domingo, 7 de diciembre de 2014

"¿MPDOO?: Memorias de una vida pasada" Parte 4/6



Han pasado dos semanas desde que empezó la rutina de entrenamiento de mi prima para el ya próximo evento deportivo que está por celebrarse en mi secundaria: la MCAE.
En un principio debo de admitir que este cambio de tono en mi vida diaria fue bueno: he podido mejorar mi resistencia física, salir más seguido de mi casa y también ver a Ruka muy emocionada por el evento, tanto que olvidó su capricho de nunca más salir a la calle. En todos estos meses que llevo de conocerla, nunca había visto a mi prima tan activa, eso es algo que de comienzo me puso feliz, pero tras pasar los días, las exigencias de Ruka empezaban a cansarme, confiándome a hacer cosas más allá de mis límites con la excusa de que con desearlo puedo hacer de todo, y ciertamente esas palabras cada vez que las menciona, hace que una vena me salga de la frente y me den las ganas de responderle toda mi vida como negación a sus palabras.

Hemos llegado a un domingo, es temprano por lo que todavía sigo tumbado en mi cama, pero totalmente despierto por el cansancio de mis músculos. No falta mucho tiempo para que Ruka llegue a levantarme, pero realmente hoy quiero descansar; nunca pensé que preferiría a la Ruka retraída y floja, no me agotaba tanto estar con ella de esa forma.

Tan pronto pienso en ella, escucho unos pasos dentro de la habitación. No hace falta adivinar de quién se trata.

“Vamos, Taiyou… levántate para seguir entrenando juntos jeje ya tengo unos planes para mejorar tu rendimiento, me los vi en una película de Karate Kid así que…”

“No quiero…”, le respondo enseguida sin siquiera voltearla a ver a su rostro. Tan así de cansado estoy.

“¿Perdona?... no te hagas, si te gusta que te entrene, ¿no? Aparte, sino tienes la voluntad de levantarte siquiera de tu cama, ¿cómo piensas alcanzar tus metas? No van a llegar por sí solas.”

No lo dijo en serio, sé perfectamente que no lo dijo con ánimos de ofender, ni siquiera sabe que eso me podría ofender, fue un simple comentario de ánimo… pero tan pronto escuché esas palabras, no pude evitar ponerme furioso de golpe.

“¡¡¡Por Dios, Haruka!!!... ya estoy cansado de esto, ¡¡déjame descansar!!”

“¡¡No te voy a dejar, tienes que esforzarte por la familia, ¿no ves que te hemos apoyado en mucho?!!”, me regañaba ella, subiendo un poco su tono de voz, lo cual me cayó peor.

“Sí, ¡¡pero de principio yo no quería concursar!! Y es más… ¡¡¿Cómo demonios piensas que pueda con algo en lo que me es imposible y llevar a cuestas las esperanzas de la familia con el pensamiento de que si pierdo, los defraudaré?!!... ¡¡¡¿Cómo fregados lo vas a saber si no sales de tu cuarto, ni hasta de tu casa, más que para molestarme?!!! ¡¡Lárgate Ruka, ya suficiente paciencia te tuve y te agradezco los esfuerzos pero te agradecería más sino me muestras tu cara en estos días… No quiero que me riñe una persona que ni siquiera estudia o tiene algún deber familiar o escolar!! ¡¿Quieres que me esfuerce? Hazlo tú primero, que al cabo con ‘desearlo’ puedes hacerlo todo, ¿no? Ya te quiero ver deseando recuperar a tu familia para que te largues de aquí, pero eso es imposible, están muertos!”

Mi coraje había salido, esos gritos llenos de furia dejaron que mi cuerpo se encontrara una vez más vacío… el cansancio se fue, mi ira y nerviosismo también, pero se ocupó rápidamente por el arrepentimiento de haberme desahogado de esa forma. Me sentía culpable… y lo sentí aún más cuando vi que mi hermana estaba fuera de mi cuarto, observándome totalmente asustada justo igual que mi prima en ese momento.

“Perdona que sea una carga… perdona por todo lo que hecho… y más aún, por no ser perfecta como mi primo…”

Su voz apagada me cayó pesada, quería decirle algo, pero las palabras no salían. Sin decir más, esa chica me miró con enojo sin esconder las lágrimas que corrían por su rostro y se apartó, caminando con paso firme a su cuarto con Ryou siguiéndola detrás.

“Es lo mejor… salimos ganando los dos… ella conoce perfectamente lo que siento por ella y yo ya me siento libre”, solté para mí mismo mientras volvía a cerrar los ojos en un intento de reconciliar el sueño.

Pero nunca más llegó.

 “Ruka… lo lamento mucho… desearía estar muerto por esto.”

