casa. Las pruebas para recobrar mi sentido para caminar fue intensivo, cansado y doloroso… era increíble que aunque pudiese ver mis pies, no los pudiera sentir. Dicen que no se aprende a correr hasta que aprendas a arrastrarte primero por el suelo… hice eso yo: gatear, caminar con dos fríos y firmes  tubos de apoyo, y luego, caminar por mí solo intentando no matarme al primer intento.
Puedo caminar ya sin tanto problema, tal vez un poco lento, pero a paso estable.

Avanzaba junto a mis padres y mi hermana, poco a poco por aquellos pasillos repletos de gente preocupada que solo hacía ponerme de nervios el ambiente; por esa razón, me esforzaba por caminar más rápido. A lo lejos, una fuerte luz se apreciaba por la puerta, ahí debía de llegar.
Al principio fue muy cegador, mis ojos tardaron en asemejarse con la luminosidad y el calor del ambiente… pero cuando lo logre, pude ver como en la banqueta, me esperaban ahí personas  muy conocidas, que me sacaron sin pensar, una buena sonrisa.

“Jajaja hubieras visto tu rostro cuando te llegó la luz a los ojos… pero… que bueno es ver que estés bien”, me decía Sumiya feliz, conservando su misma imagen, ni un cambio notorio para ella.

“¿Cómo estas, Taiyou? ¿Listo para reponer nuestras pruebas de rivalidad? Jeje”, me preguntaba Shidou, que a mi vista era más alto y su corte había cambiado, ahora su cabello oscuro era un poco más corto.

“Hiciste falta… pero no hay porque llorar por la leche derramada, ahora saldremos mucho más, ¿vale?”, me confortaba Bura, con su misma imagen y llevando aquel collar que le había dado; sí, era algo más que podía recordar.

“Y falto yo, aunque bueno, ya te había visitado antes… pero aun así, bienvenido al mundo exterior”, me dijo Yudai sonriéndome.


Escuche una vez, que existen dos tipos de memorias en los humanos: aquella que almacena el cerebro y corazón,  y aquellas que guarda el cuerpo. El cerebro tal vez olvide, pero el cuerpo no… sentía energías, calidez de volver a ver a todos, después de una semana en la que desperté sin saber que había pasado… me alegraba verlos sanos, eso era lo primero, ya después descubriría que era lo que había pasado en este lugar durante mi ausencia.

Al acercarme a ellos, me recibieron con un abrazo que debo decir, me dolió un tanto la fuerza con que lo hicieron, pero en lugar de gemido, solté una carcajeada para disimular. Shidou fue el único que no me abrazo (con debida razón) solo se esperó a que Sumiya, Bura y Yudai se quitaran para poner su mano en mi hombro y decir: “Que onda”, seguido de nuestras risas por ese saludo tan extraño.

Yudai aprovechó el momento para presumirme al auto que le habían regalado para la universidad, que aunque fuera un Stratus dorado 2002, lo que me impresionó fue el precio al que lo había conseguido, sin algún desperfecto en la máquina.

Mis padres dejaron que Yudai nos llevara a casa, por lo que todos subimos sin esperar. Shidou de copiloto, Sumiya a mi izquierda, Bura a mi derecha y yo entre ellas, era como todos nos acomodamos.

“Espero que manejes esta vez bien Yudai”, dijo Shidou, colocándose velozmente el cinturón de seguridad.

“¿Pasó algo antes de que vinieran?”, pregunté curioso.

“Sí, por reto de Sumiya, le hizo saltarse como dos luces rojas: la primera estuvo normal, pero la segunda casi chocamos con un árbol al dar la vuelta”

“Jajajaja bueno bueno, es que no me puedo quedar tranquilo cuando tu novia me reta a conducir como taxista”, explicó Yudai, poniendo en marcha al automóvil.

Había algo en las palabras de Yudai que no captaba muy bien… tuve que dar dos repasos a lo que había dicho para entender lo que para mí, estaba fuera de contexto.

“Bura… ¿Sumiya y Shidou…?”

