domingo, 30 de noviembre de 2014

"¿MPDOO?: Memorias de una vida pasada" Parte 3/6




Han pasado varios minutos desde que aquél hombre alto de cabello azul me exigiera una explicación y que extrañamente me pidió que lo siguiera a un destino desconocido para mí. No tuve la obligación de hacerle caso, pero aun así obedientemente le seguí el juego con una confianza ciega que realmente me sorprende de dónde es que sale.
El miedo que me dominaba no hace mucho que desapareció, sus innaturales ojos rojos ya no me molestan tanto más que por la curiosidad de saber por qué los tiene así; ¿será esto efecto de mi cambio de realidad? Algo me dice que no muy dentro de mí.

Nos paramos hasta llegar a puente que va de calle en calle dónde había poca gente subiendo a este, imagino ahí él quería sostener una conversación más personal en cuanto apoyó su espalda contra la barandilla y me miró a los ojos, cruzando sus brazos de una forma brusca.

“¿Qué haces aquí?”, comienza el interrogatorio con una muy mala expresión. Esa pregunta en particular es la que yo mismo me he hecho desde que desperté en aquella casa, por lo que sé que dudara de mi respuesta al intentarle decir que no tengo idea. “Ya veo… así que ni siquiera sabes tú como llegaste.”

“Espera…”, le dije sorprendido. “¿A que vienen esas palabras?”

“Oh… entonces mi hipótesis de que no sabes quién soy es correcta. Así que tampoco sabrás que puedo leer tu mente.”

¿Está hablando en serio? Cuesta creérmelo viniendo de un total desconocido.

“Me consideras un desconocido, pero ya nos hemos conocido antes… no en esta realidad, ni de esta forma”, responde una vez más sin darme tiempo a formular una respuesta, tal vez… sí leyéndome la mente. “Gracias por confiar en mi habilidad.”

“Yo nunca dije que te creía.”

“Pero lo pensaste, ¿no?”, respondió esbozando una pequeña sonrisa victoriosa.

“¿Qué es lo que quieres de mí? Y de una vez, ¿Cuál es tu relación con mi prima?”, finalmente pregunté.

“Te lo podría decir… solamente necesitaría que fueras más abierto de mente, porque te explotaría la cabeza con lo que te tengo que decir”, comenta en un estado de burla, pero al ver mi rostro de seriedad, adoptó la misma postura. “Estás consciente de que este mundo, este tiempo, no es como donde provienes.”

“Dímelo tú. Despierto en la casa de mi prima con sus padres vivos y los míos muertos, me doy cuenta que mi cuerpo es como solía ser en la secundaria y me encuentro en la calle a mi exnovia en esta colonia a kilómetros de la ciudad donde nos conocimos, y por si no fuera poco, varios recuerdos se entremezclan con los de mi realidad… créeme, ya he visto demasiada mierda hoy, puedo aguantar mucha más.”

Sin preocuparse por mi exaltación, ese sujeto empezó a reírse sonoramente por lo que había dicho y como lo había hecho. Tardó unos cuantos segundos para volver a tomar compostura y seguir con la que yo suponía, debía ser una plática seria e importante.

“Es exactamente como dices. No perteneces a este mundo, eres un invasor de otra realidad que por azares del destino, tu alma y recuerdos terminaron en tu ‘yo’ de esta realidad; ahora mismo tus memorias están en conflicto para ver cuál de los dos ‘Taiyou’ es el que debe existir.”

Tal vez bromeé con decir que podría entrarme cualquier mierda a la cabeza… solamente pude entender la idea general de mi problema: o regresaba a mi realidad, o estoy jodido.

“¿Cómo puedo volver a mi mundo?”, pregunto con esperanzas de que él sea mi salvación, sin embargo, al ver que la expresión de su rostro no cambia, algo malo está por decirme.

“No hay manera de que lo sepa yo.”

“Vamos… puedes leer mi mente, ¿por qué no buscas algo en mis recuerdos, algún momento en que la haya arruinado haciendo algo?”

“Solamente puedo leer los pensamientos externos Taiyou, mi habilidad no me permite acceder a tus memorias o pensamientos más profundos aunque lo quisiera… y dado que ni tú sabes cómo llegaste aquí, puedo asegurarte a que fue algo de tu subconsciente.”

“A todo esto… ¿Qué eres tú?”, pregunto curioso, observando directamente a los ojos a ese hombre del cual seguía sin fiarme.

“Yo soy la Muerte, mi estadía aquí se debe a que tu prima tiene cuentas pendientes conmigo… tal como tú lo tuviste una vez, en otra realidad”, contestó esbozando una pequeña y maliciosa sonrisa. “Si aún dudas de mí, te puedo decir cada uno de los nombres de las personas que has conocido en tu vida y en otras, puedo decirte cada una de las que crees son pesadillas que te atormentan regularmente cuando duermes. Memorias de vidas pasadas, tal como los recuerdos que se mezclan actualmente en tu mente, combatiendo lo que es realidad y no… y si en realidad, eres quién dices ser.”

