Estoy harto de la habitación en la que me encuentro. No
puedo dar un motivo por el cual pensar esto, pero es el primer pensamiento que
me llega tras despertar cada día.
Volteo hacia los lados y no veo más que los muebles junto
a mi cama, las paredes pintadas de un color verde oscuro y las cortinas de
flores que cubren una pequeña ventana. Sólo una cosa resalta aquí, y es un
pequeño marco de fotografía posado en uno de los muebles; mis padres, Ryou y yo
aparecemos en ella, si mi memoria no me miente, es la foto que nos hicimos en
la graduación de la escuela primaria, un recuerdo que cada vez que lo veo me
produce una cálida sensación por dentro… pero hoy ciertamente es un escalofrío
el que me recorre la espalda al percatarme de una pequeña verdad.
Yo nunca traje conmigo esa foto, siempre ha permanecido
en mi casa dentro de mi cuarto. ¿Qué está haciendo aquí?
Me levanté lentamente de la cama, intencionalmente toqué
el frío suelo con mis pies desnudos para confirmar si se trataba de un sueño;
pero el sentimiento incomodo que recibí a cambio, me dejaba más que claro que
esta era la realidad.
Esta no es ninguna habitación de la casa del abuelo, las
paredes son de cemento y ladrillo en lugar de madera, sin mencionar que esta sí
tiene cortinas y la posición de los muebles ha cambiado.
Caminé hasta la puerta, esperé unos momentos cerca,
queriendo escuchar algún ruido del otro lado que resultara peligroso… pero
mientras más esperaba, más mis ansias de saber la verdad salían a flote y me
pedían que me moviera. Toqué la perilla y otro escalofrío recorrió mi columna,
paralizándome unos cuantos segundos en lo que volvía a reaccionar para abrir la
puerta. No tenía duda de que nada bueno me esperaba del otro lado.
Una sala sencilla es lo que se encuentra detrás de la
puerta: dos sillones, un mueble con su televisor y una mesita perfectamente
acomodada en una pequeña sala de paredes verde pistache. A mi lado se
encuentran dos puertas cerradas y al otro extremo otra entrecerrada que deja
ver parte de la porcelana del baño; en las paredes hay cuadros con fotografías
de los dueños del lugar, y para mi sorpresa, puedo identificar a las tres
personas que salen en gran parte de ellas… una era Ruka, con su estilo de
cabello largo y de anteojos que incluso por las fotos, se veía que ella los
empezó a usar desde muy temprana edad a pesar de nunca habérselos visto yo
antes.
Lo malo viene con los rostros de las personas que faltan,
dos adultos, uno que me recuerda mucho a mi madre, ¿y por qué no debería?
Después de todo, se trata de su hermano mayor, quién falleció junto a su esposa
en un incendio… o eso se suponía, dado que aún mi prima con la edad de 15 años
en las fotografías, aún conservaba a sus padres.
Decidí asomarme de reojo por una de las habitaciones,
cuidadosamente no haciendo ruido al girar la perilla. En la primera me encontré
con el cuarto de los padres de Ruka con ambos dormidos tranquilamente en su
cama; me acerqué lentamente a la cama, a una distancia suficiente para verles
el rostro, y efectivamente se trataban de ellos, pero no sólo eso, también en
una mesita de noche podía ver el brillante y bello collar morado que se suponía
Ruka debía de tener.
Salí con cuidado y en la siguiente habitación sentí un pequeño
empujón en la puerta, como si una fuerza se hubiera opuesto, pero tras el
segundo intento de girar la perilla, se abrió sin problemas. El cuarto era
pequeño, demasiado bien recogido para pertenecer a la bella durmiente que aún
seguía en su cama bien cubierta por una sábana; extrañamente, noté como las cortinas
de su ventana se movían, pero fijándome mejor, la ventana estaba abierta y esto
permitía que el viento colado jugueteara con las cortinas.
Cerré la puerta y me recargué en esta para digerir lo que
me rodeaba por unos segundos.
