jueves, 16 de agosto de 2012

Unido con el mundo de la Materia: Prólogo


Memorias del extranjero. Día 1.

Han pasado cerca de 4 horas desde que recuperé la consciencia. No es como si esperara algo al despertar, no deseaba cambiar algo del día anterior, tampoco el cálido saludo de alguien... pero tampoco quería que el destino me despertara de la forma que le apeteciera; ya que mi sorpresa al abrir los párpados fue encontrarme a una considerable altura entre las ramas de un árbol mientras hormigas parecían disfrutar pasar sobre mi adormecido cuerpo. ¿Cómo es que había llegado ahí o cuando? No tenía idea, y lo mejor era dejar la pregunta para después e intentar encontrar una manera de bajar.

Una de las ramas colapsó cuando busqué una base en donde apoyarme, sentí como la gravedad atraía mi cuerpo con objetivo de ir a dar al suelo, y lo curioso es que fue así, pero la altura no era lo que aparentaba. Dos metros a lo mucho, claro que me dolió la caída, pero un sentimiento de confusión estaba más presente en mi cuerpo que la preocupación de haberme lastimado en la espalda.
Ese sentimiento era un mareo, me di cuenta de ello por el dolor de cabeza que llegó repentinamente y el hecho de que mi cuerpo se sentía tembloroso.

¿Dónde estaba?

Esa pregunta me mantuvo ocupado por un tiempo. Sí, me encontraba en un bosque, lo suponía por los grandes árboles, el pasto tan verde que cubría el suelo y ese ambiente tranquilo que se veía reflejado en las imágenes de los libros, fotos o videos que antes había visto. Siendo así, ¿Dónde estaba ese bosque? ¿Qué hacía en uno, colgado en las ramas de un árbol? Era fácil hacer preguntas, lo difícil era responderlas.

¿Quién soy yo?

Mi mente despertó al fin de su estado aflojerado por la sorpresa de la pregunta, era increíble que algo tan importante se me hubiera pasado por alto; si quería respuestas complejas, necesitaba resolver más generales… ¿pero como podría responderlas, sino recordaba mi propio nombre?
Me desesperé tanto que el cansancio y el dolor de cabeza se desvanecieron. ¿Amnesia? ¿Por qué había de tener amnesia? ¿Por qué sabía de muchas cosas, pero no de las más importantes como mi identidad u hogar? Observando mejor mi cuerpo, podía identificar cada una de las ropas que llevaba: la camisa, el pantalón, los tenis, el reloj de bolsillo… ¿reloj de bolsillo? Las manecillas se movían indicando que funcionaba, no debía de cuestionarme al no recordar si lo traía desde un principio o si siempre ha funcionado, pero por algún motivo me encontraba incómodo traerlo en mi mano y observar lo lento que pasaban los segundos.

Sentí mi boca reseca, consecuentemente un deseo de tomar agua llegó a mí mientras empezaba a jadear como si mi cuerpo supiera que ese líquido ayudaría a calmar mis nervios y revitalizar mi energía, pero ese deseo tenía que esperar una vez encontrara un río, lago o en su caso, sociedad.

Caminé lejos de donde caí, arrastrando uno de mis pies por el extraño agotamiento físico que tenía… “¿Qué me había pasado?”, no evité preguntar, pensando que me tomaría horas recorrer unos cuantos metros.

Un rugido bestial me sacó de pensamientos. Justo en línea recta enfrente de mí apareció una silueta canina; gruñendo y sin dejar de observarme con esos amenazadores ojos rojos, empezaba a temer que me encontraba en una zona que se pudiera considerar como su “terreno de caza”. Noté algo extraño en él, de su boca expulsaba un gas de tono morado mientras exhalaba, me imaginaba que lo veía así por efecto de mi mareo.
Podía recordar haber leído un artículo de una revista sobre el enfrentamiento a un animal salvaje: la mirada fija que te clavaban estos determinaban la superioridad y el temor entre la presa y el cazador, quién sostuviera la mirada por más tiempo era declarado como superior y el intento de ataque del cazador debería cesar… pero para alguien como yo que se encontraba mal tanto física como mentalmente, tácticas como esas me declaraban como presa sencilla de cazar sin la necesidad de la competencia de miradas.

