Han pasado varios
minutos desde que aquél hombre alto de cabello azul me exigiera una explicación
y que extrañamente me pidió que lo siguiera a un destino desconocido para mí. No
tuve la obligación de hacerle caso, pero aun así obedientemente le seguí el
juego con una confianza ciega que realmente me sorprende de dónde es que sale.
El miedo que me dominaba no hace mucho que desapareció,
sus innaturales ojos rojos ya no me molestan tanto más que por la curiosidad de
saber por qué los tiene así; ¿será esto efecto de mi cambio de realidad? Algo
me dice que no muy dentro de mí.
Nos paramos hasta llegar a puente que va de calle en
calle dónde había poca gente subiendo a este, imagino ahí él quería sostener
una conversación más personal en cuanto apoyó su espalda contra la barandilla y
me miró a los ojos, cruzando sus brazos de una forma brusca.
“¿Qué haces aquí?”, comienza el interrogatorio con una
muy mala expresión. Esa pregunta en particular es la que yo mismo me he hecho
desde que desperté en aquella casa, por lo que sé que dudara de mi respuesta al
intentarle decir que no tengo idea. “Ya veo… así que ni siquiera sabes tú como
llegaste.”
“Espera…”, le dije sorprendido. “¿A que vienen esas
palabras?”
“Oh… entonces mi hipótesis de que no sabes quién soy es
correcta. Así que tampoco sabrás que puedo leer tu mente.”
¿Está hablando en serio? Cuesta creérmelo viniendo de un
total desconocido.
“Me consideras un desconocido, pero ya nos hemos conocido
antes… no en esta realidad, ni de esta forma”, responde una vez más sin darme
tiempo a formular una respuesta, tal vez… sí leyéndome la mente. “Gracias por
confiar en mi habilidad.”
“Yo nunca dije que te creía.”
“Pero lo pensaste, ¿no?”, respondió esbozando una pequeña
sonrisa victoriosa.
“¿Qué es lo que quieres de mí? Y de una vez, ¿Cuál es tu
relación con mi prima?”, finalmente pregunté.
“Te lo podría decir… solamente necesitaría que fueras más
abierto de mente, porque te explotaría la cabeza con lo que te tengo que decir”,
comenta en un estado de burla, pero al ver mi rostro de seriedad, adoptó la
misma postura. “Estás consciente de que este mundo, este tiempo, no es como
donde provienes.”
“Dímelo tú. Despierto en la casa de mi prima con sus
padres vivos y los míos muertos, me doy cuenta que mi cuerpo es como solía ser
en la secundaria y me encuentro en la calle a mi exnovia en esta colonia a
kilómetros de la ciudad donde nos conocimos, y por si no fuera poco, varios
recuerdos se entremezclan con los de mi realidad… créeme, ya he visto demasiada
mierda hoy, puedo aguantar mucha más.”
Sin preocuparse por mi exaltación, ese sujeto empezó a
reírse sonoramente por lo que había dicho y como lo había hecho. Tardó unos
cuantos segundos para volver a tomar compostura y seguir con la que yo suponía,
debía ser una plática seria e importante.
“Es exactamente como dices. No perteneces a este mundo,
eres un invasor de otra realidad que por azares del destino, tu alma y
recuerdos terminaron en tu ‘yo’ de esta realidad; ahora mismo tus memorias
están en conflicto para ver cuál de los dos ‘Taiyou’ es el que debe existir.”
Tal vez bromeé con decir que podría entrarme cualquier
mierda a la cabeza… solamente pude entender la idea general de mi problema: o
regresaba a mi realidad, o estoy jodido.
“¿Cómo puedo volver a mi mundo?”, pregunto con esperanzas
de que él sea mi salvación, sin embargo, al ver que la expresión de su rostro
no cambia, algo malo está por decirme.
“No hay manera de que lo sepa yo.”
“Vamos… puedes leer mi mente, ¿por qué no buscas algo en
mis recuerdos, algún momento en que la haya arruinado haciendo algo?”
“Solamente puedo leer los pensamientos externos Taiyou,
mi habilidad no me permite acceder a tus memorias o pensamientos más profundos
aunque lo quisiera… y dado que ni tú sabes cómo llegaste aquí, puedo asegurarte
a que fue algo de tu subconsciente.”
“A todo esto… ¿Qué eres tú?”, pregunto curioso,
observando directamente a los ojos a ese hombre del cual seguía sin fiarme.