“¡Cállate!”, hice parar su parloteo tomándolo del cuello de su chaleco oscuro.

Mi cabeza había empezado a doler de vuelta, ahora con más intensidad; imágenes cruzaban mi cabeza, imágenes que sé no pertenecen a mi mundo pero que los siento tan reales. Recuerdo el miedo de ser perseguido por un extraño ser, recuerdo la tristeza de perder a una amiga y a mi familia; recuerdo voces de personas que no reconozco, la gran mayoría de ellos como el que dice ser la muerte, todos ellos con fríos y malévolos ojos rojos expectantes a cada momento de mi vida.

“¡Aaaaaaaaaahhh!”, empecé a gritar de la desesperación que me obligó a soltar a aquél hombre y enseguida coloque mis manos sobre mi cabeza en un intento de calmar el tremendo dolor.

He hecho mal, lo sé perfectamente… pero no tengo idea porque, y realmente me pregunto si en realidad quiero saberlo. ¿Qué pasaría si mi vida y mi mundo es una mentira? ¿Cuál es entonces la verdad? ¿Qué soy yo y por qué tengo que seguir sufriendo?

Quiero otra oportunidad, una más para hacer lo correcto…

“Por favor… no desees algo como eso, no otra vez.”

Mi cuerpo se siente presionado por encima en lo que una agradable calidez empieza abrigarme lentamente. Siento unos brazos rodeándome, y el peso de una cabeza reposando en mi espalda; este abrazo lo he sentido antes, no puedo decir cuándo o dónde, pero sé que lo he sentido una vez.
Diría que se trata del hombre con el que me encontraba hablando, pero no era así dado quién hablaba, se trataba sin duda alguna de una mujer.

“Realmente me gustaría poderte ayudar Taiyou, pero no tengo el poder, y dudo que él también tenga jurisdicción de tu caso”, me dice suavemente esa persona, susurrando en un tono de tristeza.

“¿Qué hago entonces?... ¿Me quedaré aquí por siempre?”

“Solamente tú sabes cómo volver a tu mundo, y hasta que descubras el motivo por el que tu consciencia se trasladó aquí, tendrás que soportar el tormento de tus memorias. Lo que puedo hacer por ti ahora, es hacerte descansar y olvidar que me viste aquí; te ayudará a mantener cerrado ese candado tuyo que fue puesto en ti una vez, así como también ayudará a Ruka quién es el centro de atención de este mundo.”

“¿Qué es lo que hizo mi prima?”

“Pedir una segunda oportunidad.”

Esas fueron las últimas palabras que escuché de ella… o que al menos pienso así fueron, porque mi mente empezó a tornarse borrosa en cuanto sentí como despegaba su cuerpo del mío. El dolor que me agobiaba desapareció lentamente, así como cada uno de mis sentidos en cuanto observé la figura de una hermosa mujer de cabello largo de un curioso azul, cuya sonrisa aunque parecía triste, lograba apaciguarme por dentro.

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Abro los ojos y veo como la noche domina el cielo con sólo unos pequeños puntos blancos adornando aquél mar de oscuridad; lentamente los faroles de la calle empiezan a alumbrar el terreno y uno de ellos me deja temporalmente cegado cuando el poste encima de mí se prende de repente.

Ya no estaba en el último lugar que recordaba, peor aún, mi última memoria era de día, ¿Cómo se me había pasado toda una tarde en un abrir y cerrar de ojos?  Aunque pensando rmejor… ¿Qué otra cosa extraña podría pasar? Es suerte que todavía siga conservando mi mismo género.

Dejé de lado mis dudas sobre mi amnesia temporal, y decidí echar un ojo al sitio que me rodeaba; no evite soltar una pequeña sonrisa al ver que este posiblemente era el mejor sitio al que podría llegar: un parque. Fuera como fuera que llegué aquí, fue una muy buena elección, más ahora, que el clima está tan fresco en sitios como este.

“Em… ¿buenas noches?”, una repentina voz me sacó de pensamientos, por lo que instintivamente voltee hacia dónde se generó la pregunta. No me había dado cuenta que alguien más estaba sentado en la misma banca, así que mi impresión también logró sorprender a esa chica quién me observaba en espera de algo.

“Oh sí… buenas noches, perdona por asustarte”, respondí al instante, formando una pequeña sonrisa para generarle confianza. Al parecer lo logré, dado que se vio más calmada e igualmente sonrió.

“¿Se encuentra bien?”, pregunto esa joven que parecía de mi misma edad, curiosamente muy parecida a Bura físicamente, pero con un tono de voz más gentil y femenino. Me sorprendí que su preocupación fuera real, se podía ver claramente en sus ojos; muchas veces dicen que los ojos son las ventanas del alma, pues los de ella parecía que no tuvieran vidrio siquiera, permitiéndome ver claramente su esencia… algo bastante curioso.

“Sí, me encuentro bien, gracias por preguntar”, le respondí en confianza aunque ella parecía no creerme por la mirada seria que me puso. “¿Pasa algo?”, su semblante repentinamente cambió por mi cuestión a una sorprendida.