“Sí, ellos ya están saliendo”, me contestó ella, en el mismo tono bajo en que yo le había susurrado. “Pero bueno… no importa que se digan ``novios´´, se siguen comportando como antes jeje”

“Me imagino jaja… pero aun así no me lo esperaba… digo, de Sumiya sí, pero de Shidou no”, le decía a Bura, aprovechando que Sumiya miraba entretenida las calles y Shidou, con cautela a mi primo.

Bura calló por unos segundos, como pensando que decirme; cuando se aclaró, acerco su boca a mi oído y me dijo una cosa antes de dejar de seguir hablando de esa forma.

“Tenemos mucho que platicar entre los cuatro.”


En el trayecto a casa, todos íbamos algo callados, fue hasta que nos estacionamos frente a casa, que de nuevo mis amigos habían vuelto a pronunciar más de una oración.

“Bueno, Taiyou… aquí nos vamos ya que me imagino tendrás que descansar mucho”, dijo Sumiya, aun feliz de verme recuperado..

“Ya le comentamos a la directora sobre tu estado, cuando llegues a recuperarte al 100, Sumiya y yo te podemos llevar con ella para ver si se puede hacer algo contigo”, comentaba Bura.

“Y digo, seguro que ya tienes los suficientes conocimientos como nosotros… un examen para probarte y estarás de nuevo en nuestro grupo, aparte de que cuentas con el apoyo de nuestra delegada de grupo, Taro Sumiya jeje”, dijo Shidou, haciendo que Sumiya al ser mencionada, asintiera seguidamente fingiendo superioridad.

“Muy bien, en serio muchas gracias a todos, estoy seguro que en una semana más podré estar con ustedes de nuevo en clase”, les dije devolviendo con gusto una sonrisa.

Todos se despidieron conmigo y tomaron el mismo rumbo hasta la calle en donde cada quién iría a sus hogares. Me dio nostalgia el ver mi colonia, no había cambiado más que los árboles, unos un poco más grandes y otros cortados o lastimados. Las calles estaban limpias, y las casas de algunos vecinos habían sido cubiertas de otro color de pintura; al menos la mía, estaba igual.

“¡¡Eyyy!! ¿Vas a quedarte afuera contemplando un paisaje que has visto miles de veces, o entrarás a casa para ver que tanto ha cambiado tu prima?”

Esa voz era demasiado reconocible, molestia más que nada era su tono. Voltee hacia arriba, donde había provenido aquél “saludo” de bienvenida.

“Oye… te me haces familiar a alguien, solo que te ves más alargada, con el cabello más largo y tu piel más bronceada… solo que esa conocida era menos fea, sin ánimos de ofender”, le dije a la chica que me miraba enojada desde el segundo piso de la casa.

“Sígueme diciendo de cosas y no te abriré la puerta”, me amenazó, sonriendo.

“Entonces me callo, pero dime, ¿podrías pedirle a mi prima que me abra?”

“Je je claro, en unos momentos baja”, me respondió ella, metiendo su cabeza al cuarto para desaparecer de mi vista.

Tardó unos cuantos segundos en llegar a la puerta principal para abrirla lentamente, ahora de frente, podía ver cuánto era lo que había madurado ella en mi ausencia. Algo era muy notable a nuestra distancia, su estatura (aunque fuera por un centímetro) era mayor a la mía, su corto cabello castaño había crecido unos cuantos centímetros, pero sus ojos color esmeralda, seguían iguales.

“Je… es curioso”

“¿Qué es curioso? ¿Qué ya te ganó en altura? Jeje”, preguntó ella feliz.

“No, es curioso verte con el uniforme de la secundaria… el rojo no va contigo”

“Jajajaja ¿ahora en este año te volviste diseñador?”, cuestionó con sarcasmo, para después  permitirme el paso a la casa con una sonrisa más marcada. “Bienvenido de vuelta Taiyou”

“Gracias, extrañe en esta semana el verte”, le dije, devolviéndole la sonrisa.