“Yo soy la Muerte, mi estadía aquí se debe a que tu prima
tiene cuentas pendientes conmigo… tal como tú lo tuviste una vez, en otra
realidad”, contestó esbozando una pequeña y maliciosa sonrisa. “Si aún dudas de
mí, te puedo decir cada uno de los nombres de las personas que has conocido en
tu vida y en otras, puedo decirte cada una de las que crees son pesadillas que
te atormentan regularmente cuando duermes. Memorias de vidas pasadas, tal como
los recuerdos que se mezclan actualmente en tu mente, combatiendo lo que es
realidad y no… y si en realidad, eres quién dices ser.”
“¡Cállate!”, hice parar su parloteo tomándolo del cuello
de su chaleco oscuro.
Mi cabeza había empezado a doler de vuelta, ahora con más
intensidad; imágenes cruzaban mi cabeza, imágenes que sé no pertenecen a mi
mundo pero que los siento tan reales. Recuerdo el miedo de ser perseguido por
un extraño ser, recuerdo la tristeza de perder a una amiga y a mi familia;
recuerdo voces de personas que no reconozco, la gran mayoría de ellos como el
que dice ser la muerte, todos ellos con fríos y malévolos ojos rojos
expectantes a cada momento de mi vida.
“¡Aaaaaaaaaahhh!”, empecé a gritar de la desesperación
que me obligó a soltar a aquél hombre y enseguida coloque mis manos sobre mi
cabeza en un intento de calmar el tremendo dolor.
He hecho mal, lo sé perfectamente… pero no tengo idea
porque, y realmente me pregunto si en realidad quiero saberlo. ¿Qué pasaría si
mi vida y mi mundo es una mentira? ¿Cuál es entonces la verdad? ¿Qué soy yo y
por qué tengo que seguir sufriendo?
Quiero otra oportunidad, una más para hacer lo correcto…
“Por favor… no desees algo como eso, no otra vez.”
Mi cuerpo se siente presionado por encima en lo que una
agradable calidez empieza abrigarme lentamente. Siento unos brazos rodeándome,
y el peso de una cabeza reposando en mi espalda; este abrazo lo he sentido
antes, no puedo decir cuándo o dónde, pero sé que lo he sentido una vez.
Diría que se trata del hombre con el que me encontraba
hablando, pero no era así dado quién hablaba, se trataba sin duda alguna de una
mujer.
“Realmente me gustaría poderte ayudar Taiyou, pero no
tengo el poder, y dudo que él también tenga jurisdicción de tu caso”, me dice
suavemente esa persona, susurrando en un tono de tristeza.
“¿Qué hago entonces?... ¿Me quedaré aquí por siempre?”
“Solamente tú sabes cómo volver a tu mundo, y hasta que
descubras el motivo por el que tu consciencia se trasladó aquí, tendrás que
soportar el tormento de tus memorias. Lo que puedo hacer por ti ahora, es
hacerte descansar y olvidar que me viste aquí; te ayudará a mantener cerrado
ese candado tuyo que fue puesto en ti una vez, así como también ayudará a Ruka
quién es el centro de atención de este mundo.”
“¿Qué es lo que hizo mi prima?”
“Pedir una segunda oportunidad.”
Esas fueron las últimas palabras que escuché de ella… o
que al menos pienso así fueron, porque mi mente empezó a tornarse borrosa en
cuanto sentí como despegaba su cuerpo del mío. El dolor que me agobiaba
desapareció lentamente, así como cada uno de mis sentidos en cuanto observé la
figura de una hermosa mujer de cabello largo de un curioso azul, cuya sonrisa
aunque parecía triste, lograba apaciguarme por dentro.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Abro los ojos y veo como la noche domina el cielo con sólo unos pequeños puntos blancos adornando aquél mar de oscuridad; lentamente los faroles de la calle empiezan a alumbrar el terreno y uno de ellos me deja temporalmente cegado cuando el
poste encima de mí se prende de repente.
Ya no estaba en el último lugar que recordaba, peor aún,
mi última memoria era de día, ¿Cómo se me había pasado toda una tarde en un
abrir y cerrar de ojos? Aunque pensando
rmejor… ¿Qué otra cosa extraña podría pasar? Es suerte que todavía siga
conservando mi mismo género.
Dejé de lado mis dudas sobre mi amnesia temporal, y
decidí echar un ojo al sitio que me rodeaba; no evite soltar una pequeña
sonrisa al ver que este posiblemente era el mejor sitio al que podría llegar:
un parque. Fuera como fuera que llegué aquí, fue una muy buena elección, más
ahora, que el clima está tan fresco en sitios como este.