“Perdona… no quería molestarte… sé que sonará raro, ¿pero no nos conocemos de antes?“, dijo curiosa sin parar de mirarme fijamente.

“Lo siento, me debes de estar confundiendo.”

“No pienso que sea así, tal vez nos conocimos en otra vida.”

Ladee mi cabeza en sorpresa por sus palabras, acción que la hizo reír inocentemente. ¿Será que ella está en mi mismo problema?

“Es broma”, al final era eso, aunque ciertamente me hizo soltar un suspiro no de alivio, pero de decepción de que fuera el único embotellado en este problemón.

Entre ambos se formó un repentino silencio, aunque no es que realmente tuviera algo que decirle, somos perfectos desconocidos, aún si intentara acercárseme, realmente no podría darle buen material para sostener otra conversación. Y tal vez, era mejor así.

“Te pareces mucho a una amiga”, soltó de repente, llamando de vuelta mi atención.

“¿Por qué?”

“Ella también suele perderse fácilmente en pensamientos como tú hace un momento. Esté acompañada por un conocido, un desconocido o incluso sola, siempre suele apagar sus sentidos para enfocarse en el mundo dentro de su mente, como si ahí se encontraran todas las respuestas a sus dudas o problemas”, comentó aunque en voz baja, pero con un destacable tono animado, sonriendo en todo momento al recordar la imagen de su amiga.

“Bueno, tal vez ella como a mí, se nos da mejor pensar, nuestro fuerte es la curiosidad, siempre buscamos razones o respuestas que puedan resolver todo aquello que se nos pone enfrente.”

“Ciertamente no hay problema en eso. Lo malo es que olvidan que poseen un sistema límbico que se encuentra en el mismo sitio que su cerebro. No hay una razón de ser o una respuesta lógica para todo porque así es la vida misma: un misterio… si buscas eternamente la quinta pata al gato, vas a terminar perdiendo la atención de algunas cosas importantes.”

“Me gusta tu forma de pensar”, le respondí feliz. Esperaba que ella se avergonzara un poco por lo que había dicho o actuara modesta tal como haría Ruka o Bura, sin embargo, lo que recibí fue una pequeña pero cálida sonrisa por parte de ella. “¿Puedo saber tu nombre?”

“Me llamo Nanara Hideyoshi”, contestó, acercándome su delgada y blanca mano. Dudé un segundo, ¿realmente era lo correcto sentirme alegre por esto? Yo no soy de este mundo, estas acciones que he hecho, podrían perjudicar al legítimo “yo” de esta realidad, sin contar que me estaba dando falsas esperanzas de una buena vida aquí.

“Yo… soy Taiyou Kagami, un gusto en conocerte”, al final sucumbí y estrujé la mano de Nanara.

Su mano era cálida y su agarre fuerte, pero me daba la impresión de que su fuerza se debilitaba y empezaba a temblar un poco, tanto que sentía que si seguía con el agarre, terminaría fracturándole sus delgados huesos.
Estar cerca de ella ciertamente me lastima por dentro, pero siento que me lastimaría más dejarla dado que su debilidad y gentileza, me hacen sentir un inexplicable impulso de cuidarla.

“¿Puedo quedarme más tiempo contigo?”, ella al fin se avergonzó por mis palabras, sin embargo, se recobró poco después y me dio un asentimiento mientras empezaba un nuevo tema de conversación por el que pasaríamos horas hablando sin preocupaciones.

Fue extraño, pero por un momento, sentí como si estuviera reviviendo un viejo sueño que creía haber dejado en las profundidades de mi psique, un sueño muy agradable que me gustaría repetir muchas y muchas veces más.

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Se dio la mañana del día siguiente. Mis piernas temblaban y mi mente empezaba a decirme que sería mala idea regresar al punto de partida, pero mi corazón me decía que si quería respuestas no habría más que buscarlas dónde todo este caos empezó: la casa de mis abuelos.
Diferente a la distancia entre ese sitio y mi casa, desde la ciudad de Ruka bastaba tomar un tren y en unas cuantas horas, estaría cerca del bosque que rodea la casa de mis abuelos.

Sin demorar mucho puse esa iniciativa en marcha con una fé ciega a que estuviera haciendo lo correcto.

Tras tomar el tren y bajarme en la estación más cercana a mi destino, ahora me encuentro caminando solo por el camino formado por el paso continuo de los coches hacia aquél punto; me falta poco para llegar, pero no puedo evitar ponerme nervioso por los cambios que seguramente encontraré en esta realidad.
Continué avanzando por unos minutos hasta por fin alcanzar a ver a la distancia la casa elegante de dos pisos de madera, ya era bastante ganancia que la apariencia no había sufrido alguna alteración, pero lo que más llamaba mi atención era que en el patio se podía ver perfectamente un vehículo, y si no me equivocaba, era el mismo modelo que el del Yudai de mi realidad.

