“Elsie… no te quedes atrás, sino el hechizo que nos pusiste no nos servirá”
“Perdona, Kami-nii-sama… es que me da nervios que ellos nos descubran…”
“Primero… si tu ilusión está bien hecha, no hay de qué preocuparse… segundo… deja de hablar o nos descubrirán… ahora guardemos silencio…”
Adentrándose en una gran fábrica de juguetes con un gran dibujo de un gato, Elsie y Keima eran rodeados por el Hagoromo como una bolsa, eso les permitió que en el exterior las otras personas los vieran de una manera… algo diferente.
“Oye… esa persona… se ve algo rara, ¿no crees?…”, decía uno de los guardias del lugar al verlos.
“Ha de ser un disfraz… es mejor no burlarse… puede tratarse de uno de los altos y nos vendría muy mal eso…”, decía el otro compañero del guardia.
Sin que ellos lo supieran, se veían como si estuvieran vestidos de algún personaje de caricatura, muy redondo. Pero era suficiente, para convencer a los guardias y trabajadores de aquél lugar.
“Me sigo preguntando como ésta fabricada puede ser el escondite de ese grupo Vin…Laden o algo así…”, decía Elsie en voz baja mientras observaba el interior de la fabrica.
“Esto es una buena prueba de que puede ser el escondite… un 85% seguro que aquí se esconde Vintage y Mio… aparte… hay muchos guardias y acaban de mencionar a los ``altos´´…”, explicaba Keima mientras cuidaba sus pasos para no caer.
Avanzando hasta otra puerta, entraron a lo que era el departamento de producción. Como una fábrica normal, muchos trabajadores cumplían con su labor en el armado, el pintando y decorando los juguetes.
Ignorando aquello avanzaron un poco, sin poder evitar las miradas curiosas de los trabajadores, y entraron dentro de un elevador extraño.
“Un elevador… cuando no se tiene segundo piso?...”, se preguntaba confundida Elsie, “ Es muy sospechoso… adonde nos ha de llevar… es hacia abajo…”
Keima se guardó los comentarios y solo presionó un botón que tenía una flecha apuntando hacia abajo.
Tardaron casi 30 segundos en bajar hasta el límite, salieron del elevador y observaron en ese piso, algo muy distinto a lo de arriba.
Muchas puertas iguales se observaban, pero no había un solo trabajador o guarida por ese extenso pasillo verde pistache.
Quitándo el Hagoromo en ambos… dieron un paso para salir del elevador y escoger la puerta en la que entrarían.
“12,13,14…¡¡15 puertas, Kami-nii-sama!!”, gritaaba Elsie mientras acababa de contar las puertas en ese pasillo.
“¿15?... esperaba un reto mayor…”, decía Keima sin expresar sorpresa.
“¿Pero como sabrás cuál escoger?”, pregunto Elsie interesada en saberlo.
“Hmph… con una técnica pasada de generación en generación…”
“¿De tu familia?”
“No… de las novelas…”
Acercándose a la primera de las puertas, se tronó las manos y se puso en acción. Abriendo cada una de las puertas, Keima observaba dentro si había algo sospechoso, si no lo había, solo la cerraba y se iba con la próxima.
En su séptimo intento, se paró de repente y entró en ella. Elsie detrás, corrió hacia él y lo observo parado en medio de un gran cuarto vacío.
“¿Qué hay de interesante en este cuarto vacío?”, dijo Elsie buscando algo que sobresaliera de ese blanco cuarto.
“Esto es lo interesante… en los otros seis cuartos habían muchas cajas y documentos… ésta está completamente vacía… aparentemente…”, dijo Keima con una sonrisa mientras se acercaba a una pared y rasguñaba en ella.
Poco a poco, el tapiz blanco se fue quitando, Elsie ayudándolo… quitaron todo el papel tapiz que había en ese cuarto y se encontraron con que en una de las paredes, había una puerta.
“¡¡Ya entiendo!!... ellos usaban el tapiz para esconder el cuarto donde tal vez este Mio-san…”, decía emocionada Elsie por descubrir lo obvio.
“Sí… ¿pero para que poner tapiz cada vez que la quisieran ver?... están esperando que lleguemos a rescatarla…”, mencionaba Keima de nuevo serio a la vez que abría la puerta.
Como dijo Elsie… inconsciente en una silla a la cual estaba amarrada, una chica de pelo rubio con coletas y una prominente frente se encontraba en ese lugar.
Vestía las ropas de la academia que con anterioridad habían visitado, un poco manchadas y llena de polvo.
Acercándose Elsie para liberarla, Keima se acerco a su rostro y se lo toco en busca de respuesta.
“Está bien… no parece lastimada…”
“Pero mira que sorpresa nos encontramos… tener al “Dios de la pista” en mi base secreta…”
Del techo de ese cuarto, se empezó a abrir dejando salir una gran pantalla encendida con la silueta de una persona. De ahí venían las palabras dirigidas hacia Keima, pero estas estaban distorsionadas para ocultar su identidad.
“Estoy seguro que no te molestara el que no dé a conocer mi identidad… después de todo… te gusta mucho encontrarla por ti mismo; ¿no?”, decía aquella persona con un tono arrogante.
“Vintage… hace tiempo que no los veía e acción… ¿Por qué tan precipitado este secuestro solo para llamar mi atención?...”, preguntaba Keima mientras observaba a la pantalla.