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¿Qué había sido eso?... no se trataba de un sueño normal, pero tampoco era una memoria mía y sin embargo, la culpabilidad que tenía en ese momento y el rostro de tristeza de Ruka, se sentían tan reales.
Ahora que me pongo a recordar, esto mismo me había ocurrido los últimos días en mi realidad original, ¿a qué se debe? Tal vez simplemente estoy perdiendo mi sanidad mental, tal vez nada de esto realmente está ocurriendo y solamente es producto de mi imaginación, porque de ser así, agradecería mucho que el día que despierte, me encuentre encerrado en alguna habitación del manicomio para no lastimar a nadie.

“No, cuando despiertes no estarás en un manicomio, pero realmente me haces dudar si debería de mandarte a que te abran el cerebro y ver lo que te está pasando.”

“Tú eres la que me está volviendo loco”, le respondo a mi prima, quién aparece a mi lado al abrir mis párpados.

Estoy en la misma cama que dejé antes de caer en esta realidad, Ruka permanece sentada en una silla a mi lado, cuidándome, más que nada, para que no intente escapar de vuelta. Por su expresión seria y callada, puedo deducir que está esperando a que empiece a explicarle lo sucedido y me gustaría hacerlo si el problema no fuera encontrar una forma convincente de explicárselo.

“Mi familia, Ruka… la impresión de haberlos perdido todavía sigue”, le digo con el tono más serio que puedo en un intento de asemejarme a lo que sentiría mi yo de este mundo.
“Para serte sincero, no recuerdo cuándo o cómo fue que murieron, y tal vez, así es lo mejor.”

“No digas eso”, me regaña. “Tus padres te quisieron mucho, no te dejaron por un simple capricho, así que por favor recuérdalos, se lo merecen.”

Algo de lo que había dicho no me gustó para nada.

“Espera… ¿Qué mi hermana no me quería?”, le pregunto un tanto confundido por no incluir a Ryou en su comentario.

“¿Hermana?... ¿en serio que estás bien, Risou?”, me responde ella más preocupada que antes, acercando su mano a mi frente para tomarme la temperatura mientras no hago más que quedarme en silencio por tal revelación.

“Nunca existió Ryou, ¿eh?”, me digo para mí mismo, más abatido por saberlo que si hubiera fallecido.

Al parecer venir aquí no me dio ni una pista de cómo volver y eso que es el único lugar al que se me ocurrió acudir. ¿Este es el mundo en el que viviré ahora? Porque de ser así, me conformaría con sólo saber por qué todo está de esta forma… mas no creo que alguien realmente vaya a contestarme así de fácil.

“Risou, volvamos a casa para que descanses bien. Mis padres están realmente preocupados.”

“Ruka… por favor dime por el apellido… es la única cosa que tengo en común en esta realidad”, ella intentó acercárseme una vez más, pero la detuve poniendo mis manos en sus hombros. “Por favor… estoy algo confundido y agotado… ¿podrías dejarme a solas hasta la tarde? Quiero asimilar un poco las cosas, por favor.”

Ella decide confiar en mí y respeta mi petición por salir de la habitación.
Golpeo la cama para descargar mi furia, me gustaría gritar pero al no poder le meto más fuerzas a cada puñetazo contra el colchón.

“¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué demonios tengo que hacer?”                       

El tiempo pasa pero la respuesta nunca llega. Realmente es frustrante no saber ni poder hacer algo al respecto para encontrar el motivo tras mi cambio de realidad.

Pasó una hora hasta que pude reestablecer mi calma, hasta ese entonces no se me había ocurrido pensar que era extraño que la casa del abuelo estuviera tan callada. Mi cuerpo es de 15 años, son 3 años antes de dónde vengo y por lo cual, nuestro abuelo seguiría con vida; eso sin agregar que esta mañana vi el carro de Yudai estacionado en la entrada, ¿por qué ni uno de ellos ha venido a verme?

Me levanté de la cama y salí de la habitación para investigar. Bajé al primer piso pensando que tal vez todos se encontrarían en la sala de estar o la cocina, como tuve que atravesar el pasillo de las fotos familiares, pude notar unas de mi familia, y ciertamente, dónde originalmente salía Ryou ahora no había nada más que un resaltable vacío entre mis padres y yo. Si llego a salir de aquí, saldré todo un día con Ryou a cumplirle todos sus caprichos.

“Vaya, que bien que estés mejor”, reconozco fácilmente la voz de la persona que parece aliviada de verme despierto. En cuánto le volteo a ver, esboza una ligera sonrisa mientras se me acerca y me empieza a revolver el cabello. “Me alegra ver que mi nieto ya haya crecido tanto.”

“Es bueno verte de vuelta, abuelo”, le respondo demasiado feliz dándole un abrazo, aquél que nunca pude darle en mi realidad antes de despedirnos.

Como siempre, él me invito a ir a la cocina a comer algo de lo que tenía en su refrigerador y claramente no me pude negar al estar en ayunas desde el día anterior. Ya ahí me topé con los rostros de mis dos primos, quiénes me dieron las buenas tardes y se acercaron a mí para preguntar sobre mi estado.

“Oye Yudai… ¿todavía no haces los exámenes para la universidad, verdad?”