Esta casa de un piso obviamente pertenecía a la familia
de Ruka, la cual podría suponer que es la misma casa donde ella solía vivir
antes del incendio. Dejando a un lado la pregunta obvia, ¿por qué yo y algunas
de mis pertenencias se encuentran aquí?
Una idea pasa rápidamente por mi mente, pero por mi
propio bien, intento cambiar el hilo del tema.
Salgo de la casa. Afuera me encuentro con un paisaje tan
diferente al de la casa de mi abuelo o a la de mi colonia. No hay ni un parque
cerca, el único espacio libre de edificios o establecimientos que puedo ver a
lo largo de la calle, es un lote baldío lleno de basura. Hay varias personas ya
transitando afuera, pero el miedo comienza a invadirme por ver que ni uno de
ellos es conocido para mí.
“Un teléfono…”, murmuro para mí mismo, regresando de
vuelta a la casa en busca de tal dispositivo para confirmar si mis conocidos
siguen teniendo idea de quién soy. Las llamadas a otra ciudad saldrían caras,
pero aunque sonara mal, poco me importaba la situación económica de los
Hashiyama ante mi situación.
El primer número que viene a mi mente es el de Bura, mi
exnovia, intento contactarla tanto en su casa como por su celular, pero por ni
uno de los dos responde.
Después pienso en Sumiya, mi mejor amiga, a estas horas
de la mañana siempre se la pasa pegada a la TV, así que recurro a su teléfono
de hogar… sin embargo el resultado es el mismo.
Marco el número de mi casa, pero antes del tercer pitido
de espera, decidí colgar rápido.
El teléfono comienza a sonar de repente, e
instintivamente levanto la bocina para responder la llamada. No puedo evitar
alegrarme al instante por reconocer a quién le pertenece la voz del saludo.
“¡Shidou… no sabes cuánto me alegra escucharte, hermano!”
“¿Eh? Sí… ¿se encuentra
Ruka?”, pregunta él,
confundido por un motivo, aunque más lo estoy yo por escuchar que busca a mi
prima.
“Ella está aquí… ¿pero desde cuando la buscas? No me
digas que repentinamente te enamoraste de ella”, solté en broma, esperando me
gritara que él siempre amaría a Sumiya… pero se mantuvo en silencio.
“¿Eres el primo de
Ruka, no?... ¿Cómo te enteraste de eso?...”
“¿Perdona?”
“Tú sabes… te pido
lo mantengas en secreto, por favor… ¿cómo supiste que me gusta ella? No me
digas que ella lo sabe y nomás hace como que no”, comenta con un tono
avergonzado a la vez que alegre… el tono con el que normalmente hablaba sobre
cuánto le gustaba antes Bura.
Intentando acceder a mis memorias… me di cuenta sobre una
irregularidad: ¿cómo conocía a este chico tan bien, si era la primera vez en la
que entablábamos una conversación?
Recuerdo su rostro, su voz, su forma de reír, de
enojarse, también que pasamos buenos momentos… pero son memorias más como las
que salen de un sueño, porque en mi realidad, nunca llegué a toparme con él y
por lo que escuchaba en este momento, él tampoco parecía conocerme mucho.
“Perdona…”, le dije antes de poner el teléfono encima del
mueble.
“Risos… ¿Quién era?”, escuché una voz somnolienta desde
mi izquierda, donde una joven salía en pijamas de su habitación mientras se
frotaba los ojos con flojera. “No me digas que fue este Shidou, porque…”
“¡Aléjate de mí! ¡¡ALÉJATE!!”, esa chica de cabello largo
y anteojos abrió bien los ojos por mi respuesta, colocándose en una posición
defensiva mientras intentaba acercárseme lentamente.
“¿Q-qué pasó?... ¿por qué estás tan…?”
“¡¡Desaparece!!”, vociferé, arrancando el teléfono de los
cables para aventarlo en su dirección, impactando fuerte contra la pared y
asustando a mi prima. “No te quiero cerca… cosas malas pasan cuando estoy cerca
de ti… siempre pensé que era yo quién te hacía la vida miserable, ahora veo que
desde un comienzo fuiste tú… ¡me has traicionado!”
