Han pasado dos semanas desde que empezó la rutina de entrenamiento de mi
prima para el ya próximo evento deportivo que está por celebrarse en mi
secundaria: la MCAE.
En un principio debo de admitir que este cambio de tono en mi vida
diaria fue bueno: he podido mejorar mi resistencia física, salir más seguido de
mi casa y también ver a Ruka muy emocionada por el evento, tanto que olvidó su
capricho de nunca más salir a la calle. En todos estos meses que llevo de
conocerla, nunca había visto a mi prima tan activa, eso es algo que de comienzo
me puso feliz, pero tras pasar los días, las exigencias de Ruka empezaban a
cansarme, confiándome a hacer cosas más allá de mis límites con la excusa de
que con desearlo puedo hacer de todo, y ciertamente esas palabras cada vez que
las menciona, hace que una vena me salga de la frente y me den las ganas de
responderle toda mi vida como negación a sus palabras.
Hemos llegado a un domingo, es temprano por lo que todavía sigo tumbado
en mi cama, pero totalmente despierto por el cansancio de mis músculos. No
falta mucho tiempo para que Ruka llegue a levantarme, pero realmente hoy quiero
descansar; nunca pensé que preferiría a la Ruka retraída y floja, no me agotaba
tanto estar con ella de esa forma.
Tan pronto pienso en ella, escucho unos pasos dentro de la habitación.
No hace falta adivinar de quién se trata.
“Vamos,
Taiyou… levántate para seguir entrenando juntos jeje ya tengo unos planes para
mejorar tu rendimiento, me los vi en una película de Karate Kid así que…”
“No
quiero…”, le respondo enseguida sin siquiera voltearla a ver a su rostro. Tan
así de cansado estoy.
“¿Perdona?...
no te hagas, si te gusta que te entrene, ¿no? Aparte, sino tienes la voluntad
de levantarte siquiera de tu cama, ¿cómo piensas alcanzar tus metas? No van a
llegar por sí solas.”
No lo dijo en serio, sé perfectamente que no lo dijo con ánimos de
ofender, ni siquiera sabe que eso me podría ofender, fue un simple comentario
de ánimo… pero tan pronto escuché esas palabras, no pude evitar ponerme furioso
de golpe.
“¡¡¡Por
Dios, Haruka!!!... ya estoy cansado de esto, ¡¡déjame descansar!!”
“¡¡No te
voy a dejar, tienes que esforzarte por la familia, ¿no ves que te hemos apoyado
en mucho?!!”, me regañaba ella, subiendo un poco su tono de voz, lo cual me
cayó peor.
“Sí, ¡¡pero de principio yo no quería concursar!! Y es más… ¡¡¿Cómo demonios
piensas que pueda con algo en lo que me es imposible y llevar a cuestas las
esperanzas de la familia con el pensamiento de que si pierdo, los
defraudaré?!!... ¡¡¡¿Cómo fregados lo vas a saber si no sales de tu cuarto, ni
hasta de tu casa, más que para molestarme?!!! ¡¡Lárgate Ruka, ya suficiente
paciencia te tuve y te agradezco los esfuerzos pero te agradecería más sino me
muestras tu cara en estos días… No quiero que me riñe una persona que ni
siquiera estudia o tiene algún deber familiar o escolar!! ¡¿Quieres que me
esfuerce? Hazlo tú primero, que al cabo con ‘desearlo’ puedes hacerlo todo,
¿no? Ya te quiero ver deseando recuperar a tu familia para que te largues de
aquí, pero eso es imposible, están muertos!”
Mi coraje había salido, esos gritos llenos de furia dejaron que mi
cuerpo se encontrara una vez más vacío… el cansancio se fue, mi ira y
nerviosismo también, pero se ocupó rápidamente por el arrepentimiento de
haberme desahogado de esa forma. Me sentía culpable… y lo sentí aún más cuando
vi que mi hermana estaba fuera de mi cuarto, observándome totalmente asustada
justo igual que mi prima en ese momento.
“Perdona que sea una carga… perdona por todo lo que hecho… y más aún,
por no ser perfecta como mi primo…”
Su voz apagada me cayó pesada, quería decirle algo, pero las palabras no
salían. Sin decir más, esa chica me miró con enojo sin esconder las lágrimas
que corrían por su rostro y se apartó, caminando con paso firme a su cuarto con
Ryou siguiéndola detrás.
“Es lo mejor… salimos ganando los dos… ella conoce perfectamente lo que
siento por ella y yo ya me siento libre”, solté para mí mismo mientras volvía a
cerrar los ojos en un intento de reconciliar el sueño.
Pero nunca más llegó.
“Ruka… lo lamento mucho… desearía
estar muerto por esto.”
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¿Qué había sido eso?... no se trataba de un sueño normal, pero tampoco
era una memoria mía y sin embargo, la culpabilidad que tenía en ese momento y
el rostro de tristeza de Ruka, se sentían tan reales.