¿Qué haría una vez llegase a la casa? No sabía, pero era mejor idea que pasarme todo el tiempo paseando en una ciudad desconocida. Caminé hasta la entrada del hogar, y normalmente, esta no tenía el seguro puesto por lo que entré sin hacer ruido; mi sorpresa fue que tan pronto caminé hacia dentro, sentí como mi cuerpo retrocedía bruscamente por la fuerza de un impacto en el rostro, por lo que me di a chocar contra la pared más cercana.

Mi nariz dolía bastante y sentía que algo se escapaba de ella, así que revisando con mi mano, me di cuenta como esta se manchaba un poco de rojo carmesí. Estaba enojado y quería devolver el golpe a quién fuera que me había dado un puñetazo sorpresa, pero me encontraba más que nada aturdido, tanto por el golpe, por el cansancio de caminar todo este recorrido a la casa, por descansar poco en la noche y no haber comido lo suficiente. Ciertamente no estaba para nada en forma, y fuera lo que fuera la amenaza, me tenía frente suyo completamente indefenso.

Escuché pasos acercándose y giré un poco mi cabeza para al menos ver el rostro de quién me había dado tan amigable bienvenida; tan pronto lo hice, mi cabeza volvió a su lugar, esta vez por una fuerte cachetada que resonó por toda la silenciosa casa.

“Odio que hagas estas estupideces, ¡realmente las odio!”, me gritaba aquella persona en tono furioso, volviéndome a cachetear pero ahora en la mejilla contraria. “¡¿Por qué siempre tienes que ser así si me tienes a tu lado?!”

“Lo siento, Ruka. Realmente lo siento”, le digo a mi prima, quién al escucharme por fin para de lastimarse y coloca sus brazos alrededor de mi cuello para pegar su cuerpo al mío en un cálido abrazo.

Está dolida, ¿y cómo no después de huir de su casa por todo un día y de haberle dicho que sus padres son los que deberían de estar muertos en lugar de los míos?
Tiene todo el derecho de estar enfadada, y aunque ella no comprenda la situación en la que me encuentro, no es excusa suficiente para justificar el que ella esté llorando ahora. Me siento demasiado mal por lo que he hecho a pesar de mi situación, son muy pocas las veces que he visto a Ruka llorar frente a alguien, por lo general siempre se contiene o lo guarda para cuando está sola, es demasiado terca y orgullosa como para dejar ver su lado débil incluso ante su familia; por eso verla de esta forma, aunque se trate de otra realidad, me está lastimando muy por dentro, pero aunque quiera consolarla… no soy yo quién debería hacerlo, no pertenezco aquí.

No soy Risoutekina. Soy Taiyou Kagami.

Eventualmente, mi cuerpo agotado por fin pide un descanso, por lo que despacio cierro mis ojos mientras deseo que cuando los abra de vuelta, las cosas no se hayan puesto peor de lo que ya están.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿MPDOO?: Memorias de una vida pasada" Parte 2/6



Estoy harto de la habitación en la que me encuentro. No puedo dar un motivo por el cual pensar esto, pero es el primer pensamiento que me llega tras despertar cada día.

Volteo hacia los lados y no veo más que los muebles junto a mi cama, las paredes pintadas de un color verde oscuro y las cortinas de flores que cubren una pequeña ventana. Sólo una cosa resalta aquí, y es un pequeño marco de fotografía posado en uno de los muebles; mis padres, Ryou y yo aparecemos en ella, si mi memoria no me miente, es la foto que nos hicimos en la graduación de la escuela primaria, un recuerdo que cada vez que lo veo me produce una cálida sensación por dentro… pero hoy ciertamente es un escalofrío el que me recorre la espalda al percatarme de una pequeña verdad.

Yo nunca traje conmigo esa foto, siempre ha permanecido en mi casa dentro de mi cuarto. ¿Qué está haciendo aquí?

Me levanté lentamente de la cama, intencionalmente toqué el frío suelo con mis pies desnudos para confirmar si se trataba de un sueño; pero el sentimiento incomodo que recibí a cambio, me dejaba más que claro que esta era la realidad.
Esta no es ninguna habitación de la casa del abuelo, las paredes son de cemento y ladrillo en lugar de madera, sin mencionar que esta sí tiene cortinas y la posición de los muebles ha cambiado.

Caminé hasta la puerta, esperé unos momentos cerca, queriendo escuchar algún ruido del otro lado que resultara peligroso… pero mientras más esperaba, más mis ansias de saber la verdad salían a flote y me pedían que me moviera. Toqué la perilla y otro escalofrío recorrió mi columna, paralizándome unos cuantos segundos en lo que volvía a reaccionar para abrir la puerta. No tenía duda de que nada bueno me esperaba del otro lado.

