Todo está oscuro. Incluso la misma luz del faro fuera de
mi casa no alcanza a iluminar más de 1 metro desde la entrada, dejándome
contemplar la completa oscuridad en la que yace mi casa.
La presencia que siempre siento cada vez que vuelvo a
casa ahí permanece, por lo que me quedo unos cuantos segundos fuera, examinando
que no resalte algo extraño entre la oscuridad.
Con paso cuidadoso y lento entro a mi casa, enciendo las
luces y la presencia desaparece como es acostumbrado.
Me muevo directamente al refrigerador para ver que cenar
hoy en la noche, por un segundo pienso que veo el emparedado desperdiciado de
hace unos días, pero me doy cuenta que no es más que un pedazo de pastel del
día anterior. Viendo que no hay nada bueno, saco una botella de refresco que
pongo en la mesa y empiezo a llenar un recipiente de metal con agua para poder
ponerlo en la estufa a calentar mientras busco una sopa instantánea para cenar.
La puerta suena de repente. Golpe tras golpe alguien me
llama del otro lado, y no parece que vaya a parar a menos que abra la puerta
para atenderle.
Esta ocasión decido ignorarle, no importa cuánto toque,
me concentro en prepararme la cena y distraerme con la televisión en volumen
alto. Pasan los minutos y continúan los golpes de sea lo que sea que esté
afuera.
toc toc toc… toc toc toc… toc… toc…
El sonido para tan repentinamente que no me doy cuenta de
cuando lo hizo.
“¿Se habrá cansado?”, me pregunto sorprendido y a la vez
calmado de que se detuviera al fin. Aprovechando, fui a tomarme un baño
después para quitarme el sudor provocado por la tensión del momento; la puerta
no sonó otra vez mientras estaba dentro del baño.
Tal vez después de todo, sí se trataba de alguien
haciéndome una muy mala broma, ahora podía descansar en paz y que la broma de
muy mal gusto, se pasara a otra persona.
Después de bañarme, me puse a trabajar un rato en la mesa
y enseguida me fui tranquilo a la cama a descansar. No tardé en cerrar los ojos
y perder el conocimiento por el sueño, esperando que el próximo día fuera tan
bueno como este.
¡Crash!
Un fuerte sonido proveniente de algo estrellándose me
despertó asustado. Prendí la luz de mi habitación y observé en el suelo pedazos
de vidrio roto esparcidos en el suelo con una roca grande por encima. Alguien
la había lanzado contra mi ventana, y no sólo eso, en un pedazo de la ventana
que aún estaba en su posición original, el número “27” estaba grabado con
rasguños.
Por toda la noche no pude dormir por estar esperando que
algo más pasara.