Los padres de Haruka se presentaron antes de que ella
pudiera darme una respuesta, normalmente la madre tomó a Ruka por detrás
mientras su padre se acercaba para afrontarme en seguridad de su hija, pero
antes de que cortara la distancia, salí corriendo hacia la puerta para escapar
de todos ellos.
Escuché los gritos confundidos de los tres, pero no me
detendría por tal nivel más bajo que los gritos de mis propios delirios. Corrí
en línea recta sin un rumbo fijo, las casas y edificios a mi alrededor, incluso
el ambiente, eran demasiado diferentes al de mi hogar y lo más seguro es que
por seguir huyendo, terminaría perdiéndome en alguna parte de esta gran colonia.
La verdad… no me molestaba de ser así.
El calor y mi propio cansancio empezaron a volverme
lento, por lo que recurrí a reposar bajo la sombra de un árbol en un pequeño
jardín de una casa. No escuchaba ya los gritos de mis parientes y rezaba porque
siguiera así, necesitaba un buen momento para mí solo, en el cual pudiera
acomodar muy bien mis memorias.
“Perdona pero… mis padres dijeron que nadie puede pisar
el jardín.”
Voltee curioso hacia atrás por escuchar una voz conocida.
Mostrando su rostro desde el otro lado del árbol en el que descansaba, se
encontraba un joven de cabello corto rubio, piel blanca y de unos intrigantes
ojos azules con los cuales no dejaba de verme fijamente. Mi mente me había
engañado de vuelta, él era otro desconocido, aunque podría jurar, su apariencia
la he visto en otra parte.
Especulando a lo mejor que no le había escuchado, él
volvió a repetir las mismas palabras de antes en un tono serio.
“Lo lamento, sólo estaba tomando un respiro”, le
respondí, levantándome del lugar para no seguir molestándolo.
“Estoy encargado de limpiar y cuidar el jardín… así que
si no hago algo al respecto, mi padre me castiga de seguro, perdona por eso”,
continúa la plática ese joven, mostrando una pequeña sonrisa. “¿Te apetece un
vaso de agua? Te entiendo que con este calor busques una sombra… y nada mejor
que la que te otorga un árbol, ¿verdad?”
Tiene razón. En mi hogar, siempre he preferido pasar
estos días de verano debajo de los árboles del parque de la colonia, nada como
el viento fresco que te proporcionan estos y estar reposado en el suave y frío
césped de los jardines.
“Amablemente… acepto el vaso de agua”, le dije en un tono
avergonzado que a él le dio gracia.
“Espérame aquí”, dijo antes de desaparecer dentro de su
casa y volver tras unos segundos con el buen vaso de agua fría que me había
ofrecido.
De un sorbo acabé con todo el líquido, no creía que
realmente estuviera tan sediento como para acabarme el vaso entero y aun
teniendo ganas de un segundo, aunque claro por la misma hospitalidad, no lo
pedí.
“Disculpa si me equivoco… ¿pero no te he visto antes por
estos alrededores?”, me pregunta él interesado… lo cual de principio me deja
con un sabor un tanto extraño, pero al final termino confiando en que va con
buenos motivos.
“No sé cómo decirlo… no soy originario de aquí, pero mi
prima sí, así que a lo mejor ya me ha tocado pasar por aquí.”
“¿No eres de salir mucho?”
“Al menos, aquí no”, respondí sincero, aunque en
realidad, ni en mi propia casa salía mucho a la calle.
Espera… ¿cómo que no salía mucho? ¡Sí salgo con
regularidad! Cada día voy al parque de mi colonia, visito a mis amigos, voy al
centro de la ciudad incluso… por dios, sino saliera, desde un principio no
hubiera decidido en pasar mis vacaciones en casa del abuelo… ¿qué pasa conmigo?
“¿Estás bien?”, me trae de vuelta a la realidad la voz de
ese muchacho, quién ahora también se muestra preocupado por mí. En menos de
media hora, he empezado a odiar tanto esa expresión.
“No te preocupes, son problemas personales.”
