DÍA 907
“Perdona… ¿pero qué significa eso Haruka?”
“¡Ya te lo dije! Quieren que me vaya de esta casa… me separe de la familia para estar con mi nueva… familia.”
“¿Por qué?... Es lo que pregunto… ¿Qué ha pasado?...”
“…”
¿Cuándo fue que tomaste esa decisión, Ruka?...
Habían pasado cuatro buenos días desde que había llegado a casa para descansar. Fueron días normales, comunes, tranquilos los que vivía… tal vez un tanto complicados a la hora de levantarme de la cama y moverme a hacer algo.
Me daba nostalgia, poder ver a Haruka y Ryou con sus respectivos uniformes escolares y asistir sin problemas a la secundaria en la que se supondría debería de estar yo, extrañaba estar entre amigos conversando, almorzando y estudiando… ¿harían eso mismo mi hermana y mi prima?
Algo me decía que al menos, Haruka no disfrutaba…
Según mis padres, Haruka llegaba temprano a casa los primeros días, pero en mi estancia, llegaba más tarde, no tenía apetito y se encerraba en su cuarto... ¿acaso volvió a sus inicios? Yo pensando que había cambiado…
Fue hasta que ese niño se apareció, que comencé a obtener respuestas sobre el comportamiento de mi prima…
“¿Eres amigo de Haruka?”
“Se podría decir, pero no vengo por ella, vengo a platicar contigo Taiyou y familia”, respondió ese niño de 11 años, de pelo castaño, ojos cafés y piel blanca.
Era tal vez erróneo… pero tenía cierto parecido a una persona de mi pasado, lo malo es que no podía recordar de quién se trataba.
“¡¡¡Farith, ¿Qué haces aquí?!!!”, gritó Haruka, que bajaba del segundo piso hasta donde el chiquillo y yo. “Te dije que nunca vinieras aquí…”
“Bueno prima, sí tú no te atrevías a hacer el primer movimiento, yo te tenía que dar una mano”, respondió el niño mirándola fijamente.
Tenía un mal presentimiento, buscaba los ojos de Haruka para intentar ver qué era lo que pasaba, pero evitaba mi mirada con el fleco de su cabello. Era algo malo, ella no me deja verle sus ojos cuando le pasa algo así.
“Si no te vas tú, ¡¡me voy yo!!”
Haruka empujó al chiquillo para abrir paso y salir de la casa corriendo, Farith gritó, pero no fue escuchado por la molesta chica que se alejaba cada vez más de nosotros.
“No vaya a ser la de malas… quédate aquí, yo voy por Haruka”, le ordené al “primo” de mi prima, para después salir de la casa y seguir el camino que ella había tomado.
Lo había olvidado, había olvidado que no podía… fue mi error, me di cuenta hasta que caí al suelo de la acera. No podía correr, muy apenas y podía caminar a paso lento, solo lograría lastimarme más si forzaba mis piernas.
“Mierda… ¡¡nunca soy útil para cuando se me necesita!!”, me dije internamente, buscando rápido algo que me ayudaría a alcanzar a Haruka.
“Hey… toma prestado mi patín eléctrico”, dijo Farith, que señalaba a un lado de la puerta principal de mi casa, ahí como decía, se encontraba un mediano patín rojo con motor eléctrico. “Úsalo, pero no lo pierdas o lastimes.”
Caminé lentamente para recogerlo, lo puse firme y subí mis pies en ella para después presionar un botón y escuchar como el motor prendía. Moví el acelerador un poco, ya se notaba el movimiento lento pero constante de la máquina; pasando unos cuantos metros, ganaba una velocidad normal, perfecta para no perder el equilibrio pero no yendo más lento que ir caminando.
“¡¡Tcchh!! Por aquí…”
Observe un poste frente a mí, escondida detrás, se encontraba Haruka que me llamaba la atención para que me aproximara a ella. Como iba sobre la marcha en lo que intentaba comprender la situación, pase de largo en donde estaba ella y mejor di vuelta en una calle, esperando que ella supiera la razón de porque lo hacía.
“¡¡Idiota, ¿por qué no te detuviste?!!”
Al parecer no…
“Tú eres la idiota, si me detenía en donde tú estabas, Farith te hubiera visto, ¡¡ya que no estamos muy lejos de su vista!!”, le grité, aun conduciendo el patín. “Primero alejémonos un poco, después… quiero una explicación…”
Haruka asintió, y tomando rápidamente lugar detrás de mí en el patín a la vez que me sujetaba del estómago, avanzamos hacia un buen lugar en donde no nos encontraran por un rato.