“¡EJEM!...”, interrumpió Yudai, apenado. “¿Pueden dejar el sentimentalismo para después? Tengo unas ganas de ir al baño y me andan bloqueando”

“Jajajaja perdónanos”, dijimos Haruka y yo al unísono.


“¿Quieres que te traiga algo?”

“No gracias Haruka, por ahora no”

“Mmm… pensé que dejarías de llamarse así”

Ya me encontraba acostado en la cama de mi cuarto, disfrutaba de la suavidad de mi colchón y la brisa del ambiente que entraba por la ventana, todo estaba recogido y en orden a excepción del PSP que no se encontraba en el lugar en que lo había dejado.
Sentada a mi lado estaba mi prima, que me hacía compañía. Su rostro, se podía leer fácilmente, quería decirme algo.

“¿Qué tal el hospital?” preguntó ella sin dejar de mirar una pared del cuarto.

“Bueno, pues los servicios no estaban mal… pero sí me cansaba mucho la dura cama, la comida sabía a nada y pues las pruebas para caminar… créeme, eran dolorosas, caminaba como bebé que apenas se enseñaba a hacerlo”

“Me imagino…”, dijo ella, un tanto cortante. “Taiyou… no, nada… iba a preguntar algo tonto jeje”

“No, no… dime Haruka, ya seré yo quien lo diga”

“Eso no ayuda en mucho, pero bueno…”, me dijo, para después, hacerse de un espacio en mi cama, recostándose a mi lado pero mirando fijamente el techo. “¿Cómo te sientes con respecto al año que perdiste? ¿Fue como un abrir y cerrar de ojos, o tuviste al menos un sueño?”

“Tuve un sueño, más bien una pesadilla, me encontraba en una ciudad vacía donde todo lo que tocaba se deshacía, habían muchas marionetas de personas que conocía, tratando de atormentarme, sentir muy solo… pero encontré una puerta que me sacó de ahí, para cuando abrí los ojos, ya me encontraba en este mundo”, explique a Haruka, mirando en donde ella hacía. “Me sentí cansado, confundido, sin energías… solo podía escuchar mis pensamientos, que también mientras más buscaba una respuesta, más me agotaba y sueño me entraba…”

“Interesante, ¿te puedo decir algo?”, preguntó ella, volteando a verme ahora. “Yo también sentí algo muy familiar a lo tuyo cuando era niña, el collar que llevo conmigo siempre me lo recuerda…”

“¿En serio?”, pregunte con mi atención prendida.

“Tal vez… no sé, siento que con un soborno puedo soltar la sopa”, comenzaba a decir ella, levantándose de la cama y haciendo énfasis en la palabra “soborno”.

“Jajajaja tendría que dormir más de 10 años para caer en tu truco”

“Como quieras, tú te lo pierdes jeje”, agregó de último ella, caminando despacio hasta la entrada, para pararse un segundo y voltearme a ver para decir: “Descansa.”

Sonreí mientras me acomodaba mejor en mi cama, buscando conciliar el sueño y descansar lo más que pudiera para el próximo día, poner mi empeño en recuperarme lo más rápido que pudiese.

“ ``Sentí algo familiar cuando era niña´´… ¿Qué quiso decir con eso? Últimamente siento que mis cercanos saben algo que yo no, pero debería de saber…”



“Jajajaja, vamos, vamos…”

“Oh demonios, deja ya de correr tanto…”

“¿Enojado de que una niña te esté ganando en una carrera?”

“Ja, me ganarás el día en que tu nombre cambie por uno mejor…”

“Oye, que malo…”

“No, si hubiera sido malo incendiaría tu hogar tal y como lo está haciendo ahora”

“Espera… ¿qué?... ¿mi hogar por qué…?”



¿Qué demonios fue eso?...

Estoy un poco mareado por lo que vi en sueños… me sentía en el cuerpo de otro, viviendo un mal momento al parecer. No podía reconocer mi voz ni la cara del otro sujeto, pero sí recuerdo bien la escena de aquella casa en llamas.