“Pues espero que los puedas solucionar pronto. Nunca es
bueno postergarlos, y menos si es con esa prima que dices… yo no tengo ni una
pero sí una hermana, y por no arreglar problemas personales, ya no he podido
hablarle a la cara”, comenta él, llevándose una mano a la nuca y cambiando su
rostro a uno serio como arrepentido por el significado tras sus palabras.
“¿Tienes algún amigo?”
La pregunta me extraña, sin embargo respondo con un bajo
e indeciso “no”.
“Pues entonces tienes uno”, dice casi al instante. “Yo
tampoco tengo amigos. Pero siempre estoy disponible para aquellos quienes
quieran platicar un rato conmigo, y yo con gusto estoy para escuchar. Ahora
mismo estoy en algo importante, pero te aseguro que en unas horas, estoy libre
por si quieres hablar conmigo.”
“Y claro que acepto esa oferta”, le contesto,
extrañamente sintiéndome aliviado por dentro.
“Por cierto, mi nombre es Matsuda.”
“Y el mío es Taiyou. Un gusto en conocerte.”
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Después de despedirme de mi reciente y repentina amistad
con un sujeto que apareció de la nada, empecé a vagar por la misma colonia en
busca de un lugar seguro en el cual pudiera descansar dado que volver a casa de
Ruka estaba descartado.
Mi objetivo primario era buscar un parque en el cual
pudiera esconderme dentro de los arbustos, y pasar la noche durmiendo en el
pasto… gran ventaja es que de noche el calor no paraba, así que estar a la
intemperie era un gran punto a favor de mi idea. Pero lo que aún no encontraba
en cómo hacer, era para resistir el hambre que ahora mi cuerpo estaba
exclamando; aún no he caído lo suficiente como para robar, y dudo mucho que alguien
me contrate sin un formulario de empleo y siendo menor de edad.
¿Menor de edad?... Mi mente me dice que tengo los 18 que
cumplía hace dos meses, pero mi cuerpo se siente diferente, como más
achaparrado…
“No me vengan con esto…”
Corrí hasta el vidrio más cercano en el cuál pudiera
verme, siendo este el de un mostrador de una pequeña nevería, los vendedores me
atendían amablemente a pesar de que ni les ponía atención por estar concentrado
en mi imagen en el reflejo.
Nunca fui alto o gordo o fornido, pero ahora estaba
considerablemente más pequeño y delgado a cómo solía estar en la secundaria…
por dios, ahora apenas me fijaba que aún tenía los cabellos en punta como me
gustaban en esa época. Esto va más allá de un simple cambio de escenario, incluso
el tiempo mismo ha regresado a como era antes; dos fenómenos espacio-tiempo por
el precio de uno.
“Oye, deja de acaparar el mostrador… hay personas que
queremos comprar algo.”
Los demás clientes en el establecimiento empezaron a
quejarse, aunque justamente por el tiempo que les estaba haciendo perder; pero
principalmente una chica enseguida mío, de cabello largo y castaño y unos
brillantes ojos ámbar.
Me quedé un poco anonadado por ella, realmente se parecía
a una buena amiga y exnovia físicamente, aunque mi conocida si estuviera en una
situación como esta, no se hubiera hecho esperar y me tiraría enseguida una…
“¡Auch!”, grité por la patada que me metió por no
escuchar sus quejidos. Normalmente le hubiera reclamado, pero dicha patada bien
colocada en la espinilla disipó mis dudas… realmente se trataba de ella.
“¿Te vas a quitar o no?”, me amenaza, quitándose de
encima a los otros clientes quienes querían pararla.
“Por favor Bura… ¿Qué ni en esta realidad puedes calmarte
un segundo sin causar problemas?”
“¡¿Cómo es que me conoces?!”, pregunta aún más enfadada
por antes, tal vez una muy mala jugada de mi parte. “No me digas que eres uno
de esos que me acosan durante los entrenamientos de volibol… porque apunto mi
patada a otra parte que te dolerá ma…”
Los encargados de la nevería no se hicieron esperar y nos
sacaron a ambos del establecimiento amenazándonos con escobas. Afuera, antes de
que Bura empezara a culparme de todo, la tomé de la mano para jalarla hacia mí
y así poderle dar un fuerte abrazo por lo alegre que me ponía verla de nuevo;
buen sentimiento que me duró segundos antes de recibir un pisotón de pie
seguido de un cabezazo que me metió para alejarme.