Quitando toda la situación que estaba de por medio, me entretenía manejar el patín del diablo, nunca antes me había subido uno, y menos eléctrico, por lo que no podía evitar poner una sonrisa de aprender a hacer algo nuevo.
“Pareces niño menor”, dijo Haruka burlona, más solo la ignore.
Llegamos unas cuadras más lejos, llegando a la zona de la colonia en donde pasaban más camiones de transporte; ahí, nos sentamos en una de las bancas de cemento de espera.
Dejé a un lado mío el patín de Farith, y me senté junto a Haruka, para verle seriamente y hacerle explicar todo.
“Estoy nerviosa… esta semana he estado muy nerviosa Taiyou”
“¿Por?”, pregunté. “¿Se debe a ese niño?”
“Sí, en gran parte se debe a él”, respondió ella bajando su tono de voz. “¿Sabes? No me creerás, pero… mientras estuve en tu casa, comencé a olvidar los momentos con mi familia original.”
“Eso es algo malo”, le dije, tratando de confortarla.
“No, Taiyou, no lo es… la verdad, sé que mis padres me querían mucho (no por nada ponían cámaras de vigilancia en la casa cuanto estaba la niñera… que era una tía) pero casi siempre salían por negocios, así que realmente son pocos los buenos momentos que aún conservo… muy diferentes a lo que tuve con tu familia”, me decía Haruka, mucho más animada. “Salí a unas cuantas fiestas, salí a centros comerciales, a dar paseos por la calle e incluso encerrarme por varios días en el cuarto… pude decidir qué hacer por mi cuenta, recibí regaños, adulaciones y nunca estaba sola… pero…”
“Vamos, yo escucho sin problemas”
Puse mi mano sobre la suya para brindarle más confianza, me vio por unos segundos a los ojos y después los evitó, soltando una pequeña sonrisa leve en lo que seguía con su explicación.
“Farith, ese niño es mi primo, lo que para ti sería un primo político; él llegó unos pocos días antes de que tú despertaras, para proponerme algo que nuestro abuelo estaba de acuerdo”, dijo ella pausando de repente. “Quieren que me quede a vivir por siempre en la casa del hermano de mi madre.”
El cabo suelto que tenía de aquel chico por fin lo había reconocido. Sus rasgos físicos, eran iguales a los de la difunta madre de Haruka (con quién también tiene parentesco), ese niño entonces sería: Farith Kamiya.
“Perdona… ¿pero qué significa eso Haruka?”, pregunte incrédulo.
“¡Ya te lo dije! Quieren que me vaya de esta casa… me separe de la familia para estar con mi nueva… familia.”, me respondió molesta, agachando lentamente su cabeza.
“¿Por qué?... Es lo que pregunto… ¿Qué ha pasado?...”
“La familia Kamiya era quién me cuidaba mientras mis padres se encontraban de viajes… ellos son los verdaderos tutores míos…”
“¡¡¡¿Entonces por qué te rechazaron cuando perdiste todo?!!!”, pregunté, justamente enojado de que las personas que una vez rechazaron el cuidado de mi prima, ahora la reclamaran.
Logró tranquilizarme, con un beso en la mejilla que me dejó muy confundido… algo había, que no le molestaba esa decisión de la familia Kamiya… sino estaría seguro que se escondería o trataría de escapar, eso haría la Haruka que conocía en un momento así… pero me olvidaba de algo muy importante: el tiempo y la madurez van de la mano.
“Ellos nunca me rechazaron Taiyou…”, comentó ella, recargando su cabeza en mi hombro. “No los culpo… mis tíos eran muy cercanos a mis padres, a pesar de ser familia, se puede decir que eran muy muy amigos… la muerte de mis padres les hizo mucho daño… en realidad hubo un día en que me quedé con ellos, pero yo al verlos como ellos al verme, nos causábamos malos recuerdos… por eso nuestro abuelo intervino y me dejó vivir con él.”
“¿Y qué pasó para que cambiara de opinión?”
“El tiempo Taiyou… así como cuando estuve con tu familia… el tiempo sanó las heridas”, me respondió, mirándome fijamente.
“Ahora por favor, solo respóndeme una última pregunta…”
Respire fondo antes de soltar mis palabras, el silencio que tenía hizo que Haruka se separara de mi hombro y me viera en espera de la pregunta, de forma ansiosa.
“¿Te vas a ir con ellos?”