Es la madrugada por lo que veo en mi reloj, las 2 am, falta mucho tiempo para que me levante a la hora oficial, así que solo respiro y espero esta vez, soñar algo mejor.



“¡¡Ya nos vamos!! *pum*”

Una fuerte voz me despierta, ahora a las 6:45 am, aun el cuarto está oscuro, pero por debajo de la puerta alcanzo a ver como el pasillo de fuera tiene las luces prendidas.
Comienzo a calentar mis ideas, y llegó a la mejor respuesta que pude pensar, más, considerando que sería la primera vez de mi estancia de vuelta en casa.

“Ryou y Haruka se fueron a la secundaria”

No siento más sueño, por más que intente, mis ojos no vuelven a cerrarse, como si se estuvieran acostumbrando ya a la hora en la que en otra semana, tendría que levantarme de nuevo.

¿Qué haría?... Creo que lo más razonable sería darme una ducha, pero en mi estado, no estoy seguro que mis padres me dejen.
¿Jugar al PSP? Tal vez… solo si por suerte, Haruka dejó sin seguro su habitación…


“¿Por qué no… platicar conmigo?”

Mi corazón latió por mil. Esa voz no era producto de mi levantamiento temprano, sino hasta se podía asimilar la presencia de alguien más en mi cuarto.
La curiosidad mató al gato… pero era mejor que ser asesinado sin siquiera ver a mi atacante.

“Vamos, vamos, no temas… no muerdo, a menos de que me lo pidas a gritos”

Era ella. Su cabello corto azul y los ojos rojos vibrantes que resaltaban en la oscuridad, me hacían soltar un suspiro de que al menos, era una conocida que no me haría daño… o al menos eso esperaba.

“Hola, ¿Cómo te ha ido?”, preguntó ella sonriendo.

“Bueno… pues si quitamos que desperté en el hospital, ya que me encontraba en coma por un año… pues bien”, dije sarcásticamente. “¿Por qué pasó eso?”

“Es fácil… tú querías recordar el año de memorias en conjunto que habías perdido, tuviste que reposar un año para volverlas a juntar y en este mismo momento, estas comenzando a procesarlas de nuevo… oh que, ¿quieres que te explique con manzanas como el intercambio de almas?”, preguntó, aún jugando conmigo.

“No, gracias… sí entiendo… y gracias, por poner a prueba mi memoria, sí recuerdo esa explicación”, le contesté, devolviéndole la sonrisa. “Dime… solo viniste a tratar e molestarme o…”

“Jajajajajajaja ¿tratar?”, preguntó ella, riéndose ahora esta vez fuerte, callando hasta verme señalándole que le bajara el volumen. “Perdona, pero me dio risa je… pero volviendo al punto, ¿Qué no puedo visitarte ya?”

“Bueno, esta vez me agarraste desprevenido… es por eso que lo digo… dime, ¿Qué tal los demás?”

“Están todos bien, trabajando cada quién en su área”, dijo ella, sin siquiera mirarme a los ojos.

Quería disculparme por no poder salvar a Hollow, me había dejado llevar por el momento… pero no sabía con que palabras decirlo, era difícil.

“No Taiyou… no tienes de que preocuparte”, me contestó ella, cuando recordé, que ella podía leer la mente. “Bueno, te visitaré en otra ocasión… el trabajo me está llamando ahora”

“Esas visitas fugas no me gustan”, le comente antes de que desapareciera. “Ok, nos vemos después, aun tengo preguntas que hacerte, pero la verdad por ahora, no recuerdo ni una”

“Claro, pero ya sabes que dependerá de lo que preguntes… hasta entonces, espero que te vaya bien… encontrarás pronto un motivo por el cual moverte más rápido.”


Esas fueron sus últimas palabras antes de desaparecer tal y como vino, en las sombras.
Motivo por el cual moverme… ¿Eso será bueno o malo?...




“Con que aquí es la casa de Taiyou… dime, ¿ya le contaste a nuestro primo sobre tu cambio?”

“No, aún no.”

“Tendrás que hacerlo rápido, no vayas a querer soltarle la noticia el último día…”