“Por favor, no llames a emergencias, no soy malo”, le
imploré justo al ver que estuviera abriendo su celular.
“Me metes en problemas, sabes mi nombre a pesar de que no
te conozco y me manoseas… ¡¿Cómo no voy a llamar a la policía?!”
“¡Porque ya nos conocemos de antes!”
“Pruébalo”, sentenció ella, bajando su celular para
cruzarse de brazos y mirarme fijamente en busca de evidencias.
“Eres muy buena bailando, odias las materias de ciencias
básicas y cualquier tipo de insecto, eres pésima en los maratones y amas las
Dream Icelet”, no tenía nada que perder con ella, que diferencia sería si me
odia en esta realidad así como de la que provengo, y después de todo, esta
situación no está como para no hacer lo primero que se atraviese por mi cabeza.
“Pff… cosas que fácilmente pudiste sacar de face”,
resopla ella no muy convencida.
“Ok… se te facilita y te gusta manipular a los otros
chicos, especialmente a los niños listos dado que te hacen la tarea a grapa y
no metes un dedo en las prácticas de laboratorio y aun así sales con 10.”
“Realmente me conoces… o lees mentes o eres un
súper-acosador… tal vez ambas”, comenta sorprendida, esbozando una pequeña
sonrisa. “¿Realmente nos hemos conocido antes?”
“Tal vez. La verdad es un tanto más complicada”, ella
vuelve a cruzar sus brazos por lo que digo, así que vuelvo a intentar recuperar
su confianza. “Mi nombre es Taiyou Kagami, tú eres Sakurano Bura. Créeme o no,
fuimos novios en una vida pasada.”
“Ok… ¿cuál me decías era la razón para no llamar a la
policía?”
“Es broma, es broma, mujer.”
“Ajá… ¿puedo saber por qué me abrazaste?”, pregunta
interesada, aún sin pillarse de mí, pero que ya no intentara golpearme y llamar
a la policía era una victoria mía. “Espera… creo que ya te recuerdo… ¿no eres
el primo de Ruka?”
“¿Eh?... sí, exactamente ese”, digo ahora yo confundido.
“Con razón… y tú asustándome de porque conocías mucho de
mí… entonces fue ella quién te dijo todo, lo que en realidad me alivia como me deja
interesada por saber por qué te lo dijo… ¿no me digas que te gusto?”
“Ya quisieras, mujer, no cometo el mismo error dos
veces…”
“¿Perdona?”
“Nada, pensé en voz alta”, respondí muy divertido por
dentro en lo que ella me golpeaba suavemente el hombro. Hace tanto que no
hablaba de esa manera con Bura, aún después de cortar nuestra relación,
intentamos por un tiempo en ser de vuelta los mejores amigos… sin embargo,
nuestro lazo nunca volvió a ser el mismo; ya no puedo bromear mucho de esta
forma con ella, lo cual me deja un tanto melancólico.
“Y dime, ¿qué haces fuera, sin las cadenas de tu dueña?”
“Ja ja… me matas por esa broma”, le contesté molesto en
juego por su mala broma. “Para ser sincero, me fugué de casa… así que te
agradecería que si te encuentras con ella, no delates que me viste pasar por
aquí.”
“De una forma u otra, te va a encontrar, Ruka te va a
encontrar si se preocupa por ti… que oye, fue a buscarme a mitad de la
madrugada cuando mi antigua casa se incendió solamente para ver cómo me
encontraba aunque las noticias dijeran que estuviera bien”, me comenta ella,
esbozando una gran sonrisa al recordar esas memorias que muy vagamente puedo
recordar. Estoy seguro que esos recuerdos no son de mi realidad original, son iguales
a como pasó con Shidou… no son de mi realidad, pero al parecer sí son míos en
este mundo.