Una sala sencilla es lo que se encuentra detrás de la puerta: dos sillones, un mueble con su televisor y una mesita perfectamente acomodada en una pequeña sala de paredes verde pistache. A mi lado se encuentran dos puertas cerradas y al otro extremo otra entrecerrada que deja ver parte de la porcelana del baño; en las paredes hay cuadros con fotografías de los dueños del lugar, y para mi sorpresa, puedo identificar a las tres personas que salen en gran parte de ellas… una era Ruka, con su estilo de cabello largo y de anteojos que incluso por las fotos, se veía que ella los empezó a usar desde muy temprana edad a pesar de nunca habérselos visto yo antes.
Lo malo viene con los rostros de las personas que faltan, dos adultos, uno que me recuerda mucho a mi madre, ¿y por qué no debería? Después de todo, se trata de su hermano mayor, quién falleció junto a su esposa en un incendio… o eso se suponía, dado que aún mi prima con la edad de 15 años en las fotografías, aún conservaba a sus padres.

Decidí asomarme de reojo por una de las habitaciones, cuidadosamente no haciendo ruido al girar la perilla. En la primera me encontré con el cuarto de los padres de Ruka con ambos dormidos tranquilamente en su cama; me acerqué lentamente a la cama, a una distancia suficiente para verles el rostro, y efectivamente se trataban de ellos, pero no sólo eso, también en una mesita de noche podía ver el brillante y bello collar morado que se suponía Ruka debía de tener.
Salí con cuidado y en la siguiente habitación sentí un pequeño empujón en la puerta, como si una fuerza se hubiera opuesto, pero tras el segundo intento de girar la perilla, se abrió sin problemas. El cuarto era pequeño, demasiado bien recogido para pertenecer a la bella durmiente que aún seguía en su cama bien cubierta por una sábana; extrañamente, noté como las cortinas de su ventana se movían, pero fijándome mejor, la ventana estaba abierta y esto permitía que el viento colado jugueteara con las cortinas.

Cerré la puerta y me recargué en esta para digerir lo que me rodeaba por unos segundos.
Esta casa de un piso obviamente pertenecía a la familia de Ruka, la cual podría suponer que es la misma casa donde ella solía vivir antes del incendio. Dejando a un lado la pregunta obvia, ¿por qué yo y algunas de mis pertenencias se encuentran aquí?

Una idea pasa rápidamente por mi mente, pero por mi propio bien, intento cambiar el hilo del tema.

Salgo de la casa. Afuera me encuentro con un paisaje tan diferente al de la casa de mi abuelo o a la de mi colonia. No hay ni un parque cerca, el único espacio libre de edificios o establecimientos que puedo ver a lo largo de la calle, es un lote baldío lleno de basura. Hay varias personas ya transitando afuera, pero el miedo comienza a invadirme por ver que ni uno de ellos es conocido para mí.

“Un teléfono…”, murmuro para mí mismo, regresando de vuelta a la casa en busca de tal dispositivo para confirmar si mis conocidos siguen teniendo idea de quién soy. Las llamadas a otra ciudad saldrían caras, pero aunque sonara mal, poco me importaba la situación económica de los Hashiyama ante mi situación.

El primer número que viene a mi mente es el de Bura, mi exnovia, intento contactarla tanto en su casa como por su celular, pero por ni uno de los dos responde.
Después pienso en Sumiya, mi mejor amiga, a estas horas de la mañana siempre se la pasa pegada a la TV, así que recurro a su teléfono de hogar… sin embargo el resultado es el mismo.
Marco el número de mi casa, pero antes del tercer pitido de espera, decidí colgar rápido.

El teléfono comienza a sonar de repente, e instintivamente levanto la bocina para responder la llamada. No puedo evitar alegrarme al instante por reconocer a quién le pertenece la voz del saludo.

“¡Shidou… no sabes cuánto me alegra escucharte, hermano!”

“¿Eh? Sí… ¿se encuentra Ruka?”, pregunta él, confundido por un motivo, aunque más lo estoy yo por escuchar que busca a mi prima.

“Ella está aquí… ¿pero desde cuando la buscas? No me digas que repentinamente te enamoraste de ella”, solté en broma, esperando me gritara que él siempre amaría a Sumiya… pero se mantuvo en silencio.

¿Eres el primo de Ruka, no?... ¿Cómo te enteraste de eso?...”

“¿Perdona?”

Tú sabes… te pido lo mantengas en secreto, por favor… ¿cómo supiste que me gusta ella? No me digas que ella lo sabe y nomás hace como que no”, comenta con un tono avergonzado a la vez que alegre… el tono con el que normalmente hablaba sobre cuánto le gustaba antes Bura.

Intentando acceder a mis memorias… me di cuenta sobre una irregularidad: ¿cómo conocía a este chico tan bien, si era la primera vez en la que entablábamos una conversación?
Recuerdo su rostro, su voz, su forma de reír, de enojarse, también que pasamos buenos momentos… pero son memorias más como las que salen de un sueño, porque en mi realidad, nunca llegué a toparme con él y por lo que escuchaba en este momento, él tampoco parecía conocerme mucho.

“Perdona…”, le dije antes de poner el teléfono encima del mueble.

“Risos… ¿Quién era?”, escuché una voz somnolienta desde mi izquierda, donde una joven salía en pijamas de su habitación mientras se frotaba los ojos con flojera. “No me digas que fue este Shidou, porque…”

“¡Aléjate de mí! ¡¡ALÉJATE!!”, esa chica de cabello largo y anteojos abrió bien los ojos por mi respuesta, colocándose en una posición defensiva mientras intentaba acercárseme lentamente.