Era difícil que el silencio no ganara control en nuestra conversación, ni uno de los dos apartaba más su mirada por la del otro, fijos estábamos, esperando a que uno tuviera algo que decir… pero de forma cuidadosa, una palabra equivocada podría traer algo malo.
Esperaba con ganas que sus palabras fueran negativas… pero si dudaba en contestarme… sería todo lo contrario a lo que esperaba.
“Yo… decidí irme”, por fin soltó las palabras Haruka, mostrando seriedad y firmeza. “Estoy muy agradecida por todo lo que me han dado, pero no he sido más que una carga en todos los aspectos por eso yo…”
“No eres un carga Haruka, aunque lo haya dicho muchas veces, nunca fuiste una carga… solo floja, solo eso jajaja”, le contesté, haciéndola molestar para que me soltara un golpe el brazo. “Haruka… no tienes que decirme más, yo confío plenamente en tu decisión, y vaya, me enorgullezco de lo tanto que has madurado como para no temerme en estos momentos.”
“JAJA, ¿temerte?... ¿Por qué debería de temer a la persona que me dio mucho?”, preguntó ella, juguetona.
“Pregunto algo similar, ¿por qué sería una carga, la persona que me gusta?”
La verdad, esas últimas palabras salieron por impulso, me avergoncé de ello, pero me calme al ver como se apenaba mucho más Haruka: buscando ver otra cosa y cambiando de tema, intentando no mostrar sus mejillas ruborizadas de un suave color rojo.
“Ok Ruka, te sigo el juego”, pensé, al sentir como presionaba con fuerza mi mano con la suya y ver como frente a nosotros llegó el auto de mi padre, algo alterado por nuestra desaparición.
Subimos al auto, no sin antes tomar y también meter el patín de Farith; mi padre no dijo nada, al parecer daba sospechas de que ya sabía sobre el motivo de Haruka, haciendo temblar un poco a mi prima, la cual todavía me tomaba de la mano… por puro contacto físico que manteníamos, me enteraba de lo que sentía ella.
Llegamos a casa, donde Farith, mi madre y Ryou nos esperaban en la sala. El chico evitaba nuestras miradas mientras que Ryou se abalanzaba con Haruka para abrazarla… con eso ya era seguro, ya sabían lo principal.
“Taiyou, gracias… pero por favor, ¿me puedes esperar en el segundo piso?”, me pidió mi prima, soltándome de la mano y mirándome temblorosa.
“¿Qué pasa, te molesto?”
“No es eso Taiyou”, dijo ella con voz quebradiza. “Es que me da pena explicar todo frente a ti, ya que me recuerdas lo último que me dijiste.”
Me contuve la risa, ella me escuchó e infló sus mejillas, enojada. Le frote el cabello mientras le sonreía, le desee suerte y me fui caminando a las escaleras para subir… confiando en que Haruka se las arreglaría sola.
“Taiyou… por favor ayúdame a explicar, quédate a mi lado, ¿sí?”
“Después de todo… sí que has madurado”, me dije a mi mismo en voz baja, repasando una y otra vez, que las palabras que desde ahora esperaba de las personas en mi entorno, podrían ser diferentes.
Así fue como se llegó a un punto sin retorno después de una hora de conversación con mis padres, a pesar de estar en el segundo piso, escuchaba perfectamente la conversación. Al próximo día, Haruka se iba de casa; Ryou estaba triste, mi madre intentaba consolarla y mi padre preguntaba varias cosas a Farith, como… ¿Cómo era que había llegado a esta casa él solo, si él vivía en otro estado?...
La respuesta para esa pregunta, fue que él y sus padres se quedaban a hospedarse en un motel de la ciudad, en lo que Haruka optaba por irse con ellos; minutos después, llegaron los padres, a recoger a su hijo e intentar explicar la situación que ya conocían mis padres, terminaron sorprendiéndose de que todo ya había sido contado por su hijo y Haruka, así que no pidieron más que disculpas que les fueron otorgadas.
“¿Por qué no bajaste a saludar?”, me preguntó Haruka, subiendo a mi cuarto poco después de que su nueva familia partiera de casa.
“Bueno, no quería que vieran mi rostro de ``muy bien convencido por el cambio´´ y se pusieran más de nervios”, bromee, recostado en mi casa mirando el techo. “¿No deberías de estar recogiendo tus cosas?”
“Bueno, la verdad no tengo mucho je… y como mañana es sábado, pues al despertar acomodo mis cosas…”
“¿A qué hora te recogen?”, pregunté, sin tono o expresión alguna.
