jueves, 26 de junio de 2014

31 DÍAS - Fragmento 2



Fragmento 2.

Nunca le he temido a la oscuridad, a decir verdad, siempre me ha agradado tanto por lo que representa como por el color con el que es asociado. Cuando pienso en la oscuridad, me veo a mí mismo en la noche, con un agradable y fresco viento chocando contra mi rostro a la vez que a mis oídos llega el ruido de los saltamontes y de las mismas hojas de los árboles sacudiéndose por el aire. No hay alguien a mi alrededor, sólo mi persona y sin muchas ganas de entrar  alguna parte, prefiriendo quedarse al aire libre para poder así disfrutar de aquél escenario y ambiente.

Este día es exactamente así.

Son pocas las veces en que me quedo trabajando demás en la empresa, por lo que cuando vuelvo a mi casa, me topo con que la colonia está envuelta en un agradable silencio. Todos ya se fueron a dormir, las luces de las casas están apagadas, siendo mi única iluminación los faros de la calle y las estrellas sobre mí. Hace frío, no uno incómodo, sino uno que realmente me revitaliza por lo fresco que está el clima; me gusta sentirme así pero no dormiría en la calle sólo por eso, así que me muevo lentamente hacia mi casa que yace al final de la calle.

Frente a la puerta principal me detengo unos segundos. El buen sentimiento que tenía hace poco se desvanece por completo, siendo reemplazado ahora por un escalofrío que me petrifica en ese lugar.

Una fuerza me obliga a mirar hacia debajo de la puerta, donde puedo ver como un sobre amarillo yace a medias de esta. De lo poco que se puede ver, noto el nombre de “Silvia”, una amiga, quién tal vez se acordó de imprimirme unas fotos que le había pasado hace unas semanas y al no encontrarme, intento pasarlas por debajo de la puerta.

Con mi cuerpo ya libre de dudas, me inclino para recogerlo, pero en cuanto poso mis dedos sobre el sobre, esta se desliza dentro de mi casa rápidamente como si algo o alguien la hubiese jalado del otro lado.

Yo soy el único que vive en la casa, por lo que sin pensarlo, retrocedí y empecé a caminar una vez más por la calle sin voltear atrás.

No le temo a la oscuridad de mi casa, pero no me gustaría saber qué es lo que se esconde en ella.