“¿Q-qué pasó?... ¿por qué estás tan…?”

“¡¡Desaparece!!”, vociferé, arrancando el teléfono de los cables para aventarlo en su dirección, impactando fuerte contra la pared y asustando a mi prima. “No te quiero cerca… cosas malas pasan cuando estoy cerca de ti… siempre pensé que era yo quién te hacía la vida miserable, ahora veo que desde un comienzo fuiste tú… ¡me has traicionado!”

Los padres de Haruka se presentaron antes de que ella pudiera darme una respuesta, normalmente la madre tomó a Ruka por detrás mientras su padre se acercaba para afrontarme en seguridad de su hija, pero antes de que cortara la distancia, salí corriendo hacia la puerta para escapar de todos ellos.
Escuché los gritos confundidos de los tres, pero no me detendría por tal nivel más bajo que los gritos de mis propios delirios. Corrí en línea recta sin un rumbo fijo, las casas y edificios a mi alrededor, incluso el ambiente, eran demasiado diferentes al de mi hogar y lo más seguro es que por seguir huyendo, terminaría perdiéndome en alguna parte de esta gran colonia. La verdad… no me molestaba de ser así.

El calor y mi propio cansancio empezaron a volverme lento, por lo que recurrí a reposar bajo la sombra de un árbol en un pequeño jardín de una casa. No escuchaba ya los gritos de mis parientes y rezaba porque siguiera así, necesitaba un buen momento para mí solo, en el cual pudiera acomodar muy bien mis memorias.

“Perdona pero… mis padres dijeron que nadie puede pisar el jardín.”

Voltee curioso hacia atrás por escuchar una voz conocida. Mostrando su rostro desde el otro lado del árbol en el que descansaba, se encontraba un joven de cabello corto rubio, piel blanca y de unos intrigantes ojos azules con los cuales no dejaba de verme fijamente. Mi mente me había engañado de vuelta, él era otro desconocido, aunque podría jurar, su apariencia la he visto en otra parte.
Especulando a lo mejor que no le había escuchado, él volvió a repetir las mismas palabras de antes en un tono serio.

“Lo lamento, sólo estaba tomando un respiro”, le respondí, levantándome del lugar para no seguir molestándolo.

“Estoy encargado de limpiar y cuidar el jardín… así que si no hago algo al respecto, mi padre me castiga de seguro, perdona por eso”, continúa la plática ese joven, mostrando una pequeña sonrisa. “¿Te apetece un vaso de agua? Te entiendo que con este calor busques una sombra… y nada mejor que la que te otorga un árbol, ¿verdad?”

Tiene razón. En mi hogar, siempre he preferido pasar estos días de verano debajo de los árboles del parque de la colonia, nada como el viento fresco que te proporcionan estos y estar reposado en el suave y frío césped de los jardines.

“Amablemente… acepto el vaso de agua”, le dije en un tono avergonzado que a él le dio gracia.

“Espérame aquí”, dijo antes de desaparecer dentro de su casa y volver tras unos segundos con el buen vaso de agua fría que me había ofrecido.

De un sorbo acabé con todo el líquido, no creía que realmente estuviera tan sediento como para acabarme el vaso entero y aun teniendo ganas de un segundo, aunque claro por la misma hospitalidad, no lo pedí.

“Disculpa si me equivoco… ¿pero no te he visto antes por estos alrededores?”, me pregunta él interesado… lo cual de principio me deja con un sabor un tanto extraño, pero al final termino confiando en que va con buenos motivos.

“No sé cómo decirlo… no soy originario de aquí, pero mi prima sí, así que a lo mejor ya me ha tocado pasar por aquí.”

“¿No eres de salir mucho?”

“Al menos, aquí no”, respondí sincero, aunque en realidad, ni en mi propia casa salía mucho a la calle.

Espera… ¿cómo que no salía mucho? ¡Sí salgo con regularidad! Cada día voy al parque de mi colonia, visito a mis amigos, voy al centro de la ciudad incluso… por dios, sino saliera, desde un principio no hubiera decidido en pasar mis vacaciones en casa del abuelo… ¿qué pasa conmigo?

“¿Estás bien?”, me trae de vuelta a la realidad la voz de ese muchacho, quién ahora también se muestra preocupado por mí. En menos de media hora, he empezado a odiar tanto esa expresión.

“No te preocupes, son problemas personales.”

“Pues espero que los puedas solucionar pronto. Nunca es bueno postergarlos, y menos si es con esa prima que dices… yo no tengo ni una pero sí una hermana, y por no arreglar problemas personales, ya no he podido hablarle a la cara”, comenta él, llevándose una mano a la nuca y cambiando su rostro a uno serio como arrepentido por el significado tras sus palabras. “¿Tienes algún amigo?”

La pregunta me extraña, sin embargo respondo con un bajo e indeciso “no”.