“A las 12”, me respondió en voz baja.
“¿Puedes dormir conmigo hoy?”
“Claro, Taiyou… no hay problema…”
Las horas pasaron increíblemente rápidas, en un abrir y cerrar de ojos, se había llegado el amanecer. Haruka me despertó con cuidado esa mañana, pidiendo que le ayudara a guardar cosas como último favor. No pude negar su petición.
Era cierto que no tenía muchas cosas, guardamos su ropa en una maleta que mi madre le había regalado, su uniforme escolar lo dejó doblado en la cama, para dejársela como repuesto a Ryou por si le hacía falta. Algo que me contaba hablando referente al uniforme, es que su cambio de escuela ya estaba hecho, ya había arreglado los papeleos y se había despedido de varios de sus conocidos y míos. Después me las debía cobrar con Sumiya, Bura y Shidou por ni siquiera darme aviso de lo que hacía Haruka.
“je… creo que te lo regalo”, dijo Haruka, sonriendo torpemente mientras me daba en la mano el videojuego que yo mismo le había regalado. “Toma, estoy segura de que llegaras a superar mi partida je…”
“Vamos… esto es un regalo, los regalos no son para regalarlos, sino para conservarlos”, le dije, devolviéndoselo a su mano. “Espera… también te hará falta esto, más vale que lo cuides.”
En su mano vacía, le otorgue la PSP, ella lo sujetó con fuerzas y se enojó conmigo, dándome la espalda por lo que había hecho.
“¿No que no se podía regalar lo que alguien te había regalado?”, se quejó Haruka.
“Me faltó decir… que sí lo podías hacer, cuando fuera la correcto; ese PSP de mi parte no es un regalo, es un premio, un recuerdo jeje”, respondí, sonriendo lo más que podía y rascándome la cabeza.
No dijimos más, sino solo continuamos recogiendo.
Las 12 se llegaron, con cuatro minutos de retraso, se podía escuchar el claxon del automóvil que recogería a mi prima.
Todos bajamos, ayude a Haruka con su maleta al primer piso y salimos de la casa. Afuera esperándonos con una sonrisa triste, estaban los señores, muy jóvenes, de cabellos castaños y piel blanca; y también Farith que saludaba a Haruka constantemente.
“Nos vemos Haruka… cuídate muy bien y por favor haz caso a tus tíos, no seas floja como siempre”
“Gracias, Taiyou, pero por si no te has dado cuenta ya no soy la misma”, me respondió, sacándome su lengua.
Entré a la casa no sin antes alborotarle el cabello a mi prima, caminé hasta llegar a las escaleras y subir a mi cuarto a echarme en la cama. La tristeza me estaba ganando, por eso me había alejado, esperando que no ver la escena de despedida me pusiera peor.
Me imaginaba lo que pasaba, Haruka agradeciendo a mis padres por todo, Ryou abrazándola con fuerza, por su rostro corrían lágrimas; mis padres también le darían su debido abrazo y bendición a la que habían tratado como hija propia, dándoles consejos de vida que Haruka ya sabría, pero que aun así agradecería por cortesía. Estaba llorando ella también, así que entró al automóvil rojo para que no vieran su debilidad, su nueva familia se despediría y disculparía una última vez, ingresaban a sus asientos, y poco a poco el vehículo comenzaría a avanzar.
Se escucho el fuerte motor del vehículo, poco a poco bajando el volumen conforme el tiempo pasaba… los pasos resonando en el extraño silencio de la casa, y los sollozos de una persona tratando de ser calmados por las dulces palabras de otra… suspire, suponiendo que todo había acabado.
Salí de mi cuarto, un pensamiento tardío me había llegado… y si al fin de todo, ¿hubiera dejado el PSP y el juego en su cuarto por terquedad?
Entré al cuarto con solo los muebles, por fin podía ocupar el cuarto que siempre había querido… pero ahora eso no me apetecía.
Busque y busque, pero no encontraba que ella hubiera dejado atrás algo, lo que me tranquilizaba… o sería que…
Levanté la almohada de la cama, no estaba lo que yo buscaba, sino aquel colgante morado, que ella siempre llevaba en su cuello todos los días en que la veía.