Aquella bestia aulló para infundirme terror y dar por iniciado su ataque, no me lo pensé dos veces, así que con cuidado me incorporé del suelo y me recargué en un árbol para recuperar mi equilibrio. En un instante el animal saltó para morderme, y por puro reflejo me aparté mucho antes para evadir sus fauces e intenté correr de él aprovechando esto.
Era inútil desde un principio pensar que si corría tendría cierta distancia constante de mi cazador, pero la velocidad de animales de este tipo superan con creces la de un humano, y mucho más fácil le sería cuando no podía correr, sino a lo mucho trotar por el mareo que tenía.

La distancia se acortó en un segundo, el animal pegó otro brinco y yo no sabía que había pisado, pero uno de mis pies resbaló y lentamente sentí como caía al suelo.
“Mala suerte”, fue lo primero que pensé, pero mi opinión cambió al respecto al observar como me libraría de la mordida del canino que estaba en pleno vuelo, mi espalda estaba a salvo pero por error del reflejo mientras me resbalaba, estiré demasiado mi brazo y este fue alcanzado por sus dientes filosos.
Cerré los ojos al sentir los fuertes cortes en mi brazo, y se intensificó la sensación al ser arrastrado por la inmensa fuerza de la bestia. Tenía miedo, empecé a golpearle sus patas con la mano que tenía libre de forma que lo distrajera, y mi plan funcionó a medias, había soltado mi brazo pero porque me arrojó como muñeco de trapo contra un árbol. Mi piel estaba cubierta de la sangre que salía de mi herida y de esta se desprendía aquél mismo gas morado que la bestia, ¿sería una clase de infección?… era inútil que la cubriera con mi otra mano para evitar el sangrado y que escapara más de esa sustancia, pero no era como si pudiera hacerse más en el estado en que me encontraba.

Quedé inmóvil en una nada, mi cuerpo estaba acalambrado más que antes y ya no iba reaccionar bien al próximo ataque, de eso estaba muy seguro. Era mi límite y para empeorar las cosas, mi consciencia se estaba yendo lentamente. Cerré los ojos unos segundos y cuando los abrí, el escenario era diferente.



Yacía recostado en una cama blanca, en la habitación de un cuarto azul que solamente tenía de muebles una cajonera, un ropero más alejado de donde me encontraba. No sentía dolor alguno, ni en la cabeza ni mi brazo… ¿todo había sido un sueño? Decidí verificarlo con la prueba más contundente que se me ocurría.
Me levanté la manga de la camisa y miré como mi brazo estaba limpio, sin sangre, sin cicatriz, pero seguía sin saber mi nombre; chequé el reloj de bolsillo, ya habían pasado dos horas desde la última vez que le había visto en el bosque.

-Oh, buenas tardes, es un alivio que ya estés mejor. Esa herida tuya gracias a Dios no pasó a más y la pude curar sin problemas o gasto alguno.

No tardé mucho en conocer que pasó conmigo y quién me había rescatado del animal; es normal que siga recordando las palabras de esa chica que me salvó siendo que las escuché poco antes de que me pusiera a escribir esto como prueba de que esto no era un sueño.

-¿Qué pasó con aquel lobo? A lo mejor perdiste la memoria por el shock de tu herida o por el veneno que impregnó en ti… pero tú lo mataste con tu mano sana. Para ello debiste usar alguna clase de poder, ¿Eres capaz de usar “Materia” por tu cuenta o te separaste de tu pareja?
-¿De qué me estás hablando?- pregunté sin poder digerir todo lo que me decía. Ella soltó una leve sonrisa y me miró algo sorprendida mientras se cruzaba de brazos.
-¿Amnesia?... y yo que te iba a preguntar por esas extrañas ropas que usas, me imagino que son extranjeras. Más allá de los límites del reino.
-¿A que reino te refieres?... ¿tan lejos estoy de casa?

No pude notarlo en ese preciso momento, pero un fuerte presentimiento me decía que estaba demasiado distanciado de mi hogar. De donde venía no era de un reino o algo parecido, y no fue necesario dudar en ese hecho al escuchar una palabra, específicamente el nombre de donde me encontraba.

-Bienvenido entonces a Eva-Terra, extranjero.