“Pues entonces tienes uno”, dice casi al instante. “Yo tampoco tengo amigos. Pero siempre estoy disponible para aquellos quienes quieran platicar un rato conmigo, y yo con gusto estoy para escuchar. Ahora mismo estoy en algo importante, pero te aseguro que en unas horas, estoy libre por si quieres hablar conmigo.”

“Y claro que acepto esa oferta”, le contesto, extrañamente sintiéndome aliviado por dentro.

“Por cierto, mi nombre es Matsuda.”

“Y el mío es Taiyou. Un gusto en conocerte.”


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Después de despedirme de mi reciente y repentina amistad con un sujeto que apareció de la nada, empecé a vagar por la misma colonia en busca de un lugar seguro en el cual pudiera descansar dado que volver a casa de Ruka estaba descartado.
Mi objetivo primario era buscar un parque en el cual pudiera esconderme dentro de los arbustos, y pasar la noche durmiendo en el pasto… gran ventaja es que de noche el calor no paraba, así que estar a la intemperie era un gran punto a favor de mi idea. Pero lo que aún no encontraba en cómo hacer, era para resistir el hambre que ahora mi cuerpo estaba exclamando; aún no he caído lo suficiente como para robar, y dudo mucho que alguien me contrate sin un formulario de empleo y siendo menor de edad.

¿Menor de edad?... Mi mente me dice que tengo los 18 que cumplía hace dos meses, pero mi cuerpo se siente diferente, como más achaparrado…

“No me vengan con esto…”

Corrí hasta el vidrio más cercano en el cuál pudiera verme, siendo este el de un mostrador de una pequeña nevería, los vendedores me atendían amablemente a pesar de que ni les ponía atención por estar concentrado en mi imagen en el reflejo.
Nunca fui alto o gordo o fornido, pero ahora estaba considerablemente más pequeño y delgado a cómo solía estar en la secundaria… por dios, ahora apenas me fijaba que aún tenía los cabellos en punta como me gustaban en esa época. Esto va más allá de un simple cambio de escenario, incluso el tiempo mismo ha regresado a como era antes; dos fenómenos espacio-tiempo por el precio de uno.

“Oye, deja de acaparar el mostrador… hay personas que queremos comprar algo.”

Los demás clientes en el establecimiento empezaron a quejarse, aunque justamente por el tiempo que les estaba haciendo perder; pero principalmente una chica enseguida mío, de cabello largo y castaño y unos brillantes ojos ámbar.
Me quedé un poco anonadado por ella, realmente se parecía a una buena amiga y exnovia físicamente, aunque mi conocida si estuviera en una situación como esta, no se hubiera hecho esperar y me tiraría enseguida una…

“¡Auch!”, grité por la patada que me metió por no escuchar sus quejidos. Normalmente le hubiera reclamado, pero dicha patada bien colocada en la espinilla disipó mis dudas… realmente se trataba de ella.

“¿Te vas a quitar o no?”, me amenaza, quitándose de encima a los otros clientes quienes querían pararla.

“Por favor Bura… ¿Qué ni en esta realidad puedes calmarte un segundo sin causar problemas?”

“¡¿Cómo es que me conoces?!”, pregunta aún más enfadada por antes, tal vez una muy mala jugada de mi parte. “No me digas que eres uno de esos que me acosan durante los entrenamientos de volibol… porque apunto mi patada a otra parte que te dolerá ma…”

Los encargados de la nevería no se hicieron esperar y nos sacaron a ambos del establecimiento amenazándonos con escobas. Afuera, antes de que Bura empezara a culparme de todo, la tomé de la mano para jalarla hacia mí y así poderle dar un fuerte abrazo por lo alegre que me ponía verla de nuevo; buen sentimiento que me duró segundos antes de recibir un pisotón de pie seguido de un cabezazo que me metió para alejarme.

“Por favor, no llames a emergencias, no soy malo”, le imploré justo al ver que estuviera abriendo su celular.

“Me metes en problemas, sabes mi nombre a pesar de que no te conozco y me manoseas… ¡¿Cómo no voy a llamar a la policía?!”

“¡Porque ya nos conocemos de antes!”

“Pruébalo”, sentenció ella, bajando su celular para cruzarse de brazos y mirarme fijamente en busca de evidencias.

“Eres muy buena bailando, odias las materias de ciencias básicas y cualquier tipo de insecto, eres pésima en los maratones y amas las Dream Icelet”, no tenía nada que perder con ella, que diferencia sería si me odia en esta realidad así como de la que provengo, y después de todo, esta situación no está como para no hacer lo primero que se atraviese por mi cabeza.

“Pff… cosas que fácilmente pudiste sacar de face”, resopla ella no muy convencida.

“Ok… se te facilita y te gusta manipular a los otros chicos, especialmente a los niños listos dado que te hacen la tarea a grapa y no metes un dedo en las prácticas de laboratorio y aun así sales con 10.”

“Realmente me conoces… o lees mentes o eres un súper-acosador… tal vez ambas”, comenta sorprendida, esbozando una pequeña sonrisa. “¿Realmente nos hemos conocido antes?”

