Caminando otra vez en la gran ciudad, no tardaron mucho en ubicar la Mansión Aoyama dentro del distrito reconocido por vivir personas extremadamente ricas.
Una gran mansión blanca era la que sobresalía de las demás, con un gran jardín y un barandal de color dorado con la insignia familiar de la familia de esa chica.
Presionando un botón en la entrada, la bocina que estaba arriba de esta, se prendió y recibieron la respuesta de una persona.
“Ustedes deben de ser los detectives… favor de pasar en un momento, les abriré las rejas…”
Acabando sus palabras, las rejas doradas se abrieron para dejarlos pasar a la mansión. Sin pensarlo, Keima y Elsie se adentraron a ese lugar.
Después de unos pocos minutos caminando, llegaron a lo que ahora era la casa, y Elsie tocando otro timbre en la puerta principal, un viejo mayordomo con poco pelo los recibió con amabilidad, que él único que no correspondió fue Keima.
“Por aquí está el cuarto de la señorita Mio… pasen”, los dirigía el amable mayordomo.
Caminando por una gran sala y varios pasillos extensos, llegaron al gran cuarto de la señorita. Extrañamente, en ese lugar solo había muebles de madera y una gran cama blanca… no se veía, algún objeto personal de ella o algún adorno que haya colocado… podría ser comparado, a un cuarto lujoso de hotel.
Pidiendo que se apartara el mayordomo del lugar, Keima comenzó a observar cada rincón de ese enorme cuarto.
“¿Por qué venimos aquí, Kami-nii-sama?... aquí no sucedió el secuestro… a menos que… oh… ¡¡tal vez fue el mayordomo quién lo hizo!!”
“¡¡No, tonta!!”, le gritó molesto Keima, “Vinimos aquí por una pista importante… y la estamos viendo… si estoy bien, debajo de la almohada…”
Acercándose a la cama y levantando la almohada, se encontró con una pequeña y arrugada bola de papel debajo de ella. Abriéndola con cuidado, leyó el contenido y se lo mostró a Elsie.
“¡¡¿Eh?!!... ¿una carta de secuestro?”, gritaba Elsie sorprendida.
“Esta es solo parte de la pista…”
Ahora caminando hacia la ventana, Keima pidió la asistencia de Elsie para que con su Hagoromo le alcanzara a cortar algunos arbustos que estorbaban en la dirección que apuntaba él… dejando así, poder ver la otra parte de la pista que buscaba Keima.
“¿Ves esas marcas en el césped?... significa que alguien logró entrar aquí y espiar a Mio…”, explicaba Keima sin dejar de observar unas apenas notables huellas de zapatos en el pasto… lo que hacía afirmativo esa teoría… era el lodo salido como al presionar con tu pie un campo de futbol natural.
“Oh… eres muy observador, Kami-nii-sama… entonces esta carta pertenece…”, decía Elsie mientras revisaba de nuevo la hoja.
“Esa carta era de Mio… como sospechaba… ese grupo tuvo mucho que ver con la desaparición de ella…”
“Ya estoy confundida…”, dijo Elsie mientras jalaba de un brazo a Keima.
“Dime… ¿Qué harías si la mayoría del tiempo… en que quieres pasar el tiempo con tu familia… eres ignorada y abandonada en lugares donde muchas personas tienen lo que tú más buscas?...”, pregunto Keima viéndola a los ojos.
“Bueno… estaría triste… enojada… e intentaría… ah…”
“Sí… llamar la atención a cualquier precio…”, agregó Keima, “Es por eso que Mio intentaba autosecuestrarse para llamar la atención de su padre… con las clases de Teatro que tomaba y el tiempo en que estaba sola… era lo suficiente como para lograrlo… pero al parecer, si arrugo la hoja… significa que ya no quería intentarlo… ahí es cuando los mirones aprovecharon esa oportunidad para atacar… el plan de Mio, se convirtió en el de ellos…”
“¿Y sabe donde se encuentran ellos?”, pregunto Elsie.