Ahora que me pongo a recordar, esto mismo me había ocurrido los últimos
días en mi realidad original, ¿a qué se debe? Tal vez simplemente estoy
perdiendo mi sanidad mental, tal vez nada de esto realmente está ocurriendo y
solamente es producto de mi imaginación, porque de ser así, agradecería mucho
que el día que despierte, me encuentre encerrado en alguna habitación del
manicomio para no lastimar a nadie.
“No, cuando despiertes no estarás en un manicomio, pero realmente me
haces dudar si debería de mandarte a que te abran el cerebro y ver lo que te está
pasando.”
“Tú eres
la que me está volviendo loco”, le respondo a mi prima, quién aparece a mi lado
al abrir mis párpados.
Estoy en la misma cama que dejé antes de caer en esta realidad, Ruka
permanece sentada en una silla a mi lado, cuidándome, más que nada, para que no
intente escapar de vuelta. Por su expresión seria y callada, puedo deducir que
está esperando a que empiece a explicarle lo sucedido y me gustaría hacerlo si
el problema no fuera encontrar una forma convincente de explicárselo.
“Mi familia, Ruka… la impresión de haberlos perdido todavía sigue”, le
digo con el tono más serio que puedo en un intento de asemejarme a lo que
sentiría mi yo de este mundo.
“Para serte sincero, no recuerdo cuándo o cómo fue que murieron, y tal
vez, así es lo mejor.”
“No digas eso”, me regaña. “Tus padres te quisieron mucho, no te dejaron
por un simple capricho, así que por favor recuérdalos, se lo merecen.”
Algo de lo que había dicho no me gustó para nada.
“Espera… ¿Qué mi hermana no me quería?”, le pregunto un tanto confundido
por no incluir a Ryou en su comentario.
“¿Hermana?... ¿en serio que estás bien, Risou?”, me responde ella más
preocupada que antes, acercando su mano a mi frente para tomarme la temperatura
mientras no hago más que quedarme en silencio por tal revelación.
“Nunca existió Ryou, ¿eh?”, me digo para mí mismo, más abatido por
saberlo que si hubiera fallecido.
Al parecer venir aquí no me dio ni una pista de cómo volver y eso que es
el único lugar al que se me ocurrió acudir. ¿Este es el mundo en el que viviré
ahora? Porque de ser así, me conformaría con sólo saber por qué todo está de
esta forma… mas no creo que alguien realmente vaya a contestarme así de fácil.
“Risou, volvamos a casa para que descanses bien. Mis padres están
realmente preocupados.”
“Ruka… por favor dime por el apellido… es la única cosa que tengo en
común en esta realidad”, ella intentó acercárseme una vez más, pero la detuve
poniendo mis manos en sus hombros. “Por favor… estoy algo confundido y agotado…
¿podrías dejarme a solas hasta la tarde? Quiero asimilar un poco las cosas, por
favor.”
Ella decide confiar en mí y respeta mi petición por salir de la
habitación.
Golpeo la cama para descargar mi furia, me gustaría gritar pero al no
poder le meto más fuerzas a cada puñetazo contra el colchón.
“¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué demonios tengo que
hacer?”
El tiempo pasa pero la respuesta nunca llega.
Realmente es frustrante no saber ni poder hacer algo al respecto para encontrar
el motivo tras mi cambio de realidad.
Pasó una hora hasta que pude reestablecer mi calma,
hasta ese entonces no se me había ocurrido pensar que era extraño que la casa
del abuelo estuviera tan callada. Mi cuerpo es de 15 años, son 3 años antes de
dónde vengo y por lo cual, nuestro abuelo seguiría con vida; eso sin agregar
que esta mañana vi el carro de Yudai estacionado en la entrada, ¿por qué ni uno
de ellos ha venido a verme?
Me levanté de la cama y salí de la habitación para
investigar. Bajé al primer piso pensando que tal vez todos se encontrarían en
la sala de estar o la cocina, como tuve que atravesar el pasillo de las fotos
familiares, pude notar unas de mi familia, y ciertamente, dónde originalmente
salía Ryou ahora no había nada más que un resaltable vacío entre mis padres y
yo. Si llego a salir de aquí, saldré todo un día con Ryou a cumplirle todos sus
caprichos.
“Vaya, que bien que estés mejor”, reconozco
fácilmente la voz de la persona que parece aliviada de verme despierto. En
cuánto le volteo a ver, esboza una ligera sonrisa mientras se me acerca y me
empieza a revolver el cabello. “Me alegra ver que mi nieto ya haya crecido
tanto.”
“Es bueno verte de vuelta, abuelo”, le respondo demasiado
feliz dándole un abrazo, aquél que nunca pude darle en mi realidad antes de
despedirnos.
Como siempre, él me invito a ir a la cocina a comer
algo de lo que tenía en su refrigerador y claramente no me pude negar al estar
en ayunas desde el día anterior. Ya ahí me topé con los rostros de mis dos
primos, quiénes me dieron las buenas tardes y se acercaron a mí para preguntar sobre
mi estado.
“Oye Yudai… ¿todavía no haces los exámenes para la
universidad, verdad?”