“Tal vez. La verdad es un tanto más complicada”, ella vuelve a cruzar sus brazos por lo que digo, así que vuelvo a intentar recuperar su confianza. “Mi nombre es Taiyou Kagami, tú eres Sakurano Bura. Créeme o no, fuimos novios en una vida pasada.”

“Ok… ¿cuál me decías era la razón para no llamar a la policía?”

“Es broma, es broma, mujer.”

“Ajá… ¿puedo saber por qué me abrazaste?”, pregunta interesada, aún sin pillarse de mí, pero que ya no intentara golpearme y llamar a la policía era una victoria mía. “Espera… creo que ya te recuerdo… ¿no eres el primo de Ruka?”

“¿Eh?... sí, exactamente ese”, digo ahora yo confundido.

“Con razón… y tú asustándome de porque conocías mucho de mí… entonces fue ella quién te dijo todo, lo que en realidad me alivia como me deja interesada por saber por qué te lo dijo… ¿no me digas que te gusto?”

“Ya quisieras, mujer, no cometo el mismo error dos veces…”

“¿Perdona?”

“Nada, pensé en voz alta”, respondí muy divertido por dentro en lo que ella me golpeaba suavemente el hombro. Hace tanto que no hablaba de esa manera con Bura, aún después de cortar nuestra relación, intentamos por un tiempo en ser de vuelta los mejores amigos… sin embargo, nuestro lazo nunca volvió a ser el mismo; ya no puedo bromear mucho de esta forma con ella, lo cual me deja un tanto melancólico.

“Y dime, ¿qué haces fuera, sin las cadenas de tu dueña?”

“Ja ja… me matas por esa broma”, le contesté molesto en juego por su mala broma. “Para ser sincero, me fugué de casa… así que te agradecería que si te encuentras con ella, no delates que me viste pasar por aquí.”

“De una forma u otra, te va a encontrar, Ruka te va a encontrar si se preocupa por ti… que oye, fue a buscarme a mitad de la madrugada cuando mi antigua casa se incendió solamente para ver cómo me encontraba aunque las noticias dijeran que estuviera bien”, me comenta ella, esbozando una gran sonrisa al recordar esas memorias que muy vagamente puedo recordar. Estoy seguro que esos recuerdos no son de mi realidad original, son iguales a como pasó con Shidou… no son de mi realidad, pero al parecer sí son míos en este mundo.

“Por cierto… ¿te puedo preguntar algo personal de ella?”, se acerca Bura lo más cerca que puede a mi oído. “ ¿Tú sabes algo sobre un hombre que se ha estado viendo mucho con tu prima?”

“¿Qué?”, cuestiono sorprendido.

“Últimamente he escuchado rumores de que ella se ve cada cierto tiempo con un hombre guapo y claramente mayor… uno que dicen, extrañamente tiene el cabello azul… aunque a lo mejor exageraban y eras tú con peluca.”

“Puede ser nuestro primo Yudai je je… estoy seguro de que perdió una apuesta con ella y le obligó a ponerse esa peluca.”

“¿Verdad? Yo sabía perfectamente que mi Ruka no era de las que les gustaban mayorcitos”, comenta muy aliviada, aceptando mi respuesta. Observa rápidamente su celular y me da una pequeña sonrisa avergonzada en cuanto baja el móvil. “Perdona Taiyou… se me hace tarde para la cena, fue un placer platicar contigo, espero y podamos hacerlo más en el futuro.”

“Igualmente, eso espero Bura”

Despidiéndose de mí, esa animada chica se aleja de mi posición dejándome ver por unos segundos más su espalda con la punta de sus cabellos danzando de izquierda a derecha por los movimientos de su cuerpo.
“Qué curioso encuentro”, es lo que puedo decir con un sabor agridulce atorado en mi boca al verla marchándose una vez más, lejos de mí.

Nuevas preguntas me han surgido en estas horas:
¿Por qué he retrocedido en el tiempo?
¿Qué hace Bura en esta ciudad?
¿Quién es el hombre de cabello azul al que Ruka regularmente ve? Del cual estoy seguro, no es ninguno de mis conocidos de esta o mi realidad original.

Las respuestas podrían venir rápido, en cuanto me doy cuenta que desde la otra calle hay una persona que me ha estado observando desde hace unos minutos, esperando a que me desocupara de con Bura.

“Quiero una explicación”, me dice un extraño pero bien parecido hombre de cabello corto de un peculiar color azul en cuanto cruza la calle para verme cara a cara. Sin duda, se trata de aquél quién Bura mencionó… pero dejando a un lado su peculiar cabello, eran los ojos rojos que tenía lo que más me llamaban la atención.

Diría que sólo son su cabello y los ojos los que parecen inhumanos, pero su mera presencia me hace dudar si confrontarlo es realmente una buena idea. Sé que no debo dudar dada mi situación, pero muy por dentro no quiero escuchar lo que me tiene que decir…

¿De dónde nace este temor y por qué esos ojos color sangre me hacen pensar sólo en la muerte?