“Em… ¿buenas noches?”, una repentina voz me sacó de
pensamientos, por lo que instintivamente voltee hacia dónde se generó la
pregunta. No me había dado cuenta que alguien más estaba sentado en la misma
banca, así que mi impresión también logró sorprender a esa chica quién me
observaba en espera de algo.
“Oh sí… buenas noches, perdona por asustarte”, respondí
al instante, formando una pequeña sonrisa para generarle confianza. Al parecer
lo logré, dado que se vio más calmada e igualmente sonrió.
“¿Se encuentra bien?”, pregunto esa joven que parecía de
mi misma edad, curiosamente muy parecida a Bura físicamente, pero con un tono
de voz más gentil y femenino. Me sorprendí que su preocupación fuera real, se
podía ver claramente en sus ojos; muchas veces dicen que los ojos son las ventanas
del alma, pues los de ella parecía que no tuvieran vidrio siquiera,
permitiéndome ver claramente su esencia… algo bastante curioso.
“Sí, me encuentro bien, gracias por preguntar”, le
respondí en confianza aunque ella parecía no creerme por la mirada seria que me
puso. “¿Pasa algo?”, su semblante repentinamente cambió por mi cuestión a una
sorprendida.
“Perdona… no quería molestarte… sé que sonará raro, ¿pero
no nos conocemos de antes?“, dijo curiosa sin parar de mirarme fijamente.
“Lo siento, me debes de estar confundiendo.”
“No pienso que sea así, tal vez nos conocimos en otra
vida.”
Ladee mi cabeza en sorpresa por sus palabras, acción que
la hizo reír inocentemente. ¿Será que ella está en mi mismo problema?
“Es broma”, al final era eso, aunque ciertamente me hizo
soltar un suspiro no de alivio, pero de decepción de que fuera el único
embotellado en este problemón.
Entre ambos se formó un repentino silencio, aunque no es
que realmente tuviera algo que decirle, somos perfectos desconocidos, aún si
intentara acercárseme, realmente no podría darle buen material para sostener
otra conversación. Y tal vez, era mejor así.
“Te pareces mucho a una amiga”, soltó de repente,
llamando de vuelta mi atención.
“¿Por qué?”
“Ella también suele perderse fácilmente en pensamientos
como tú hace un momento. Esté acompañada por un conocido, un desconocido o incluso
sola, siempre suele apagar sus sentidos para enfocarse en el mundo dentro de su
mente, como si ahí se encontraran todas las respuestas a sus dudas o
problemas”, comentó aunque en voz baja, pero con un destacable tono animado,
sonriendo en todo momento al recordar la imagen de su amiga.
“Bueno, tal vez ella como a mí, se nos da mejor pensar,
nuestro fuerte es la curiosidad, siempre buscamos razones o respuestas que
puedan resolver todo aquello que se nos pone enfrente.”
“Ciertamente no hay problema en eso. Lo malo es que
olvidan que poseen un sistema límbico que se encuentra en el mismo sitio que su
cerebro. No hay una razón de ser o una respuesta lógica para todo porque así es
la vida misma: un misterio… si buscas eternamente la quinta pata al gato, vas a
terminar perdiendo la atención de algunas cosas importantes.”
“Me gusta tu forma de pensar”, le respondí feliz.
Esperaba que ella se avergonzara un poco por lo que había dicho o actuara
modesta tal como haría Ruka o Bura, sin embargo, lo que recibí fue una pequeña
pero cálida sonrisa por parte de ella. “¿Puedo saber tu nombre?”
“Me llamo Nanara Hideyoshi”, contestó, acercándome su
delgada y blanca mano. Dudé un segundo, ¿realmente era lo correcto sentirme
alegre por esto? Yo no soy de este mundo, estas acciones que he hecho, podrían
perjudicar al legítimo “yo” de esta realidad, sin contar que me estaba dando
falsas esperanzas de una buena vida aquí.
“Yo… soy Taiyou Kagami, un gusto en conocerte”, al final
sucumbí y estrujé la mano de Nanara.
Su mano era cálida y su agarre fuerte, pero me daba la
impresión de que su fuerza se debilitaba y empezaba a temblar un poco, tanto
que sentía que si seguía con el agarre, terminaría fracturándole sus delgados
huesos.
Estar cerca de ella ciertamente me lastima por dentro,
pero siento que me lastimaría más dejarla dado que su debilidad y gentileza, me
hacen sentir un inexplicable impulso de cuidarla.
“¿Puedo quedarme más tiempo contigo?”, ella al fin se
avergonzó por mis palabras, sin embargo, se recobró poco después y me dio un
asentimiento mientras empezaba un nuevo tema de conversación por el que
pasaríamos horas hablando sin preocupaciones.