“No… estoy a punto, pero todavía tengo tiempo”, me responde él feliz y tranquilo, tal vez demasiado tranquilo.

“Deberías estudiar de una vez… no es que no confíe en tus habilidades, pero conocí a alguien mayor que tú que por confiarse, terminó trabajando  todo el año en una tienda de ropa.”

“Tal vez debería de repasar un poco… pero bueno, eso será después de que todo aquí esté resuelto.”

“¡Yudai! Lo dices como si Risos realmente estuviera enfermo”, le reclama Ruka bastante molesta, pegándole seguidamente en su hombro mientras nuestro primo se carcajea avergonzado.

En mi cabeza me viene una imagen diferente, siendo Yudai quién la fastidiaba y ella conteniéndose a pesar de la burla… no sé si debería de llamar a esto “detalles”, pero realmente se notaba que todo a mi alrededor era diferente… más no era algo malo, siempre quise ver a una Ruka más abierta y sincera, eso sin decir que he conocido a personas interesantes, quitando a ese tipo Shidou que parece interesado en mi prima.

“Oigan… ¿van a seguir ignorándome? Para dejarlos pelear en paz.”

“¡Es su culpa! Nunca puede limitar sus comentarios.”

“Ok ok… para arreglarnos, ¿qué tal si los llevo a comer algo? Yo pago”, dice Yudai, ganándonos al instante. “Vayan al auto, en un momento voy con ustedes. ¿No vas con nosotros también, abuelo?”

“Está bien, hace mucho que no salgo con la familia”, responde el adulto amablemente mientras se pone a nuestro lado.

Llegamos al vehículo y poco después Yudai nos alcanzó con llaves en mano, pregunté a dónde iríamos y él mencionó que a un restaurante que había abierto no hace mucho, el nombre del restaurante, “El centinela de la carretera”, hizo que Ruka empezara a babear mientras ella me comentaba sobre el menú que servía.
No tardamos mucho en llegar a ese pequeño restaurante, dónde lo más curioso era que los dueños del sitio eran bastante jóvenes, como por la edad de Yudai, y por si no fuera todo, aparte de ser gemelos tenían el cabello de un llamativo tono rojizo. Yudai y Ruka les saludaron amistosamente mientras los gemelos les devolvieron el gesto con alegría, uno de ellos me saludó, así que por cortesía se lo devolví a pesar de no conocerlo… o más bien, que Risoutekina conoce pero Taiyou no.

Comimos muy a gusto ahí, de vez en cuando uno de los gemelos venía para platicar con Ruka, pero eran minutos en lo que volvía a la cocina o atendía a los demás clientes. Mi curiosidad de saber la identidad de esos jóvenes fue notada por Yudai, quién me contó que eran amigos de nuestra prima que la ayudaron una vez en el pasado.

“No te preocupes, a Ruka no le gustan los mayores, siempre ha preferido a…”, quiso terminar Yudai, pero pronto fue silenciado por la mencionada, quién ruborizada selló su boca, introduciéndole un gran pedazo filete de res que casi se le atora en su garganta.
Mi abuelo no hizo más que reír ante el acto de esos dos, mientras yo tampoco podía evitar soltar una risilla.

Regresando a la casa, Yudai me presumió sus nuevos juegos de video que había traído de su casa para que nos divirtiéramos los tres, cosa de la cual aún aquí, los ojos de Ruka brillaban cuando llegaron las palabras “videojuegos” y “competencia” a sus oídos.
Sorprendentemente a pesar de sus ánimos, Yudai y yo logramos ganarle gran mayoría de las veces, con lo cual esperaba que ella nos golpeara molesta, pero en cambio, parecía tolerar la derrota y con bastante ánimos pedía la revancha.

“Niños, vayan a dormir que mañana temprano daremos un paseo por el cerro”, nos avisó el abuelo a punto de las 10 de la noche.

“Tiene razón, conociéndolo nos irá a levantar a las 5 de la mañana y si no duermo ahora, me pesará levantarme mañana”, comenta Ruka bastante cansada bostezando para el final.

Todos asintiendo, nos movimos cada uno a sus respectivas habitaciones; Yudai fue el primero en despedirse, dejándome a solas con Ruka por un momento quién se paró frente a la puerta de mi habitación impidiéndome entrar.

“No quiero que escapes”, comenta ella, cruzada de brazos. Sin darle una respuesta en palabras, la tomé de los hombros para acercarla más a mí para poder darle un abrazo que ella recibió de buena manera.

“Que descanses Haruka”

“¿Perdona?”

 “Lo siento… Ruka, que descanses”

Con una leve sonrisa en nuestros rostros nos despedimos, y así tan pronto entré al cuarto, me tiré encima de la cama para al fin descansar como se debía. Sin hacerme preguntas de más. Sin confundir un evento con otro. Simplemente con la mente en blanco.

Ahora que estoy quieto, empiezo a pensar que tal vez no es tan malo estar aquí.