“Jajajaja… sabía que desde un principio llegarías a esa conclusión…”, decía esa persona entre carcajadas, “Como dijiste… solo quería llamar tu atención… solo eso… sabes que me gusta jugar con mis presas antes de poderlas acabar…”
Chasqueando sus dedos aquel tipo, se comenzó a escuchar en el cuarto el ruido de unas maquinas trabajando, Elsie fue la primera en darse cuenta, que las paredes se comenzaban a cerrar lentamente y el techo a bajar pero la pantalla no.
“Jajajaja… disfruten mi regalo”, decía en tono victorioso el sujeto.
“Te emocionaste mucho con la victoria que te olvidaste de dos cosas…”, mencionaba Keima sin nervios mientras cargaba en su espalda el cuerpo de Mio y tranquilizaba a una Elsie que corría desesperada. “Uno… la puerta sigue abierta… dos Elsie puede romper fácilmente las paredes… se te subió la victoria a la cabeza y no pudiste ver esos dos detalles…”
“¡¡¿Pero que?!!...”, gritaba furioso el tipo que se daba cuenta de lo que decía Keima era verdad.
Sin esperarlo a que dijera otra cosa, Keima ordenó a Elsie que le siguiera hasta para salir del lugar, salieron por el pasillo y tomaron de nuevo el elevador.
“Elsie… coloca la ilusión de nuevo”, ordenaba Keima.
“Pe-perdone, Kami-nii-sama… pero no puedo con más de dos personas…¡¡por favor discúlpeme!!”, decía Elsie con miedo.
“Bueno… a mi señal… quiero que…”
Llegando a la planta, por afuera muchos de los guardias del lugar los esperaban con armas en la mano. Al abrirse la puerta del ascensor, los guardias observaron sorprendidos que no había una sola persona en ese lugar… solo una pequeña botella con algo dentro.
Uno de los guardias se acercó a observar la botella, pero un tela rosa salió del techo y lo golpeo hasta dejarlo noqueado. Los demás guaridas se pusieron en alerta y avanzaron apuntando, pero de nuevo la tela salió, tomó el frasco y lo arrojó con fuerza hacia una ventana.
Comenzaron a disparar los temerosos guardias contra el ascensor sin siquiera pensarlo, hasta que después de unos segundos, uno de ellos pidió el alto al fuego y se acerco a observar lo que había en el techo.
“¡¡Se escapó por el techo!!”, gritó el guardia sorprendido al mirar un enorme agujero en el techo del elevador y más arriba.
“¡¡Woaah!!...”, gritaba Elsie muy asustada mientras volaba por el lugar con el frasco en sus manos. Dentro de ese frasco, estaban un pequeño Keima a lado de otra pequeña Mio.
Regresando a su departamento, Keima se relajaba de nuevo leyendo una de sus novelas mientras Elsie cuidaba a la señorita Mio que seguía dormida.
“¿A qué hora vendrá su padre por ella?”, pregunto Elsie.
“No ha de tardar…”, contesto en seco Keima.
“Umm… ¿do-donde estoy?...”
Levantándose del sillón, la señorita Mio se estiró un poco y comenzó a observar con detalle el lugar en donde estaba.
“Buenos días, Mio-san”, le saludaba Elsie con una sonrisa.
“¡¡¡¿Quiénes son ustedes?!!!”, les gritaba la chica asustada a Elsie y a Keima.
“Guarda un poco de silencio… estas a salvo…”, le decía Keima mientras la observaba a los ojos.
“¿Ustedes lo…?... ¡¡pu-pues bien que lo hicieron!!... comenzaba a pensar que no lo harían… pero ¿Por qué tu-tuvieron que mandar a unos plebeyos a rescatarme?...aun así… gracias…”, decía Mio evitando las miradas de ellos dos y cruzando los brazos.
Elsie no pudo contener una sonrisa y Keima solo ignoró lo que pasaba y se puso a leer de nuevo.
Pasando unos pocos minutos, el señor Aoyama llegó al departamento, y con lágrimas en sus ojos, abrazó a su hija por varios segundos.
“Muchas gracias, Keima-kun… te debo una grande…”, le agradecía el señor Aoyama ya estando en la calle con la limosina esperándoles.
“No se preocupe… solo siga escribiendo historias… estaré ansioso por leerlas”, decía Keima dando una sonrisa pequeña a aquél señor.
Mio muy sorprendida por lo que veía, no se creía que la expresión del serio y frío detective Keima cambiara por una que mostraba sinceridad y amabilidad, solo Elsie, era la que sonreía en alto por ver la situación.
Despidiéndose padre e hija, se subieron a su limosina y se fueron del lugar, dejando solos de nuevo a Keima y Elsie.
“Kami-nii-sama… ¿no crees que Vintage volverá por ella?...”, preguntaba curiosa Elsie.
“Sí en algo es limpio Vintage… es que no repiten a sus víctimas… aunque en mi caso… bueno, no es de mucha importancia… mejor ponte a limpiar el departamento”, decía Keima mientras se dirigía de nuevo hacia dentro.
“¡¡Muy bien!!”, gritaba decidida Elsie.
“Fallaste en otra, ¿verdad?...”
“Perdone… fue mi culpa por festejar anticipadamente… solo deme otra oportunidad y le matare jeje…”
“Muy bien… espero ver resultados pronto…”
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