“…ese PSP de mi parte no es un regalo, es un premio, un recuerdo…”
“¡Carajo!… no quería que te fueras… solo fui fuerte por testarudo… fue tan rápido…”
Por lo que quedó del día, me quede en el cuarto, golpeando una vez tras otra la cama, inútilmente para desahogarme… las lágrimas purifican el alma… pero estas frías gotas que salían de mis ojos, no hacían más que autoinfringirme daño… necesitaba a alguien que estuviese a mi lado para borrarlas… lamentablemente en mi estado… yo…
El precio que había pagado era muy grande… creía en las palabras de Suimin y esa mujer…
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Observación 1:
“¿Qué dices?”
“No te hagas el tonto, me molestas cuando te pones en ese modo”
“Oh, por favor perdona, la verdad… es que estoy algo nervioso”
“¿Por qué deberías de estarlo?”
“Bueno… ya es nuestra pri-primera cita desde… bueno, me da vergüenza decirlo… pero ya sabes qué.”
“¿Te avergüenza decirlo? Eso me hace molestar más.”
“¡No, No! No me avergüenza… es solo que da miedo… tengo miedo a que solo por ello, te separes de mi”
“Un día tendremos que hacerlo Taiyou, queriendo o no, todos se separan alguna vez…”
Este es el pequeño fragmento de un recuerdo del camino de un joven chico, ¿por qué escogí un recuerdo de él? Bueno, puede haber muchas respuestas para esta incógnita, y les aseguro, nunca sabrán cual será la verdadera; sería decisión de ustedes, si creerme o no…. Tal y como lo que diré ahora.
Lo importante aquí, no es lo que hace una persona, sino lo que recibe por sus acciones; buenas o malas, han recibido lo que se merece por cada uno de ellos.
Este fragmento lo arrebate como pago, ¿quién soy yo para hacerlo? No tiene sentido decirlo, lo que sí lo debería de tener, es que no formo parte del plano temporal, estoy en medio de lo que se podría considerar astral con lo físico.
Me entretengo mirando varios de los sucesos que ocurren en el mundo en lo que se podrían llamar: “mis tiempos libres”; hay uno en particular que me llegó a la memoria hoy… que es el que analizare, una vez más como siempre he hecho.
Un dedo puede cambiar las cosas, dependiendo como se use: si se señala, es capaz de discriminar lo que se ve (me imagino que por eso es de malos modales apuntar a las personas), es como suele realizarse por las decisiones a tomar… y es la verdad, siempre en tu vida habrá encrucijadas, la elección es el pan de cada día, tendrás que discriminar la opción que creas mala… y dependiendo de lo hecho, es como se van desarrollando los sucesos, como un sinfín diagrama de árbol.
Yendo a lo importante, los eventos que tanto he esperado han llegado, hago informes de ellos… como he dicho, me entretienen las posibilidades…
Precio 1… compensación de pérdida.
Un año puede llegar a ser algunas veces un tanto extenso… pero se es más así cuando se pierde una meta, el camino por el cual te has dirigido… si simplemente desaparece de tus manos, es natural que te encuentres perdido, buscando una manera de poder volver a la ruta correcta… aunque bueno, esa ruta podría venir siendo una mala.
Perder a alguien importante para ti, muy buen ejemplo para la situación… ser apartada de tu meta, de la persona que perseguías para llegar a superarle de buena forma y celebrar junto a ella…
365 días en soledad, estando en un hogar que te recuerda mucho a aquella persona; estás encerrada, encadenada, esperando un milagro para tomar de nuevo las riendas.
Supongamos que aquella desesperanzada persona se llame “A” y la persona que perdió se llame “B”.
Volvamos a suponer, que B vuelve a la vida de A… B pagó “X” remuneración para proteger y volver con las personas que quería (A, C, D y E por ejemplo)… esa “X” es equivalente a lo que cada miembro importante de su círculo, sufrieron en todo ese año perdido, en teoría, todo lo que sufrieron A, C, D y E en todo ese año.
B solo regresó a la vida para absorber toda la soledad que sus “seres cercanos” habían estado guardando… y él naturalmente no lo sabrá, solo recibirá su merecido poco a poco… cambiando obligatoriamente su sendero…
¡Miren lo que se tenga que pagar!, no siempre el precio solo te afectara a ti… también puede inmiscuir a “otros”… uno está relacionado con lo que le rodea, es un ciclo que se debe de cuidar, sino… bueno, mejor esperaré a decirlo si los eventos siguen tornándose de esta forma.
Una cuenta ya está saldada… ¿Qué pasara ahora?... Bueno, eso es lo entretenido de las posibilidades… veremos una a una cómo es que superara estas adversidades… ¿o no lo hará?
Datos 2X-A…
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