“Por cierto… ¿te puedo preguntar algo personal de ella?”,
se acerca Bura lo más cerca que puede a mi oído. “ ¿Tú sabes algo sobre un
hombre que se ha estado viendo mucho con tu prima?”
“¿Qué?”, cuestiono sorprendido.
“Últimamente he escuchado rumores de que ella se ve cada
cierto tiempo con un hombre guapo y claramente mayor… uno que dicen,
extrañamente tiene el cabello azul… aunque a lo mejor exageraban y eras tú con
peluca.”
“Puede ser nuestro primo Yudai je je… estoy seguro de que
perdió una apuesta con ella y le obligó a ponerse esa peluca.”
“¿Verdad? Yo sabía perfectamente que mi Ruka no era de
las que les gustaban mayorcitos”, comenta muy aliviada, aceptando mi respuesta.
Observa rápidamente su celular y me da una pequeña sonrisa avergonzada en
cuanto baja el móvil. “Perdona Taiyou… se me hace tarde para la cena, fue un
placer platicar contigo, espero y podamos hacerlo más en el futuro.”
“Igualmente, eso espero Bura”
Despidiéndose de mí, esa animada chica se aleja de mi
posición dejándome ver por unos segundos más su espalda con la punta de sus
cabellos danzando de izquierda a derecha por los movimientos de su cuerpo.
“Qué curioso encuentro”, es lo que puedo decir con un
sabor agridulce atorado en mi boca al verla marchándose una vez más, lejos de
mí.
Nuevas preguntas me han surgido en estas horas:
¿Por qué he retrocedido en el tiempo?
¿Qué hace Bura en esta ciudad?
¿Quién es el hombre de cabello azul al que Ruka
regularmente ve? Del cual estoy seguro, no es ninguno de mis conocidos de esta
o mi realidad original.
Las respuestas podrían venir rápido, en cuanto me doy
cuenta que desde la otra calle hay una persona que me ha estado observando
desde hace unos minutos, esperando a que me desocupara de con Bura.
“Quiero una explicación”, me dice un extraño pero bien
parecido hombre de cabello corto de un peculiar color azul en cuanto cruza la
calle para verme cara a cara. Sin duda, se trata de aquél quién Bura mencionó…
pero dejando a un lado su peculiar cabello, eran los ojos rojos que tenía lo
que más me llamaban la atención.
Diría que sólo son su cabello y los ojos los que parecen
inhumanos, pero su mera presencia me hace dudar si confrontarlo es realmente
una buena idea. Sé que no debo dudar dada mi situación, pero muy por dentro no
quiero escuchar lo que me tiene que decir…
¿De dónde nace este temor y por qué esos ojos color
sangre me hacen pensar sólo en la muerte?
Mario aquí!
ResponderEliminarLeída la segunda parte, como andaba hoapitalizado desde el día en que lo leí, hasta recién pude pasarme a comentar x.x
Tan aterrador es cambiar papeles así que parece una historia de terror por momentos, genera intriga lo que ha ocurrido y lo que implica que se inviertan los sucesos.
Se le ve confundido a Taiyou (o cambió su nombre?) Como si por momentos sus recuerdos de una vida y de otra se cruzaran y ya no pudiera diferenciar, esto debe de causar gran ansiedad, o al menos así me pasa a mí de solo imaginarlo
Espero ver la siguiente parte, quiero ver que ocurre y como se explica y deaenlaza esta situación tan fresca y genial. Saludos!
Hola mario!! que bien saber que ya andas mejor, y que te diste el tiempo para pasarte por aquí, muchas gracias de veras.
EliminarEn su mundo original sí es Taiyou, en este segundo es llamado "Risoutekina", el misterio de las identidades se irá resolviendo más adelante o en su caso las explicaré al final jajaja estos dos nombres efectivamente se repiten en cualquiera de las dos versiones de MPDOO, pero todos son diferentes los unos de los otros (nota personal, hacer un diagrama explicativo jajaja).
Sobre las memorias entralazadas por ahí vas, ese punto se toca en la parte 3 que ya debería estar arriba en cuanto leas esto jajaja
Saludos!!