“Lo sé…”, dijo Keima de forma seria, “Pero dejémoslo así por hoy…”
Elsie se sorprendió mucho y le pregunto por la razón de abandonar por ese día el caso. Keima solo la ignoró y avanzo de nuevo hacia la entrada de la mansión.
En el departamento, Elsie observaba muy confundida al chico que se la pasaba sonriendo de vez en cuando mientras leí varios libros en su escritorio. Por más días que pasara lo mismo respecto a él, Elsie todavía no lograba acostumbrarse a su forma de vivir… cada vez le parecía… más extraño e inhumano el aprecio de la novelas de Keima.
“kami-nii-sama… lo preguntare una vez más… ¿por qué dejo el caso de Mio?... ¿acaso es por leer sus novelas?”, pregunto Elsie un poco preocupada.
“No lo hice por eso… en realidad lo hubiera hecho si el caso hubiera sido con el plan de Mio… pero por hoy, no podemos hacer algo… necesitamos que ellos comiencen a moverse para poder encontrarlos…”, dijo Keima sin dejar de leer.
“¿Quién es ese grupo del que hablas?”, pregunto Elsie.
“Lo sabrás con el tiempo… pensé que habían sido extinguidos con su ayuda… pero creo que hasta en la realidad… pueden volver a la vida como fénix…”, le respondió Keima con su misma forma seria.
“Ahora que recuerdo… no… mejor se lo digo mañana en la mañana… no quiero molestarlo, Kami-nii-sama… que descanse…”, le dijo Elsie con una sonrisa sincera mientras salía de aquél departamento de detectives para irse a su casa.
El próximo día en la mañana, Keima y Elsie se dirigieron hacia el subterráneo para tomar un tren. Como siempre, Keima no le explicó el porqué de ello ni siquiera el destino al que irían… pero aun así, ella confiaba en que ese lugar donde quiera que estuviese, ayudara con el caso.
Sin dirigirse la palabra mientras viajaban en el tren, a Elsie le llamó la atención, dos sujetos con trajes y lentes negros viajando en el mismo vagón… primero pensó que se trataban de algunos actores que se dirigían para una película o algunos empresarios malhumorados… pero al ver que en cierto tiempo volteaban a verlos, comenzó a ponerse nerviosa.
Por más que intentaba hacer que Keima observara a aquellos tipos sospechosos, este solo se movía para que lo dejara de molestar.
Bajando del tren en una estación rodeada de campo, Keima y Elsie bajaron… pero siendo seguidos por esos dos tipos.
Alejándose de la vista de otras personas, Keima avanzó hacia un edificio en ruinas y entró en este… acto seguidos, esos dos sospechosos también lo hicieron.
“Cayeron en la trampa…”, diciendo eso, Keima sacó de uno de sus bolsillos dos pistolas para apuntarles a los tipos que levantaron sus manos al ser descubiertos. “Elsie… recógeles las armas…”
Haciendo caso, Elsie se acercó a ellos con cuidado y les quitó las armas que cargaban en los bolsillos del pantalón y los desarmó con el hagoromo.
“Los estaba esperando… son tan predecibles para el Dios de la Pista… trataron de hacernos el mismo truco que hace tiempo…”, decía Keima con una pequeña sonrisa de superioridad en su rostro. “Elsie captúralos...”
“¿Quiénes son, Kami-nii-sama?”, preguntaba Elsie mientras los enrollaba con la gran tela rosa que los rodeaba.
“Estos tipos son parte del grupo que te mencione antes…” decía Keima mientras disparaba su pistola y de esta le salía agua. Arrojándola al suelo, se acercó a esos tipos y saco una radio en la camisa de uno de ellos. “Esto nos ayudará a encontrar a Mio…”
“Muy bien, ¿los interrogamos?”, decía Elsie señalando a los sujetos.
“No… ellos no nos hacen falta… puedes dejarlos aquí… pero…”, mencionaba Keima mientras se quedaba pensando un momento, “Chica rica… Soledad… Secuestro… Vintage… Ya puedo ver el final…”
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