“No… estoy a punto, pero todavía tengo tiempo”, me
responde él feliz y tranquilo, tal vez demasiado tranquilo.
“Deberías estudiar de una vez… no es que no confíe
en tus habilidades, pero conocí a alguien mayor que tú que por confiarse,
terminó trabajando todo el año en una
tienda de ropa.”
“Tal vez debería de repasar un poco… pero bueno,
eso será después de que todo aquí esté resuelto.”
“¡Yudai! Lo dices como si Risos realmente estuviera
enfermo”, le reclama Ruka bastante molesta, pegándole seguidamente en su hombro
mientras nuestro primo se carcajea avergonzado.
En mi cabeza me viene una imagen diferente, siendo
Yudai quién la fastidiaba y ella conteniéndose a pesar de la burla… no sé si
debería de llamar a esto “detalles”, pero realmente se notaba que todo a mi
alrededor era diferente… más no era algo malo, siempre quise ver a una Ruka más
abierta y sincera, eso sin decir que he conocido a personas interesantes,
quitando a ese tipo Shidou que parece interesado en mi prima.
“Oigan… ¿van a seguir ignorándome? Para dejarlos
pelear en paz.”
“¡Es su culpa! Nunca puede limitar sus
comentarios.”
“Ok ok… para arreglarnos, ¿qué tal si los llevo a
comer algo? Yo pago”, dice Yudai, ganándonos al instante. “Vayan al auto, en un
momento voy con ustedes. ¿No vas con nosotros también, abuelo?”
“Está bien, hace mucho que no salgo con la
familia”, responde el adulto amablemente mientras se pone a nuestro lado.
Llegamos al vehículo y poco después Yudai nos
alcanzó con llaves en mano, pregunté a dónde iríamos y él mencionó que a un
restaurante que había abierto no hace mucho, el nombre del restaurante, “El
centinela de la carretera”, hizo que Ruka empezara a babear mientras ella me
comentaba sobre el menú que servía.
No tardamos mucho en llegar a ese pequeño
restaurante, dónde lo más curioso era que los dueños del sitio eran bastante
jóvenes, como por la edad de Yudai, y por si no fuera todo, aparte de ser
gemelos tenían el cabello de un llamativo tono rojizo. Yudai y Ruka les
saludaron amistosamente mientras los gemelos les devolvieron el gesto con
alegría, uno de ellos me saludó, así que por cortesía se lo devolví a pesar de
no conocerlo… o más bien, que Risoutekina conoce pero Taiyou no.
Comimos muy a gusto ahí, de vez en cuando uno de
los gemelos venía para platicar con Ruka, pero eran minutos en lo que volvía a
la cocina o atendía a los demás clientes. Mi curiosidad de saber la identidad
de esos jóvenes fue notada por Yudai, quién me contó que eran amigos de nuestra
prima que la ayudaron una vez en el pasado.
“No te preocupes, a Ruka no le gustan los mayores,
siempre ha preferido a…”, quiso terminar Yudai, pero pronto fue silenciado por
la mencionada, quién ruborizada selló su boca, introduciéndole un gran pedazo
filete de res que casi se le atora en su garganta.
Mi abuelo no hizo más que reír ante el acto de esos
dos, mientras yo tampoco podía evitar soltar una risilla.
Regresando a la casa, Yudai me presumió sus nuevos
juegos de video que había traído de su casa para que nos divirtiéramos los
tres, cosa de la cual aún aquí, los ojos de Ruka brillaban cuando llegaron las
palabras “videojuegos” y “competencia” a sus oídos.
Sorprendentemente a pesar de sus ánimos, Yudai y yo
logramos ganarle gran mayoría de las veces, con lo cual esperaba que ella nos
golpeara molesta, pero en cambio, parecía tolerar la derrota y con bastante
ánimos pedía la revancha.
“Niños, vayan a dormir que mañana temprano daremos
un paseo por el cerro”, nos avisó el abuelo a punto de las 10 de la noche.
“Tiene razón, conociéndolo nos irá a levantar a las
5 de la mañana y si no duermo ahora, me pesará levantarme mañana”, comenta Ruka
bastante cansada bostezando para el final.
Todos asintiendo, nos movimos cada uno a sus
respectivas habitaciones; Yudai fue el primero en despedirse, dejándome a solas
con Ruka por un momento quién se paró frente a la puerta de mi habitación
impidiéndome entrar.
“No quiero que escapes”, comenta ella, cruzada de
brazos. Sin darle una respuesta en palabras, la tomé de los hombros para
acercarla más a mí para poder darle un abrazo que ella recibió de buena manera.
“Que descanses Haruka”
“¿Perdona?”
“Lo siento…
Ruka, que descanses”
Con una leve sonrisa en nuestros rostros nos
despedimos, y así tan pronto entré al cuarto, me tiré encima de la cama para al
fin descansar como se debía. Sin hacerme preguntas de más. Sin confundir un
evento con otro. Simplemente con la mente en blanco.
Ahora que
estoy quieto, empiezo a pensar que tal vez no es tan malo estar aquí.