Fue extraño, pero por un momento, sentí como si estuviera
reviviendo un viejo sueño que creía haber dejado en las profundidades de mi
psique, un sueño muy agradable que me gustaría repetir muchas y muchas veces
más.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Se dio la mañana del día siguiente. Mis piernas temblaban
y mi mente empezaba a decirme que sería mala idea regresar al punto de partida,
pero mi corazón me decía que si quería respuestas no habría más que buscarlas
dónde todo este caos empezó: la casa de mis abuelos.
Diferente a la distancia entre ese sitio y mi casa, desde
la ciudad de Ruka bastaba tomar un tren y en unas cuantas horas, estaría cerca
del bosque que rodea la casa de mis abuelos.
Sin demorar mucho puse esa iniciativa en marcha con una
fé ciega a que estuviera haciendo lo correcto.
Tras tomar el tren y bajarme en la estación más cercana a
mi destino, ahora me encuentro caminando solo por el camino formado por el paso
continuo de los coches hacia aquél punto; me falta poco para llegar, pero no
puedo evitar ponerme nervioso por los cambios que seguramente encontraré en
esta realidad.
Continué avanzando por unos minutos hasta por fin
alcanzar a ver a la distancia la casa elegante de dos pisos de madera, ya era
bastante ganancia que la apariencia no había sufrido alguna alteración, pero lo
que más llamaba mi atención era que en el patio se podía ver perfectamente un
vehículo, y si no me equivocaba, era el mismo modelo que el del Yudai de mi
realidad.
¿Qué haría una vez llegase a la casa? No sabía, pero era
mejor idea que pasarme todo el tiempo paseando en una ciudad desconocida. Caminé
hasta la entrada del hogar, y normalmente, esta no tenía el seguro puesto por
lo que entré sin hacer ruido; mi sorpresa fue que tan pronto caminé hacia
dentro, sentí como mi cuerpo retrocedía bruscamente por la fuerza de un impacto
en el rostro, por lo que me di a chocar contra la pared más cercana.
Mi nariz dolía bastante y sentía que algo se escapaba de
ella, así que revisando con mi mano, me di cuenta como esta se manchaba un poco
de rojo carmesí. Estaba enojado y quería devolver el golpe a quién fuera que me
había dado un puñetazo sorpresa, pero me encontraba más que nada aturdido,
tanto por el golpe, por el cansancio de caminar todo este recorrido a la casa,
por descansar poco en la noche y no haber comido lo suficiente. Ciertamente no
estaba para nada en forma, y fuera lo que fuera la amenaza, me tenía frente
suyo completamente indefenso.
Escuché pasos acercándose y giré un poco mi cabeza para
al menos ver el rostro de quién me había dado tan amigable bienvenida; tan
pronto lo hice, mi cabeza volvió a su lugar, esta vez por una fuerte cachetada
que resonó por toda la silenciosa casa.
“Odio que hagas estas estupideces, ¡realmente las odio!”,
me gritaba aquella persona en tono furioso, volviéndome a cachetear pero ahora
en la mejilla contraria. “¡¿Por qué siempre tienes que ser así si me tienes a
tu lado?!”
“Lo siento, Ruka. Realmente lo siento”, le digo a mi
prima, quién al escucharme por fin para de lastimarse y coloca sus brazos
alrededor de mi cuello para pegar su cuerpo al mío en un cálido abrazo.
Está dolida, ¿y cómo no después de huir de su casa por
todo un día y de haberle dicho que sus padres son los que deberían de estar
muertos en lugar de los míos?
Tiene todo el derecho de estar enfadada, y aunque ella no
comprenda la situación en la que me encuentro, no es excusa suficiente para
justificar el que ella esté llorando ahora. Me siento demasiado mal por lo que
he hecho a pesar de mi situación, son muy pocas las veces que he visto a Ruka
llorar frente a alguien, por lo general siempre se contiene o lo guarda para
cuando está sola, es demasiado terca y orgullosa como para dejar ver su lado
débil incluso ante su familia; por eso verla de esta forma, aunque se trate de
otra realidad, me está lastimando muy por dentro, pero aunque quiera
consolarla… no soy yo quién debería hacerlo, no pertenezco aquí.
No soy Risoutekina. Soy Taiyou Kagami.
Eventualmente, mi cuerpo agotado por fin pide un
descanso, por lo que despacio cierro mis ojos mientras deseo que cuando los
abra de vuelta, las cosas no se hayan puesto peor de lo que ya están.